Juan Manuel Buergo, presidente de la Sociedad de San Vicente de Paúl: "Los inmigrantes no son un problema que resolver, son personas con una enorme voluntad de contribuir a la mejora de la sociedad que los acoge"
"La pobreza, además de falta de recursos, muchas veces es también soledad, invisibilidad o pérdida de esperanza", advierte el asturiano, al frente de una ONG con más de 2,3 millones de socios y voluntarios que atiende a alrededor de 30 millones de personas en todo el mundo

Juan Manuel Buergo Gómez. / LNE

Juan Manuel Buergo Gómez (Madrid, 1956), hijo de asturianos y con casa en el Oriente de la región, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense.es el presidente general de la Confederación Internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl, una asociación humanitaria y benéfico social regida por el derecho civil, con más de 193 años de historia, que se dedica a la acción social directa con personas en situación de vulnerabilidad, pobreza, soledad no deseada o exclusión social. La Sociedad está presente en 155 países, cuenta con 2,3 millones de asociados y voluntarios en todo el mundo y atiende a más de 30 millones de personas. En 2024, según su última memoria, dedicó 1.650 millones de euros a inversión social.
¿Cuál es su vinculación con Asturias? ¿Y cómo han influido sus raíces asturianas -si es que lo han hecho- en su vocación social y su compromiso con la Sociedad de San Vicente de Paúl?
Mi vinculación con Asturias es total, toda mi familia es asturiana, mi madre de Cangas del Narcea, mi padre de Nueva de Llanes. Hice mi primera comunión en Nueva, me casé en Covadonga, tengo casa en Llanes, villa a la que estoy vinculado y en la que disfruto de frecuentes temporadas de descanso. Mi vocación social se la debo a mis padres, que siempre han estado comprometidos de manera activa con las causas sociales, de ahí me viene mi vocación vicentina, mi padre era miembro de base de las Conferencias de la Sociedad de San Vicente de Paúl.
¿Cómo y cuándo comenzó su colaboración con la Sociedad de San Vicente de Paúl? ¿Cuándo se convirtió en presidente, primero de España y luego a nivel internacional?
En un punto de mi vida terminada la carrera, me planteé colaborar con alguna ONG porque sentía que mi vida no acababa de tener sentido sin un vínculo fuerte con la comunidad. Repasé las ONG donde militó mi padre, y recalé en esta organización hace ahora 34 años. He pasado por diversos cargos de servicio y he sido presidente nacional durante estos últimos 8 años, hasta el 31 de enero del año pasado. Siendo presidente nacional desempeñé diversos cargos de servicio en la estructura internacional, y al finalizar el mandato del presidente general anterior, que era brasileño, en la asamblea de Roma en el año 2023, me eligieron presidente general en primera vuelta por la mayoría de votos de los 155 países. Es un orgullo, como asturiano y como español, presidir esta gran organización que atiende a más de 30 millones de personas en todo el mundo. Llevar España y Asturias por tantos países es un gran honor y emocionalmente significa mucho para mí. Como próximo paso, vamos a implantar este mismo año la Fundación Global de la Sociedad de San Vicente de Paúl con sede en Ginebra, para la obtención de recursos y apoyar proyectos de emergencias, desarrollo y cooperación internacional.
La Sociedad de San Vicente de Paúl tiene más de 193 años de historia. ¿Cuándo se funda? ¿Cuándo llega a España y quién era Santiago de Masarnau, la persona que la introdujo?
La Sociedad de San Vicente de Paúl fue fundada en París el 23 de abril de 1833 por un grupo de jóvenes universitarios de La Sorbona liderados por Federico Ozanam, inspirados por el carisma de San Vicente de Paúl y por el deseo de «pasar de las palabras a los hechos» ante la pobreza y la exclusión que sufría la sociedad francesa de la época. Para ello, crean la primera "Conferencia de Caridad", un grupo de amigos que se unen para compartir su fe y traducirla en acciones concretas de amor al prójimo. Muy pronto, estos grupos de oración y acción se expanden por el mundo con el mismo espíritu de servicio. Nosotros nos encuadramos dentro de la gran Familia Vicenciana (FAMVIN) y más que una organización, somos una red de amigos que se unen por su vocación de hacer de este mundo un lugar mejor. Quiero expresar mi gratitud a la Congregación de la Misión y especialmente a las Hijas de la Caridad, siempre dispuestas a servir. Nuestro lema es: «Tu abrazo renueva el mundo». Participamos como miembro asociado de la UNESCO y como consultor especial en el Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC). Asimismo, formamos parte del Movimiento Católico Mundial por el Clima y estamos alineados con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos en la Agenda 2030 por las Naciones Unidas. Llega a España en 1849 de la mano de Santiago de Masarnau, músico, intelectual y gran humanista español. Masarnau conoció la Sociedad de San Vicente de Paúl durante su estancia en París y, tras una profunda experiencia espiritual, decidió dedicar buena parte de su vida al servicio de los más necesitados. Fundó la primera Conferencia, el primer grupo de oración y acción, en Madrid el 11 de noviembre de 1849. Estamos presentes en todas las Comunidades Autónomas. En Asturias, en concreto, en Oviedo y en Gijón y, desde aquí, se da servicio a otros concejos. Masarnau es considerado precursor de la Doctrina Social de la Iglesia, y una de las grandes figuras del laicado católico español del siglo XIX.
