Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Ángel Balea, director general de Formación Profesional: "Habrá cuatro jubilaciones por cada nuevo trabajador, y harán falta 80.000 relevos de perfiles de FP"

“Hay una percepción social equivocada sobre el desempeño y proyección profesional de la FP que resulta errónea. Las tasas de inserción laboral son superiores a muchas titulaciones universitarias”

“La mayor presión en cuanto a demanda de trabajadores formados en la FP por parte de los sectores productivos es en la industria porque ha habido un déficit general de orientación y de conocimiento”

"La IA va a llegar a todos los estratos, aunque hay mensajes catastrofistas de que en determinadas desempeños se va a cargar o aminorar la oferta de empleo lo que está claro es lo que va a marcar la diferencia en un proceso de selección es el saber utilizarla"

Ángel Balea, en la plaza del Fresno, en Oviedo.

Ángel Balea, en la plaza del Fresno, en Oviedo. / Luisma Murias

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Covadonga Jiménez

Covadonga Jiménez

Oviedo

Ángel Balea (Lugo, 1971) es director general de Formación Profesional desde mayo de 2025. Ingeniero técnico industrial por la Universidad de Oviedo, con un máster en Liderazgo y Dirección de Centros Educativos por la Universidad Internacional de La Rioja, es funcionario del Cuerpo de Profesorado de Enseñanza Secundaria en la especialidad de Sistemas Electrónicos y Automáticos. Antes de incorporarse a la Administración dirigió el IES Isla de la Deva, en Castrillón. El próximo será su segundo curso completo al frente de la FP asturiana, que estrenará la mayor oferta de su historia y dos nuevos títulos.

–Ha vivido la FP desde la docencia y ahora desde la Administración. ¿Qué cambia de un lado a otro?

–Cambia el ángulo desde el que ves el servicio público y las limitaciones de la gestión. En los centros educativos es donde realmente se presta el servicio: lo importante ocurre en las aulas, talleres y laboratorios, donde tiene lugar el acto educativo. Los servicios centrales deben apoyar ese trabajo, facilitar la organización y dotar de los recursos necesarios para ofrecer una formación de calidad.

–¿El nuevo marco legal ha cambiado sustancialmente la Formación Profesional?

–Sí. Ha convertido toda la FP en un modelo dual. Queríamos parecernos a sistemas como el del País Vasco o Alemania, donde este modelo tenía prestigio social y una gran aceptación empresarial. Ahora ya lo tenemos, aunque toda transición genera fricciones.

–¿Dónde aparecen esas dificultades?

–Hay que articular bien la formación en la empresa. Antes el alumnado recibía casi toda la formación en el centro y hacía prácticas al final. Ahora empresa y centro conviven desde primero y ambos tienen responsabilidades formativas, no solo de evaluación.

–¿Cuál es el principal problema?

–Que el 85% del tejido empresarial asturiano son pymes y micropymes. Formar alumnado de primer curso exige dedicar recursos cuando todavía no son productivos. Pero ese esfuerzo debe verse como una inversión para disponer de profesionales cualificados en poco tiempo. Además, hay que superar la idea de formar únicamente trabajadores para la propia empresa; se trata de fortalecer todo un sector.

–¿Cómo afrontan el relevo generacional?

–La primera dificultad es demográfica. En Asturias habrá cuatro jubilaciones por cada persona que se incorpore al mercado laboral hasta 2035. Solo en perfiles vinculados a la FP harán falta unos 80.000 relevos.

–¿Cómo responde la FP a ese reto?

–Con una oferta cada vez más ajustada a las necesidades del sistema productivo y en permanente actualización. Desde 2023 hemos pasado de 113 a 124 titulaciones, once más, fruto del análisis conjunto de la Consejería, los centros, el Consejo Asturiano de FP, el Sepepa y las propias empresas. No podemos crecer sin límite porque Asturias tiene la población que tiene, pero sí orientar la oferta hacia donde hace falta sin olvidar las vocaciones e intereses de los estudiantes.

–Parece un buen momento para la Formación Profesional.

–Sí, pero no basta con que soplen vientos favorables. Hay que saber hacia dónde navegar. El objetivo es responder tanto a las necesidades del tejido productivo como a las expectativas de los jóvenes. Para lograrlo es imprescindible reforzar la orientación académica y profesional desde edades tempranas.

–¿Cómo debe hacerse esa orientación?

–No basta con preguntar qué estudios gustan. Lo importante es que los jóvenes conozcan el trabajo que hay detrás de cada itinerario: las tareas, los entornos laborales y las oportunidades profesionales. Esa información debe llegar mucho antes de elegir. Y hay que llegar también a las familias.

