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Entrevista | Oriol Roch Gerente de la OSPA

Oriol Roch, gerente de la OSPA: "En un mundo de fast-food musical, escuchar una sinfonía de la orquesta de tu país es un acto revolucionario"

"Esta es la mejor orquesta con la que he estado, es el momento más feliz de mi vida profesional"

Oviedo Oriol Roch, el sábado, en el Auditorio Príncipe Felipe.

Oviedo Oriol Roch, el sábado, en el Auditorio Príncipe Felipe. / Irma Collín

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Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

Oriol Roch (Barcelona. 62 años) lleva diez meses como gerente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. La semana pasada presentó la programación de la nueva temporada y este sábado despidió la temporada con un concierto especial de la OSPA junto a Abraham Cupeiro.

Visión general. ¿Qué ofrece la OSPA para este nuevo 2026/27?

Es una temporada con la que hemos querido generar un entorno de emocionalidad e ilusión a través de la música, donde hay distintas estéticas pero donde todo es música excelente, con dos constantes. Una son las grandes obras, algunas de ellas no tantas veces interpretadas, como el ballet de “Daphnis et Chloé”, que para mí es lo mejor de Ravel, una gran paleta de colores sinfónicos que te llena como un tsunami; pero también obras sinfónicas fundamentales como las de Beethoven en el año en que se celebra el bicentenario de su muerte. Y la otra constante son los grandes solistas. Hemos querido hacer un poquito más y esta temporada hay 17 proyectos. Además hemos decidido adelantar los conciertos a las siete y media de la tarde, para que muchos asturianos que no viven en Oviedo, Gijón o Avilés, que es donde producimos habitualmente, tengan la posibilidad de volver a sus casas a una hora razonable. Es una media hora de oro para el transporte público y la conciliación de la vida profesional, familiar y el enriquecimiento cultural.

¿Cómo es eso del enriquecimiento cultural?

Hacemos este programa desde el convencimiento de que esto no es entretenimiento. Lo que hacemos es un componente de construcción de la persona a través de la música sinfónica por la aproximación del directo. El sonido de una orquesta sinfónica es algo que no ha sido superado. Las grandes obras de música y cine siguen utilizando el instrumento orquesta sinfónica como tal y este instrumento solo se puede percibir en el directo. Hay algo intangible que tiene que ver con el ágora que supone compartirlo con el resto de ciudadanos, con el hecho de que hay que estar en un auditorio con los metros cúbicos necesarios para que la música, que es algo que no existe, sea percibida.

Más allá de la temporada, ¿está satisfecho con su trabajo de estos meses?

La labor del gerente es trabajar en colaboración diaria con el director artístico y titular, que es Nuno Coelho, para la construcción artística del proyecto, de la temporada, pero es un trabajo muy de cocina, en pro de la estabilidad, de la mejora del colectivo. Desde febrero hemos cubierto quince plazas vacantes y alguna más habrá para la nueva temporada. Se están incorporando nuevas personas, nuevo talento, superprofesionales, gente joven, asturianos y del resto del mundo. Esto también es una mejora artística porque desde el puesto de gerente todas las gestiones que se hacen son en pro del arte. Hemos establecido con la Consejería sistemas de trabajo muy fluidos de cara a que la cadena de soporte principal que hay desde la Consejería permita llegar a toda la ciudadanía. La OSPA duerme en Oviedo, se produce en el Auditorio Príncipe Felipe, pero para nosotros es tan importante esa actividad como la de cualquier otro sitio. Por eso hemos incrementado mucho la tendencia a la paridad con Gijón y hemos incrementado la actividad en Avilés.

¿Y más allá?

La oferta cultural de las ciudades principales y de otras, como Langreo, Siero, es muy relevante con respecto a la ratio de población. Hay un campo por recorrer y la temporada que hemos concebido está pensada para seducir a todas esas personas que todavía no han escuchado el sonido sinfónico. Esas personas que se hacen preguntas absurdas como cómo tienen que vestirse. Si alguna cosa ha dejado de ser elitista es la programación de conciertos como los de la OSPA. En un mundo donde se está accediendo a consumos de cosas equivalentes al fast-food musical, sin mucho valor ni enriquecimiento, escuchar una sinfonía de la orquesta de tu país es un acto revolucionario.

¿Cómo convencería a una de esas personas que nunca se ha encontrado con el instrumento orquesta sinfónica?

