"Bable a la escuela", 50 años de la primera movilización asturianista
El 22 de junio de 1976 Conceyu Bable logró sumar en Begoña a la izquierda regional y el movimiento vecinal gijonés para reivindicar la autonomía y la enseñanza del asturiano

Por la izquierda, con la pancarta, Cheni Uría, José Luis Riopedre (con Areces a su espalda), Ramón Rañada, Jesús Sanjurjo, José Luis Iglesias, Lluis Xabel Álvarez, Pedro de Silva (en segunda fila), Avelino López, José Bolado (en segunda fila), Miguel Ramos Corrada, Amelia Valcárcel y el sindicalista «El Roxu». | CONCEYU BABLE

El 22 de junio de 1976, minutos antes de las ocho de la tarde, algunos miembros de Conceyu Bable empezaban a desplegar en lo alto de la calle Begoña una pancarta en la que se podía leer "BABLE A LA ESCUELA AUTONOMÍA REXONAL" y en ese mismo gesto el nuevo asturianismo militante iba sopesando, con cada pliegue desvelado, las fuerzas que habían llegado a juntar aquel martes en Gijón para reivindicar un estatuto de autonomía para Asturias y los derechos lingüísticos. Fue la primera reivindicación "regionalista", como escribía la prensa de la época, y logró sumar, entre la izquierda y el movimiento vecinal gijonés, seis mil personas. Un éxito del que se cumple ahora medio siglo y que los principales protagonistas contemplan con un sentimiento encontrado que aloja cierta decepción. "Y dempués vieno lo que vieno, y el que pudo facer nun fizo", resume Xuan Xosé Sánchez Vicente, uno de los cabezaleros de aquella marcha.
Fue la de aquel día, además, una de las primeras autorizadas en Asturias. Más o menos. Aquel año, el 17 de enero se había celebrado una en el paseo de Los Álamos de Oviedo que había acabado de forma parecida a la de nueve años antes por el Vietnam, con carga policial. Gijón había experimentado ya un éxito muy grande el 27 de enero con la que bajo el pretexto de apoyar al líder vecinal Hevia Carriles se reclamaba libertad. Después de la del 22 de junio llegaría la histórica del 11 de julio, también en Gijón, con el lema Amnistía y Libertad. Pero la de Conceyu Bable se adelantó y prendió una llama.

La manifestación, con el Teatro Arango al fondo. / Conceyu Bable
Ellos fueron los que se encargaron de todo. Xuan Xosé Sánchez Vicente leyó un manifiesto final que no estaba autorizado y su mujer, Elena Fernández Poch, aportó la logística desde su Simca 1000 azul, donde viajaban también, entre los sistemas de megafonía, los hijos de la pareja, Xuan Xinés, de dos años, y Xabel Colás, de meses y en el capazo. Las pancartas también se hicieron en sus casas y en la de Lluis Xabel y Amelia Valcárcel, única mujer en cabeza de la marcha y autora material del babero que abrió la manifestación, en una tela que todavía conserva.
Lluis Xabel guarda intacto el recuerdo de aquel arranque de una manifestación que fue muy "playa", el momento en que los representantes de los partidos políticos de la izquierda, a la espera de cuánta gente se sumaría a aquello, salieron de los soportales y cómo de golpe la calle se llenó y ellos se pusieron también en cabeza.
No había sido fácil convencer a todos los movimientos. Cheni Uría, del MCA, estaba en Coordinación Democrática y recuerda que la reunión de la PlataJunta, como se denominaba vulgarmente al órgano, en la casa de Ramón Fernández Rañada, en el número 4 de la calle Fruela, en Oviedo fue una de las más tensas. Conceyu Bable les había trasladado la propuesta y mientras que el MCA y Democracia Social (DSA) apoyaban el planteamiento del estatuto y el bable, Comisiones (Gerardo Iglesias y Juan Muñiz Zapico) y el PC (José Luis Iglesias Riopedre) no querían saber nada de la cuestión lingüística. Uría cree que fue posiblemente el propio Riopedre, muy dado al consenso, y la mediación de Rañada lo que propició el acuerdo final.

El manifiesto leído por Xuan Xosé Sánchez Vicente en su reproducción en "Asturias Semanal". / Conceyu Bable
El resto de los detalles los negoció Conceyu Bable, lema a lema con el Gobierno Civil y en estrecha vigilancia. Tanta, recuerda ahora Lluis Xabel como si fuera un chiste de Gila, que un día hablando por teléfono con Sánchez Vicente interrumpió la voz de una autoridad que les estaba espiando preguntando cuáles eran sus planes. "No se preocupen, son totalmente pacíficos", les respondieron.
Hubo más anécdotas y un balance dispar. Sánchez Vicente admite que aquel manifiesto final que leyó estaba escrito en castellano porque entonces no era concebible otra cosa. "Todo lo que era normal era entonces inconcebible". Eso ha cambiado.
"No se cumplieron todas las expectativas aunque presenciamos muchas mejoras No tenemos oficialidá pero tenemos muchas cosas que se le parecen", concede Cheni Uría. Xuan Xosé Sánchez Vicente añade: "Del desprecio absoluto de la izquierda hacia el asturiano la situación ahora cambió bastante. Conseguimos un montón de cosas, insatisfactorias en cierta medida, porque de aquella todo el mundo falaba asturiano. El avance institucional fue muy grande pero hubo una recesión en el uso en la calle.
El aniversario tendrá, pasado ya un mes, su celebración. Será en el Club LA NUEVA ESPAÑA, en Oviedo, que reunirá a sus protagonistas en un acto el próximo 23 de julio a las 19.30 horas.
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