–¿Qué sectores reclaman más profesionales?

–Prácticamente todos. De aquí a 2040 habrá necesidades generalizadas, aunque la mayor presión llega desde la industria, donde Asturias sigue teniendo un gran peso pero existe un déficit de vocaciones. También son críticos el transporte y la logística, especialmente de mercancías y viajeros de media y larga distancia, y la hostelería y el turismo. En esta familia ofertamos más de 700 plazas de primer curso y solo se cubren alrededor del 70%. Además, muchas personas trabajan en el sector sin una cualificación que les permitiría mejorar su carrera profesional.

–¿Y en sanidad?

–Junto con los servicios socioculturales y a la comunidad es otro ámbito prioritario por razones demográficas. Ofertamos unas 2.200 plazas de primer curso y alcanzamos una ocupación cercana al 85%. En el área central es fácil completar los grupos; en las alas resulta más complicado por una cuestión de población. En cambio, en instalación y mantenimiento, donde el empleo está prácticamente garantizado, no llegamos a cubrir la mitad de las plazas. Ahí se demuestra la importancia de la orientación y de seguir prestigian do la FP y el modelo dual.

–Habla de llegar también a las familias. ¿Por qué?

–Porque sigue existiendo la percepción de que la Formación Profesional tiene un techo de promoción profesional, y no es cierto. Desde la FP se puede acceder a la universidad, haciendo paradas intermedias o no. Es un camino abierto y sin límites, pero tenemos que convencer a la sociedad de ello.

–¿Por qué sigue siendo necesario insistir en prestigiar la FP?

–Porque hoy las tasas de inserción laboral de muchas titulaciones de FP superan a las de bastantes estudios universitarios. Además, Asturias presenta unos resultados por encima de la media nacional tanto en la FP reglada como en los certificados profesionales gestionados a través del Sepepa. La FP dual está marcando la diferencia. En algunas especialidades, como Química, los certificados profesionales alcanzan tasas de inserción del 55% o 57%, cifras similares a las de atención a personas. Sin embargo, cuando hablamos de ciclos de FP dual, esas tasas suben hasta el 75% o el 78%. Es una herramienta claramente eficaz para facilitar el acceso al empleo.

–¿Las empresas siguen temiendo formar trabajadores para la competencia?

–Es una preocupación comprensible. La empresa hace una inversión y espera un retorno. Desde la Administración lo vemos desde una perspectiva global: lo importante es que el sector disponga de profesionales cualificados. Después, será el mercado y las condiciones laborales las que determinen dónde trabaja cada persona. Además, la relación entre trabajador y empresa ha cambiado. Las generaciones jóvenes tienen mayor movilidad y son más receptivas a nuevas oportunidades, lo que también genera incertidumbre en las empresas.

–¿Cómo se consigue implicarlas?

–La FP dual cuenta con el respaldo de todos: sistema educativo, empresas y Administración. Ahora toca consolidarla y conseguir que funcione cada vez mejor.

–En la FP conviven centros públicos, concertados e iniciativa privada. ¿Cómo encaja ese modelo?

–Yo me centro en la red sostenida con fondos públicos. En la privada existen situaciones que requieren mejorar los mecanismos de control, como centros autorizados en una comunidad autónoma que ofrecen formación en otras mediante aulas satélite. En Asturias contamos con 48 institutos que imparten FP, ocho centros integrados y nueve centros concertados. El 91% del alumnado estudia en la red pública y menos del 10% en la concertada.

–¿Cuál es hoy el producto estrella de la FP?

–El sistema se ha organizado como una especie de matriosca, con grados A, B, C, D y E. Hasta ahora todos identificábamos la FP con los ciclos formativos y los cursos de especialización, pero también existen itinerarios más cortos. El certificado profesional sigue siendo una herramienta fundamental para quien necesita incorporarse rápidamente al mercado laboral. Son programas de entre unas 200 y 600 horas que permiten obtener una cualificación sin necesidad de dedicar dos cursos completos. Además, en aproximadamente dos años Asturias contará con un nuevo centro integrado de FP en La Grandiella, en Avilés. Lo importante es que mantenemos una oferta muy amplia para nuestra población: este curso se ofertan 11.372 plazas de primer curso en la red pública y concertada.

–La internacionalización también ha ganado peso.