¿Cuáles son hoy los desafíos globales en la lucha contra la pobreza y la exclusión social? ¿Cuáles son los prioritarios para la Sociedad de San Vicente de Paúl?
Hoy la pobreza tiene múltiples caras, y conocemos esto de primera mano porque nuestros asociados y voluntarios viven en los países que conforman la Confederación. A los problemas tradicionales -falta de ingresos, desempleo o vivienda precaria- se suman nuevas formas de exclusión vinculadas a las migraciones forzosas, a la soledad no deseada, a la salud mental, al envejecimiento, a la discapacidad, a la precariedad laboral, a la falta de formación, a los desastres naturales provocados, entre otras causas, por el cambio climático, a las crisis humanitarias causadas por guerras, conflictos o epidemias, y podríamos seguir. Además, analizando los reportes internacionales que recibimos, observamos un fenómeno especialmente preocupante: muchas personas que trabajan siguen siendo pobres. La exclusión ya no afecta solo a quienes están fuera del sistema, sino también a quienes viven dentro de él en condiciones de enorme fragilidad. Para la Sociedad de San Vicente de Paúl las prioridades son: acompañar a las familias vulnerables, combatir la soledad no deseada, tanto en sus casas como en hospitales y residencias, atender en nuestros centros de escucha activa, apoyar a inmigrantes y refugiados, y cuidar a las personas sin hogar. Todo ello, desde nuestro principal signo de identidad: una acción social cercana y constante, basada en la fraternidad y en los valores del Evangelio.
¿Con qué criterios afronta esos retos? ¿Acción directa, acompañamiento…?
La tradición vicentina se basa en la cercanía personal. Nuestra acción social va más allá de una ayuda material puntual, pues va acompañada de apoyo espiritual y escucha activa. De esta forma, detectamos las verdaderas necesidades de la persona a la que acompañamos. Para nosotros, lo importante es procurar la autonomía de esta persona vulnerable facilitándole los medios para conseguir su promoción integral. La visita domiciliaria y la atención personal a los que viven en la calle sigue siendo una seña de identidad de nuestra actividad social desde 1833. Escuchamos antes de actuar, e intentamos comprender cada realidad concreta y construir relaciones de confianza. La pobreza, además de falta de recursos, muchas veces es también soledad, invisibilidad o pérdida de esperanza. Por eso combinamos la ayuda inmediata —alimentación, vivienda, empleo, atención básica— con cercanía, buscando devolverle su dignidad perdida, para lograr su reinserción social.
En España, ¿cuáles son los colectivos que requieren intervención más urgente?
Hay distintos colectivos especialmente vulnerables. En primer lugar, las personas mayores que viven solas, están enfermas y sufren aislamiento. España afronta un envejecimiento acelerado y muchas personas llegan a la vejez con pensiones insuficientes y redes familiares muy debilitadas. También requieren atención urgente las familias con menores a cargo en situación de pobreza, las personas sin hogar que viven en la calle, los que carecen de ingreso alguno, los inmigrantes en situación irregular, las mujeres solas con hijos y también muchos jóvenes atrapados en la precariedad laboral y residencial, que caen fácilmente en la delincuencia y en la drogadicción. Asimismo, estamos atentos a las personas con discapacidad que sufren marginación por esta causa, un colectivo que recientemente hemos incorporado de manera prioritaria a nuestro ámbito de acción social. Nos preocupa especialmente la cronificación de la pobreza y por ello nuestro empeño en escuchar y actuar no solo atendiendo las necesidades básicas, hay demasiadas personas y familias que encadenan años de vulnerabilidad sin lograr salir adelante.
