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El conductor que causó la muerte de una motorista en la "Y" aduce una enfermedad ocular que le impide la visión periférica: "Sólo sentí el golpe, no pude verla"

El acusado, repartidor de bebidas, ya causó la muerte de un hombre de 76 años años en 2020 y arrolló a otras dos personas: "Ya está bien, es una persona peligrosa en la vía pública", dice el fiscal

VÍDEO: Juicio por la muerte de una motorista en la Y

L.Á.V.

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Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

Oviedo

Visto para sentencia el juicio contra Manuel Ricardo G. G., causante de la muerte de la motorista Andrea Llamas Grana en la Autopista "Y", el 31 de mayo de 2024. "Sólo sentí un golpe, no pude verla", aseguró el acusado, que sólo respondió a su letrado, Pedro Rivas, quien sostiene que su defendido sufría una enfermedad, retinosis pigmentaria bilateral, que implica una pérdida de visión periférica y de la que no habría sido diagnosticado hasta 2026.

Esta versión no fue aceptada por las acusaciones, que mantuvieron su petición de cuatro años de prisión y seis años de retirada del carné. El fiscal Miguel Rodríguez Marcos se mostró especialmente duro: "Lleva dos muertes a sus espaldas, ya está bien, es una persona peligrosa en la vía pública, por eso pedimos cuatro años de cárcel, el máximo de pena legal, que ingrese en prisión porque es la única forma resocializarle y que pierda el permiso de conducción". La acusación particular, ejercida por la familia de la víctima, bajo la dirección letrada de María Escanciano y Naira González, también mantuvieron su petición de cuatro años.

Efectivamente, el acusado, repartidor de bebidas, causó la muerte de un hombre de 76 años en la calle Jerónimo Ibrán en septiembre de 2020, por lo que fue condenado a pagar una multa de 540 euros y a la retirada del carné por tres meses, así como al pago de una indemnización de 74.500 euros al hijo del fallecido. Pero es que en 2023 y 2024 arrolló a otros dos peatones, quienes sufrieron lesiones leves. Pocos meses después causaría la muerte de Andrea Llamas, madre de un niño de tres años. Por esta "falta permanente de atención en la conducción", la instructora del atestado del último accidente propuso que se le hiciese una valoración psicofísica, ante la sospecha de que sufriese algún tipo de afección que el imposibilitase para la conducción.

Las descripciones de los testigos fueron realmente terribles. Dos trabajadores de Trubia que iban justo detrás vieron como el cuerpo de Andrea Llamas salía despedida de debajo del coche del acusado rodando por la calzada, hasta quedar a seis metros de su vehículo. Los dos reconocieron que habían pensado que el acusado estaba borracho o drogado. Cuando se marchaban del lugar del accidente vieron cómo la motocicleta estaba "incrustada" en el capó del coche del acusado.

El conductor de otro vehículo escuchó un golpe muy fuerte y el ruido de un neumático. Cuando miró por el retrovisor vio cómo el coche golpeaba a la moto y cómo la motorista caía y el coche le pasaba por encima. "Estaba a un metro de distancia. Vi cómo riodaba bajo el coche, quedaba atascada y salía finalmente rodando de debajo del coche", explicó. Detuvo su vehículo, un coche clásico amarillo que pudo hacer que el acusado perdiese la atención, y salió corriendo hacia la motorista herida, mientras llamaba al 112. "Le cogío la mano y estuvimos hablando hasta que llegó la ambulancia veinte minutos después, la tapamos porque el arrastre bajo el coche le había arrancado la ropa", relató. Al causante del accidente lo vio conmocionado, en shock.

Para la Guadia Civil de Tráfico no hay dudas. "El accidente se produjo debido a una distracción por el consumo de alcohol, sin olvidar que no respetó la distancia de seguridad y circuló a más de 100 kilómetros por hora, que era la limitación del tramo", indicó la instructora del atestado. El coche del acusado arrastró la moto de la víctima durante 156 metros. Recorrió 116 metros antes de frenar a lo largo de otros 34 metros. La víctima quedó a 57 metros de distancia desde el inicio de las huellas de arrastre. Un informe determinó que el conductor iba a 121,63 kilómetros por horas, antes de frenar. Las primera prueba de alcoholemia dio un resultado de 0,58 miligramos de etanos por litro de aire espirado. La segunda, diez minutos después, arrojó un resultado de 0,59, lo que quiere decir que aún le estaba subiendo la tasa de alcohol. El acusado dijo que sólo había tomados dos sidras con su mujer.

La defensa, aparte de argumentar la enfermedad ocular del acusado, adujo que a las mediciones de las pruebas de alcoholemia no se les aplicó el margen de error del 7 por ciento, lo que habría dado otros resultados.

El viudo de la Andrea Llamas explicó cómo habían tenido que mudarse de la casa de Coruño (Llanera) en la vivían con sus tres hijos (dos de ellos de una unión anterior del hombre), ya que, al fallecer la mujer, ya no pudo hacerse cargo de los más de mil euros del alquiler con derecho a compra que estaban pagando, y cifró en 70.000 euros las pérdidas que habían tenido por el fallecimiento, cantidades que la aseguradora no quiere pagar íntegramente. Explicó por otro lado que el hijo de tres años de la mujer, y uno de sus hijastros, han tenido que recibir apoyo psicológico para sobrellevar su fallecimiento.

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