–Y mucho. Existe la idea de que los programas Erasmus pertenecen únicamente a la universidad, cuando la FP lleva años participando intensamente. Muchos centros concurren a proyectos de innovación del Ministerio y de la Consejería, además del programa Erasmus+. En los últimos años hemos desarrollado más de 24 proyectos que han permitido a unos 160 docentes conocer experiencias en otros países e incorporar nuevas metodologías. Otros tantos alumnos han realizado parte de su formación en empresas de Italia, Portugal, Francia o Alemania. Es una experiencia muy enriquecedora. Los estudiantes regresan con una visión distinta y una mayor madurez personal. Queremos que el talento permanezca en Asturias, pero eso no es incompatible con adquirir experiencia internacional y conocer otros modelos de trabajo.

–¿Con cuántos docentes cuenta actualmente la FP asturiana?

–La nueva ley ha introducido algunos cambios, como la incorporación del inglés técnico en todos los ciclos formativos, lo que ha supuesto la entrada de esta especialidad en toda la FP. En conjunto contamos con unos 1.520 docentes, repartidos entre numerosas especialidades.

–¿Cuáles tienen más peso?

–Formación y Orientación Laboral representa aproximadamente el 11% del profesorado específico porque está presente en todos los ciclos. Servicios Socioculturales y a la Comunidad ronda el 10% y Administración y Finanzas cerca del 6%. La tasa de interinidad sigue siendo elevada, alrededor del 25%, a pesar de las ofertas públicas de empleo. También influye el envejecimiento de las plantillas: la mitad del profesorado supera los 50 años y solo un 6% tiene menos de 35. Hay especialidades en las que cuesta incluso encontrar sustitutos. Además, seguimos arrastrando estereotipos de género muy marcados. En Estética todo el profesorado son mujeres y en Peluquería el 95%; en cambio, en Mantenimiento de Vehículos o Sistemas Electrónicos más del 90% son hombres. Esa misma realidad se reproduce entre el alumnado.

–¿Se está logrando romper la brecha de género con el fomento de las vocaciones STEM?

–Lo importante no es solo que los jóvenes conozcan los estudios que van a cursar, sino también las profesiones a las que conducen. Además, debemos asumir que la formación ya no termina al acabar un ciclo o una carrera. La necesidad de actualización será permanente porque resulta muy difícil prever cómo será cualquier profesión dentro de diez años.

–La irrupción de la inteligencia artificial acelera todavía más ese proceso.

–Sin duda. Los cambios llegan cada vez más rápido y con mayor impacto. La IA ya forma parte del escenario educativo y tenemos que abordarla desde tres perspectivas: para qué la utilizamos, sobre qué la aplicamos y con qué criterios. Puede ayudarnos mucho en la labor docente, pero debemos enseñar al alumnado a utilizarla con sentido crítico. El conocimiento experto seguirá siendo imprescindible para valorar las soluciones que ofrece una herramienta de inteligencia artificial.

–¿La consideran una herramienta de apoyo?

–Totalmente. También debemos enseñar cómo funciona, qué datos emplea, qué sesgos puede incorporar y qué herramientas son más adecuadas para cada tarea. Bien utilizada, puede reducir burocracia, agilizar procesos y facilitar la elaboración de materiales didácticos. No sabemos hasta qué punto modificará el empleo, pero sí sabemos que marcará diferencias entre quienes sepan utilizarla con criterio y quienes no. Por eso debemos incorporarla con naturalidad a la formación.

–Este curso continúa la reducción de ratios hasta los 25 alumnos por aula. ¿Cómo lo están gestionando?

–Es una obligación que marca la normativa para 2028, pero nosotros llevamos tres años implantándola de forma progresiva. Hemos empezado por aquellas familias profesionales donde los estudios demostraban que la ocupación real ya estaba por debajo de los 25 alumnos, de modo que la adaptación no redujera la oferta ni dejara a nadie sin plaza.

–¿Qué coste tiene esa medida?

–Reducir ratios siempre exige más profesorado y, por tanto, mayor inversión. La educación pública, y especialmente la Formación Profesional de calidad, tiene un coste elevado, pero es una inversión de futuro que debe hacerse con responsabilidad. Cada plaza supone miles de euros de dinero público y hay que aprovecharla.

–¿Cuántos alumnos cursan FP en Asturias?

–En los últimos años nos hemos mantenido alrededor de los 17.000 estudiantes.

–Esos 17.000 alumnos son atendidos por unos 1.500 docentes. ¿Podría hablarse del "milagro"de la FP?

–Más que un milagro, es una estructura bien dimensionada. La FP mantiene una evolución positiva mientras otras etapas educativas pierden alumnado. Pero debemos conservar una cualidad esencial: la flexibilidad. Si no somos ágiles para adaptar la oferta a las necesidades del mercado laboral, siempre iremos por detrás. Quizá nunca lleguemos a anticiparnos completamente, pero sí debemos reducir al máximo esa distancia.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents