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Jaime Estrada Ruiz, secretario del TSJA a punto de jubilarse: "La Justicia se politiza porque vive inmersa en la sociedad, la obligación es ajustar todo eso a la técnica del Derecho"

El Letrado de la Administración de Justicia vaticina que cada vez “habrá menos juristas y más prácticos del Derecho”, porque los estudiantes tienen menor capacidad de "generar conceptos"

Jaime Estrada Ruiz, en el salón de Plenos del TSJA.

Jaime Estrada Ruiz, en el salón de Plenos del TSJA. / Fernando Rodríguez

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Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

Oviedo

Bajo el aspecto grave que le confiere la toga se esconde un gran conversador con inclinación a la filosofía pura, que llegó al Derecho por tradición familiar. Pertenece a esa generación que quiso cambiarlo todo y deshoja ahora la margarita de lo que pudo haber sido y no fue. El Letrado de la Administración de Justicia (aunque él prefiere la anterior denominación de secretario) Jaime Estrada Ruiz llega a la jubilación tras casi 48 años de carrera, al cumplir los 72. Estrada, que fue profesor de Procesal en la Universidad de Oviedo y docente en la Escuela de Práctica Jurídica, abomina de la enseñanza que reciben los estudiantes de Derecho, que “les resta capacidad para generar conceptos”, y barrunta que cada vez “habrá menos juristas y más prácticos del Derecho”. Contrario a las transferencias a las comunidades, “porque generan una Justicia de varias velocidades”, cree que “la Justicia se politiza porque está inmersa en la sociedad: los jueces, fiscales y letrados viven en sociedad, leen periódicos, ven televisión y tienen ideas previas, pero la obligación es ajustar todo eso a la técnica del Derecho”, considera.

-¿Cuándo se jubila oficialmente?

- Me voy el 17 de agosto, por jubilación forzosa, porque cumplo 72 años.

-¿Cuántos años de trabajo deja atrás?

- Cuarenta y siete años, ocho meses y cinco días. Cuando recibí los papeles y vi la cifra pensé: “Bueno, ya pasaron 47 años, casi 48”.

-¿Siempre ejerció como secretario judicial?

- Mi profesión ha sido esa, aunque también la compaginé durante mucho tiempo con la Universidad y con la Escuela de Práctica Jurídica. Cuando ingresé, en 1980-1981, el cuerpo tenía una estructura distinta. Era una rama superior dentro de un cuerpo que servía también para jueces, fiscales y secretarios. Yo ingresé como secretario de la Administración de Justicia.

-¿Estudió Derecho en Oviedo?

- Sí, soy de Oviedo y estudié la carrera aquí.

-¿Qué profesores recuerda especialmente?

-Recuerdo a profesores clásicos: Gerardo Turiel, Ignacio de la Concha y Ballesteros, Macías… Fueron nombres importantes de aquella Facultad que en los años setenta estaba en efervescencia.

-¿Por qué decidió ser secretario judicial?

- Yo no creo mucho en la vocación; creo más en las circunstancias. Mi padre fue secretario de la Administración de Justicia. Fue secretario del Tribunal Supremo y de la Audiencia Territorial durante 25 años. De hecho, en la Audiencia acabé sucediendo a mi padre cuando lo promovieron al Consejo General. Pero también me gustaba mucho el Derecho Procesal. La oposición de secretario de la Administración de Justicia tenía más temas de Procesal que de Derecho sustantivo, que me atraía menos. Después fui profesor asociado de Derecho Procesal en la Facultad.

-¿Cómo explicaría a un ciudadano cuál es la importancia de un secretario judicial?

- Es difícil explicarlo de forma sencilla. Yo suelo compararlo con la relación entre un cirujano y un anestesista: no puede vivir uno sin el otro. En nuestro sistema, a diferencia del anglosajón, la fe pública judicial está separada de la figura del juez o magistrado. La ejerce otra persona. El secretario —hoy letrado de la Administración de Justicia— vela por que el proceso cumpla los requisitos legales y por que no se produzcan nulidades. Además, organiza el trámite diario y reparte funciones entre los funcionarios. Con la nueva oficina judicial, en algunos casos también dirige la tramitación y coordina el trabajo de otros letrados.

-¿La última reforma ha dado más funciones a los letrados de la Administración de Justicia?

- No exactamente. Las funciones se ganaron sobre todo con la reforma de 2003, la llamada Nueva Oficina Judicial. La reforma actual perfila aquel modelo y trata de llevarlo a su esencia.

-¿Funcionará esta reorganización?

- Dependerá de los medios. Todo cambio en Justicia es complejo. La Justicia es como un elefante: se mueve lentamente y siempre encuentra reticencias. Yo fui el primer secretario coordinador de Asturias y viví de cerca reformas anteriores. El problema es que muchas veces no se explican bien ni se dotan suficientemente. La idea de una oficina común tiene sentido. Antes, cada vez que se creaba una plaza de juez, había que crear también una plaza de letrado y varias de funcionarios. Con una organización común, se puede crear la plaza de juez y después ver qué medios son realmente necesarios.

-Usted prefiere que le llamen secretario.

