Las líderes sindicales llaman en Asturias a organizar la respuesta colectiva ante los retos futuros: "Desde lo colectivo nacerán los cambios"
Selena Carbonero, Belén López, Ana María García y Cristina Faciabén defienden, en el marco de la Escuela de Verano Laboralista de CCOO, la negociación colectiva, la fiscalidad progresiva y los servicios públicos para hacer frente a las transformaciones digitales, ecológicas y demográficas

Por la izquierda, Ana María García, Belén López y Selena Carbonero. / LNE
El futuro sindical deberá abordar una triple transformación: digital, ecológica y demográfica. Y para ello se están preparando ya, según analizaron este miércoles Selena Carbonero, secretaria general de la FGTB de Bélgica; Belén López y Ana María García, máximas dirigentes de CCOO de Cataluña y de la Comunidad Valenciana; y Cristina Faciabén, responsable de Internacional de la Confederación Sindical, en un encuentro con periodistas organizado en el marco de la Escuela de Verano Laborista Anita Sirgo.
Las cuatro dirigentes coincidieron en que el sindicalismo afronta un escenario marcado por la digitalización de las empresas, la emergencia climática, el envejecimiento de la población, la precariedad laboral, la desigualdad de género, la presión sobre los servicios públicos y el aumento de los discursos que, a su juicio, buscan dividir a la clase trabajadora. Frente a ese contexto, defendieron reforzar la participación sindical: "Es importante es que los trabajadores se organicen en el sindicato para canalizar ese malestar, porque desde lo colectivo nacerán esos cambios que son necesarios".
"Malestar" entre los trabajadores
Belén López defendió que los sindicatos no deben limitarse a gestionar las consecuencias de los cambios que vendrán en materia digital, ecológica y demográfica, sino intervenir “desde el principio” en su diseño e implantación. “No nos ponemos en contra de estas transiciones”, explicó, antes de subrayar que deben ser “oportunidades también para ganar derechos” y no solo mecanismos para “incrementar el beneficio empresarial”.
La responsable sindical catalana vinculó esa estrategia con la necesidad de reforzar la representación legal de las personas trabajadoras en empresas cada vez más digitalizadas. Según expuso, una parte creciente de las compañías ya utiliza mecanismos de digitalización e inteligencia artificial en procesos como el reclutamiento o la asignación de tareas. Frente a esa realidad, defendió que el sindicato debe adaptar sus formas de organización: “Las asambleas en lugar de en el comedor de la empresa, las vamos a hacer en la nube”.
Ana María García puso el acento en el “malestar creciente” de una clase trabajadora que, según afirmó, ve cómo las empresas obtienen beneficios millonarios mientras los salarios no crecen en la misma medida. “No puede ser que estén ganando un pastón y que no se reparta de forma justa para los trabajadores”, sostuvo. En este sentido, defendió la negociación colectiva, la huelga y el conflicto laboral como herramientas para canalizar ese malestar. Citó, como ejemplo, la huelga indefinida de cinco semanas en la educación pública valenciana y vinculó las reivindicaciones salariales con decisiones políticas como la rebaja de impuestos a las rentas altas.
Igualdad, cuidados y brecha salarial
La igualdad fue otro de los ejes del encuentro. García advirtió de que los avances normativos no bastan si no llegan a cada centro de trabajo. Señaló que la brecha salarial no siempre aparece en el salario base, sino en los contratos a tiempo parcial, las horas complementarias y los complementos ligados a disponibilidad, viajes o formación, que penalizan a las mujeres por la asignación social de los cuidados.
En ese punto, defendió un pacto estatal por los cuidados que permita dignificar profesiones altamente feminizadas y con salarios bajos. La reivindicación, explicó, pasa por reconocer el derecho a ser cuidado, pero también por garantizar condiciones laborales dignas a quienes trabajan en ese ámbito. “No hemos nacido sabiendo cuidar, porque eso se aprende”, afirmó.