¿Qué impacto prevén que tenga la regularización masiva de inmigrantes, uno de los grupos de población más vulnerables?
Cualquier medida que favorezca la integración y reduzca la vulnerabilidad puede tener un impacto positivo si se acompaña adecuadamente. La regularización puede facilitar el acceso al empleo formal, a la vivienda, a la sanidad y a derechos básicos, reduciendo situaciones de explotación y marginalidad. Pero también es importante que vaya acompañada de políticas de integración reales: formación, acceso a un empleo digno y apoyo comunitario. La inclusión no se consigue únicamente con un documento administrativo; requiere oportunidades y acompañamiento. Desde nuestra experiencia, los inmigrantes que vienen con sanas intenciones no son un problema que resolver, son personas con sus miedos, sus conflictos y con sus capacidades, y también con una enorme voluntad de contribuir a la mejora de la sociedad que los acoge.
La sociedad española está cada vez más envejecida, ¿qué recursos y qué intervenciones requiere esa situación?
El gran desafío no es solo vivir más años, sino vivirlos con calidad, autonomía y salud. Pero en ocasiones nos encontramos a personas mayores empobrecidas, solas, enfermas y desasistidas. Necesitamos reforzar los cuidados de larga duración, la atención domiciliaria, la asistencia sociosanitaria y las redes comunitarias contra la soledad no deseada, para ello desde nuestra ONG tenemos distintos programas de actuación, algunos en colaboración con las administraciones locales y autonómicas. Debemos prepararnos para una realidad donde habrá cada vez más personas mayores viviendo solas y que necesitan compañía. Esto exige políticas públicas sólidas, pero también una movilización social y comunitaria. Una organización como la nuestra aporta algo esencial: cercanía humana, que como decía anteriormente, es nuestro signo de identidad. Muchas veces una visita, una conversación o sentirse escuchado cambia profundamente el estado de ánimo de una persona mayor o enferma, que se siente sola.
¿Qué peso tiene el trabajo voluntario en la organización que preside?
El voluntariado es el corazón de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Sin él, nuestra misión simplemente no existiría. Aquí, en comunidad fraterna, damos un sentido a la vida de muchas personas voluntarias que se acercan porque quieren construir un mundo mejor y nada hay como comenzar por uno mismo, mejorando al de enfrente mejoramos nosotros. Nuestra organización nació de la iniciativa de siete jóvenes laicos voluntarios en París en 1833 que quisieron mejorar el mundo a la luz del Evangelio, y desde entonces se ha extendido a 155 países y sigue manteniendo ese espíritu. Contamos con cientos de miles de voluntarios que dedican su tiempo, su experiencia y su compromiso al servicio de los más necesitados, porque con nuestro abrazo procuramos renovar el mundo. Lo más valioso del voluntariado no es únicamente la ayuda que presta, sino el vínculo humano que crea y el sentir que aflora lo mejor de uno. Nuestros voluntarios, tanto jóvenes como mayores, actúan siempre desde la fraternidad y la proximidad.
¿España es un país solidario? ¿Qué lecciones puede aprender la sociedad española de las experiencias e iniciativas de otros países?
Sí, España es un país profundamente solidario. Lo vemos cada día en las redes vecinales, en el voluntariado, en las familias y en la enorme capacidad de movilización social ante las crisis; somos un ejemplo para el mundo. Sin embargo, también debemos fortalecer una cultura de compromiso más estable y no solo reactivo ante las emergencias. Otros países nos muestran experiencias muy valiosas en participación comunitaria, con un compromiso fuerte y constante con la economía social. Algunos han desarrollado políticas de integración especialmente eficaces, y muchos países asiáticos tienen una arraigada tradición de cuidar profundamente a sus mayores, pues los consideran la fuente de la sabiduría y, por ello, su cuidado es una responsabilidad directa de la familia. Creo que la principal lección es entender que la lucha contra la pobreza y la marginación no puede recaer únicamente en las administraciones públicas o en las ONG. Somos un país muy solidario y es una responsabilidad compartida empezar nuestra acción por nosotros mismos para construir sociedades más humanas, más cercanas, más justas socialmente. Cuidando nuestro entorno cuidamos nuestro desarrollo integral, porque es en comunidad donde nos perfeccionamos. Para finalizar, quiero dejar un mensaje de optimismo y esperanza: está en nuestras manos seguir construyendo una comunidad más sana y solidaria. A través de los valores y la amistad, podemos descubrir el sentido más pleno de nuestra vida.
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