Alfonso Pombo, el misionero asturiano en la Amazonía peruana: "Aquí todo es extremo y lo único importante es tener un plato de comida hoy. Nada más. No hay mañana"
"El tiempo y el espacio es lo primero a lo que tienes que acostumbrarte", relata el mierense ante la nueva etapa en la misión a orillas del río Napo, donde acompaña a 27 comunidades locales asediadas por la destrucción ambiental, el narcotráfico, el alcoholismo o la violencia de género
"El nivel educativo es muy bajo y a los chavales se les hace muy duro el futuro", relata sobre esta etapa en un lugar fronterizo entre Ecuador, Colombia y Brasil
C. Jiménez
El misionero seglar mierense Alfonso Pombo lleva ya algo más de cuatro meses en la selva ecuatoriana, a orillas del río Napo, en una zona en la que, dice, su misión fundamental es "acompañar" a las comunidades que residen allí, aislados del resto del mundo, pero con múltiples problemáticas: desde la destrucción ambiental a cuenta de los efectos de una minería intensiva o la extracción ilegal de madera, a la presencia de grupos armados vinculados al narcotráfico, sin olvidar el alcoholismo, la violencia de género o los embarazos adolescentes en alza. "Llevaban 14 años sin presencia de misioneros aquí, estaban funcionando con los animadores o agentes de pastoral", explica Pombo sobre la presencia bastante precaria, hasta su llegada, de la iglesia católica y que "ellos mismos reclamaban. Fue una alegría cuando llegamos", cuenta sobre el momento en que se instalaron él y otros tres seglares más desplazados desde España. "Es un lugar exigente, por el clima y el aislamiento", continúa en sus explicaciones sobre esta segunda etapa en la Amazonía peruana. Pombo estuvo allí el año pasado para "observar y darnos a conocer", precisa.
El vicariato donde está ahora, al noreste de Perú, es un lugar fronterizo entre Ecuador, Colombia y Brasil. Tiene la extensión de una cuarta parte de España, pero solo son 150.000 habitantes, es una zona muy despoblada porque es una área de pura selva amazónica. Cuando salen a comprar productos básicos a la zona de Iquitos es necesario salir en barca, con los inconvenientes que ello supone. "Y pueden tardar dos días en traerte la compra", a modo de comparativa con la inmediatez en la que se vive a este otro lado del mundo. "El tiempo y el espacio es lo primero a lo que tienes que acostumbrarte", apunta al otro lado del teléfono mientras relata a LA NUEVA ESPAÑA que la noche anterior hubo lluvias torrenciales. "Aquí todo es extremo, también el calor", abunda en sus explicaciones
La zona se distribuye en puestos de misión, que son 16, porque allí no hay carreteras, y la comunicación es solo por vía fluvial o por avión. El suyo es el puesto de Tacsha Curaray, en la ribera del río Napo, que abarca 27 comunidades, que son pueblos a lo largo de la ribera. Allí le acompaña estos días el delegado de misiones de la diócesis de Asturias, Pedro Tardón. Pombo reflexiona sobre su preparación para permanecer en esta misión, donde todavía le queda un año más: "El componente fundamental para estar aquí es la fe. Mientras sientas esa presencia de Jesús tienes mucho ganado", relata al tiempo que explica su misión actual: "Somos testigos de una iglesia que quiere acercarse a la gente, mostrarle el rostro humano de Jesús y que sean felices". A su llegada, la primera cuestión que le chocó es la concepción del núcleo familiar. "Aquí la familia no ejerce como colchón social", aclara Pombo quien, no obstante, reconoce que ellos no intervienen en ello, sino que les acompañan en su día a día. "Lo importante cada día es tener un plato de comida, nada más, el papel de una madre o un padre protector no se ve aquí", explicita sobre cómo afrontar el porvenir en las comunidades de la Amazonía peruana, .
La presencia de los misioneros seglares españoles, lejos de lo que pudiera parecer, se siente bien. Ellos se muestran "cercanos y accesibles" con sus nuevos convecinos y, a cambio, ellos les responden brindándoles comida y bebida local. "Se sienten apoyados con nuestra presencia", resume Alfonso Pombo, quien anteriormente participó en otra misión en Honduras. En la parte que le toca a él dice no tiene más dificultad que "adaptarte a otra forma de vivir". Y vaya si cambia. Los jóvenes que pueden terminar la Secundaria se van a otras zonas del país en busca de trabajo, y quizá nunca regresen, pero hay otros que ni siquiera pueden plantearse eso por falta de recursos. "El nivel educativo es muy bajo y a los chavales se les hace muy duro el futuro", comenta sobre la realidad de la zona, donde hay quienes no llegan a salir de allí en toda su vida. Por ello, Pombo reconoce que existe un desafío muy fuerte en nuestros días en el ámbito de fe en Occidente. "Vivimos en un individualismo exacerbado", relata sobre la inconsciencia acerca de esas otras realidades. Lo que le lleva a concluir: "Todo el mundo es hoy tierra de misión".
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