La conversación derivó también hacia la fiscalidad y los servicios públicos. Las dirigentes rechazaron el debate planteado como “impuestos sí o impuestos no” y defendieron una reforma fiscal progresiva. “Lo que necesitamos es un estado de bienestar fuerte, con servicios públicos de calidad”, afirmó García.
Dos años de movilización en Bélgica
Selena Carbonero puso de ejemplo la situación de Bélgica, donde, en su opinión, la derecha está “organizando el gran salto para atrás” mediante el desmantelamiento del modelo de concertación social, la seguridad social y los servicios públicos. Esto se ha traducido en dos años de huelgas y manifestaciones. “Estamos viviendo una de las luchas más importantes de los últimos veinte años”, señaló. Y explicó que preparan nuevas movilizaciones a partir de septiembre y que las asambleas internas reflejan una demanda clara de continuidad.
La dirigente belga defendió que la austeridad no es la única respuesta posible a los problemas presupuestarios. Según expuso, su organización plantea alternativas fiscales y sostiene que “dinero hay” si se busca “donde está”. En ese sentido, comparó la presión fiscal sobre las rentas del trabajo con la del capital y reclamó aliviar la carga sobre los trabajadores mientras se exige más a quienes más tienen.
López enlazó esa reflexión con la experiencia española tras la pandemia. A su juicio, la respuesta basada en inversión y protección social permitió una salida más rápida de la crisis que las recetas de austeridad aplicadas tras 2008. “Las recetas que se basan en la inversión, que se basan en la mejora de las condiciones, no solo garantizan más derechos, sino que económicamente son más viables”, defendió.
Transición ecológica
Otra cuestión a la que deberán hacer frente los sindicatos es la transformación ecológica. Belén López rechazó que deba plantearse como una elección entre empleo y medio ambiente. Lo ejemplificó con el caso de las nucleares en Cataluña y la necesidad de fondos de transición con participación de empresas, administración y agentes sociales. “No queremos esas reconversiones de los años 80”, afirmó.
Carbonero coincidió en esa idea al advertir de que los trabajadores no pueden verse obligados a escoger “entre un planeta B, que no habrá, porque el único que tenemos es este, o el fin de mes”. También explicó que en Bélgica los sindicatos trabajan con organizaciones medioambientales en una coalición climática, con formación y redes intersectoriales de delegados. García incorporó al debate la experiencia valenciana de la dana y fue contundente: “El negacionismo mata. Y mata siempre a los mismos. A los trabajadores y a las trabajadoras”.
Inmigración y regularización
El último bloque se centró en la inmigración y la regularización. Las dirigentes defendieron que obtener papeles garantiza derechos formales, pero no elimina por sí solo la precariedad. “Estas personas salen de la irregularidad para caer en la precariedad”, resumió López. La dirigente catalana señaló que en Cataluña el 26% de las personas afiliadas a la Seguridad Social proceden de fuera del Estado español y defendió que el sindicato debe ser un espacio activo de incorporación de esa diversidad.
Cristina Faciabén advirtió de que una regularización extraordinaria no resuelve el problema si no se refuerzan los mecanismos ordinarios de regularización, refugio y asilo. También alertó de que las bolsas de trabajadores sin papeles facilitan la explotación laboral y sirven como “ejército de reserva” para negocios que dependen de salarios ínfimos y ausencia de derechos.
Carbonero explicó que en Bélgica los sindicatos reclaman criterios claros, transparentes y una comisión independiente para gestionar las regularizaciones. A su juicio, la derecha y la extrema derecha utilizan la inmigración como pretexto para dividir a la clase trabajadora. Por su parte, García añadió que los sindicatos deben combatir los bulos sobre la inmigración y recordó que muchas personas migrantes ya están trabajando, pero en situación irregular: “No vienen a quitarnos el trabajo, ya están aquí”.
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