-Los nombres me resultan bastante indiferentes. Yo ingresé como secretario de la Administración de Justicia y así sigo sintiéndome. Luego se cambió la denominación a letrado de la Administración de Justicia porque se consideró más acorde con las funciones técnicas. Pero mi nombramiento decía: secretario de la Administración de Justicia, destinado en el Juzgado de Instrucción número 2 de Pamplona.

-¿Cuándo llegó a Asturias?

-Estuve cuatro meses en Pamplona. Llegué a Asturias en octubre de 1981 y a la Audiencia en noviembre de 1983. Entré en la carrera con 25 años y llegué a la Audiencia con 28. He visto pasar mucho tiempo: la Audiencia Territorial, su desaparición, la conversión en Audiencia Provincial… He visto todos los cambios.

-También ha visto pasar a muchos presidentes del Tribunal Superior de Justicia.

-Sí. Las relaciones cambiaron mucho con el tiempo. Cuando llegué, muchos presidentes eran amigos de mi padre o personas mayores que me conocían desde niño. Con algunos la relación no podía ser únicamente técnica; era casi paternofilial. Con los de mi generación o más próximos a mi edad, la relación fue más personal. Nacho Vidau, por ejemplo, es amigo. Con Jesús, el actual presidente, también tengo una relación cercana.

-Fue profesor universitario.

-Sí. Fui profesor ayudante y después profesor asociado de Derecho Procesal. También di clase en la Escuela de Práctica Jurídica y en el máster que la sustituyó, hasta el año 2020, cuando llegó la pandemia.

-¿Cómo ha visto evolucionar a los estudiantes de Derecho?

- Creo que existe un problema serio de culturización en la sociedad. En Derecho lo noté mucho. El estudio a través del ordenador, el recurso inmediato a la jurisprudencia y el abandono de la teoría que está en los grandes libros han restado capacidad para generar conceptos. A veces hacía una prueba sencilla: pedía definir qué es el proceso. Sabían más o menos de qué se trataba, pero no tenían vocabulario para conceptualizarlo. Creo que Bolonia ha sido un desastre para el Derecho. El estudio jurídico debe ser un continuo, no cuatro años de carrera y luego otra cosa añadida.

-¿Hacia dónde cree que va la formación jurídica?

-Creo que se acerca cada vez más al modelo que vemos en las películas americanas: buscar precedentes, localizar una posible nulidad, comprobar qué dijo el Supremo en una materia… Pero con menos elaboración jurídica. Mi impresión es que habrá menos juristas y más prácticos del Derecho. Quizá me equivoque, porque pertenezco a otra generación, pero yo sigo creyendo que la teoría importa.

-¿Cómo ve la Justicia en este momento?

-La Justicia no es un ente aislado que viva por encima de la sociedad. Sufre los mismos avatares que la enseñanza, la sanidad o cualquier otro servicio público. Yo nunca fui partidario de las transferencias en materia de Justicia, porque generan una Justicia de varias velocidades. Cada comunidad decide implantar unas cosas u otras, y eso crea diferencias.

-¿Y qué piensa de la crítica constante a los jueces y de la politización de la Justicia?

-La Justicia se politiza porque está inmersa en la sociedad. No es una superestructura separada de la vida diaria. Cuando una resolución toca las fibras del poder, cualquiera de los poderes afectados intenta llevarla al terreno de la discusión política. La independencia judicial significa que nadie puede decirte qué resolución tienes que dictar. Pero los jueces, fiscales y letrados viven en sociedad, leen periódicos, ven televisión y tienen ideas previas. La obligación es ajustar todo eso a la técnica del Derecho. Si la situación política está crispada, cualquier resolución relacionada con un asunto político también se interpretará desde esa crispación.

-¿Qué hará ahora?

-No me voy a mi casa a no hacer nada. Siempre tuve preparada, por decirlo de alguna manera, otra vida. No me voy a dedicar al campo, porque plantar tomates no me interesa. Tampoco voy a aprender inglés: siempre fui muy negado para los idiomas.

-Pertenece a la generación del francés.

- Sí, a la generación del francés, y también del latín. En mi casa se traducía muy bien. Mi madre, aunque era de una generación nacida en los años veinte y dejó los estudios al casarse, había hecho comunes de Filosofía y Letras y traducía muy bien.

-¿Tiene alguna asignatura pendiente?

-Sí, muchas. Me gustaría saber más de lo que realmente me interesaba cuando estudiaba. Yo quería hacer Filosofía pura, no Filosofía y Letras. Pero pensé que, no siendo Hegel ni Gustavo Bueno, acabaría dando clase en un instituto de algún pueblo tratando de explicar el imperativo categórico a alumnos a los que probablemente no les importaría nada. Así que seguí el mundo del Derecho, que era el de mi casa.

-Su padre también fue presidente del Oviedo.

-Sí, fue presidente del Oviedo. Y, curiosamente, no consiguió que a ninguno de sus hijos nos gustara el fútbol. Quizá porque el Oviedo estuvo tan presente en casa que vimos que no era productivo entregarle tanto tiempo al fútbol.

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