Es curioso, porque hay mucha gente que entra por algo que reconoce. Hay alguien que dice: “pues, mira, una sinfonía de Beethoven, pues voy a ir con mis hijos”. Pero puede ser que haya alguien que diga: “voy a descubrir el concierto de clarinete de Saariaho”, donde el clarinetista, Carlos Ferreira, aparecerá por la sala tocando, un verdadero acontecimiento. O alguien que escucha una sinfonía de Brahms y luego lo conecta con algo de John Williams, o toda esa música que no sería esa música sin Brahms o Wagner. También pienso, por ejemplo, en que vamos a sacar una obra tan increíble como “Petrushka”, de Stravinsky, donde van a salir títeres al escenario y la gente va a ver aparecer un oso en el escenario. Luego están los intérpretes increíbles de casa, como el pianista Martín García García tocando a Falla, o “El amor brujo” cantado tal y como fue concebido, por una cantaora, por Esperanza Fernández. O el cierre con la Novena de Beethoven. Hay muchas cosas que, muchas veces, provocan este tipo de reencuentros. Pienso también en la relación con las masas corales de Asturias, y de manera muy especial con el Coro El León de Oro, o con el de la Fundación Princesa de Asturias. La conexión coro y orquesta genera un panorama de emociones del que la gente es consciente, y no suele dejar pasar un programa de este tipo.

Al revés. ¿Qué le recomendaría a un “connaisseur”, al melómano exigente?

Muchas veces esos expertos son los que me dicen que son abonados de la OSPA desde el primer día, y son nuestros principales prescriptores. Les gusta descubrir y encontrar nuevo repertorio. Son muy exigentes cuando les planteamos repertorio del XX o del XXI que no conocían. Y también les gusta revisitar repertorio habitual. En ese sentido, vamos a poder escuchar la segunda sinfonía de Brahms, que es como el cuerpo principal de la OSPA, la OSPA tiene en su sangre la música de Brahms, la podría tocar sin necesidad de ensayar, es un concepto que le fluye, son muchos años de interpretarlo desde la lectura de muchos maestros. Pero hacía tiempo que no hacíamos esta sinfonía y seguro que nuestro público agradece volver a escucharla. A mí me gusta hablar de vínculo con el público antes que aludir a la transacción comercial. Y por eso también hemos hecho el esfuerzo de mantener el precio de las entradas, que diría que es muy conveniente si lo comparamos con otros países europeos.

Hábleme un poco de otros invitados de la temporada.

Traemos a los directores que viven en Asturias, que son Pablo González, Oliver Díaz y Álvaro Albiach, que es de Levante pero vive aquí. Y presentamos a grandes directores como Ana María Patiño, Alexandre Bloch, volvemos a traer a Shiyeon Sung y tenemos por primera vez a Eduardo Strausser, que está ahora petándolo en Europa.

¿Y usted, cómo se siente en Asturias?

Muy feliz. Profesionalmente es el momento más feliz de mi vida. He tenido un recorrido por muchísimas orquestas pero esta es la mejor en la que he estado. Además, le estamos haciendo un proyecto de mejora para que todos los músicos puedan trabajar en las condiciones adecuadas. También establecemos alianzas con todo el sector, con las ciudades, con los auditorios, con las entidades sociales… Es la manera de incrementar el vínculo que quiero conseguir. Puede ser Galván, el Museo de Bellas Artes, la Fundación Princesa, Ópera de Oviedo, los centros educativos… Además de nuestro empeño en contribuir a que Oviedo 2031 sea un éxito, para lo cual ofrecemos todo lo que podamos.

Cuando habla de las condiciones de los músicos entiendo que se refiere a la convocatoria de vacantes y al enfriado de la conflictividad laboral.

Una orquesta es un sistema y es el perfecto reflejo de la sociedad en la que está, tiene una vibración similar. En este sentido, esta es una orquesta con una actitud profesional de altísimo nivel pero, sobre todo, muy resiliente. Sí puedo entender, percibo, y lo noto, que hay unas ganas de seguir contribuyendo al círculo de la excelencia, que cada vez vayamos a retos mayores. Espero que esto acabe provocando giras internacionales y más presencia en el territorio nacional. Todo esto será una consecuencia, no una causa, del trabajo realizado aquí. Entonces, lo importante es que la gente se sienta orgullosa de tener la orquesta que tiene en el Principado, en su país, y generar una relación normalizada con la ciudadanía. Y cuando se habla de una orquesta por cuestiones no musicales siempre es doloroso, la desconecta de la ciudadanía, es dar siete pasos atrás.

¿Cómo valora esta imagen de Oviedo como ciudad de la música, con sus dos orquestas, su temporada de Ópera, su Sociedad Filarmónica, su conservatorio…?

Yo ya me siento asturiano, pero me voy a otorgar la mirada que tenía desde fuera, y desde fuera siempre llamó la atención que hubiera dos orquestas en un Principado con un millón de habitantes. Es cierto que Asturias es una sociedad muy melómana, pero hay otras localidades de Europa, muy pequeñas, de las que podemos hablar, como Bamberg, con una orquesta que es un referente mundial, con una inversión económica muy importante y una estructura muy potente.

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