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Las barberías especializadas son la nueva moda que revitaliza la economía del rural asturiano: "La gente joven no para de ver vídeos y los cortes de peluquería crean mucha curiosidad"

La tijera y la maquinilla se han convertido en herramientas perfectas para que los jóvenes del oriente regional emprendan en su comarca, sin necesidad de irse a las grandes ciudades

Las redes sociales y la pasión de los profesionales, la clave para su éxito: “No estoy teniendo la vida normal de un guaje de 18 años, pero no me arrepiento, esto lo hago porque me gusta”

Gregor Ramírez y José Núñez, a las puertas de Gregor Barber Studio, en el corazón de Cangas de Onís.

Gregor Ramírez y José Núñez, a las puertas de Gregor Barber Studio, en el corazón de Cangas de Onís. / Nacho Bklanco

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Nacho Blanco

Infiesto / Cangas de Onís / Nava

En una comunidad autónoma en la que un 28% de la población tiene 65 años o más, y en la que cada vez más habitantes se arremolina en la zona central de la región, hay un sector joven, innovador y dedicado a su trabajo que resiste en el área centrooriental de Asturias: los barberos.

Tras la pandemia, comenzaron a abrir numerosas academias y barberías especializadas. Esta tendencia ha hecho que cada vez más jóvenes trabajadores decidan desarrollar su carrera profesional por esta vía. El rural asturiano no ha sido ajeno a este fenómeno, lo que ha hecho que en concejos como Piloña, Parres, Cangas de Onís o Nava hayan aprovechado esta popularización para reforzar su oferta laboral

Gregor Ramírez llegó con 17 años a Cangas de Onís procedente de Caracas (Venezuela), y desde febrero de 2022 trabaja de barbero en el centro de la capital canguesa. Con 26 años, regenta junto con su colaborador, el cangués de 23 años José Núñez, Gregor Barber Studio, el cual contará con dos locales a partir del 1 de agosto. “Al principio había demasiadas dudas, demasiado miedo, incluso había tres o cuatro barberías dónde yo comentaba mi idea y me decían que estaba loco, porque ya había demasiadas peluquerías para mujeres y no hacía falta, que lo mejor era que fuera a las ciudades a hacer eso”.

Gregor Ramírez y José Núñez, a las puertas de Gregor Barber Studio, en el corazón de Cangas de Onís.

Gregor Ramírez y José Núñez, a las puertas de Gregor Barber Studio, en el corazón de Cangas de Onís. / Nacho Bklanco

Sin embargo, unos meses antes de abrir el negocio llegó el momento clave. Sin apenas experiencia más que la de cortar el pelo a familiares, quedó tercero en una competición de barberos en Santiago de Compostela. “Eso fue un antes y un después, porque ahí vi que había nacido para esto. No me importa si funciona o no, pero al ganar a seis personas que se dedican a esto, sé que soy bueno”, recuerda Ramírez.

Su capacidad autodidacta y su pasión fue la clave para triunfar en un negocio que él considera “arte”. De la misma forma que se forjó Gregor Barber Studio, nació Carriles Barber en mayo de este año. Al otro lado del río Sella, Alberto Carriles, natural de Triongu de 18 años recién cumplidos, ya tiene lista de espera. Al igual que Ramírez, empezó muy joven: “Tengo afición desde los 14, a raíz del covid me interesó el tema, y nada más recibir las notas de la PAU el año pasado, a los tres días me metí en la academia”.

Alberto Carriles, cortando el pelo a un cliente en su barbería de Arriondas.

Alberto Carriles, cortando el pelo a un cliente en su barbería de Arriondas. / Nacho Blanco

Carriles acabó en seis meses una formación que normalmente lleva un año. Tras encontrar un local, montó su propia barbería en un lugar dónde él ya tenía su público. “La monté en Arriondas porque ya me conocen y sé que iba a funcionar. Empezar es muy difícil, más siendo autónomo y joven, pero hay que arriesgar, sino lo intentas no ganas”. Además, pone en valor la dificultad de ponerse a trabajar con su edad: “No estoy teniendo la vida normal de un guaje de 18 años, pero no me arrepiento, esto lo hago porque me gusta”, explica con vehemencia.

Christian Cortina, con tijera y maquinilla en su nuevo local de Infiesto.

Christian Cortina, con tijera y maquinilla, en su nuevo local de Infiesto. / Nacho Blanco

De juventud también sabe Christian Cortina, piloñés de 20 años que ha abierto el negocio más novel de todos: Chris Barber. Con dos semanas de antigüedad y en el centro de Infiesto, continúa el legado de Peluquería Llano, un establecimiento con 45 años de historia. “Me enteré de que Toni Llano se jubilaba y vine hablar con él para coger el local. Cómo lleva muchos años abierta, heredé mucha clientela, sobre todo de un perfil más mayor”. Tras estudiar en Oviedo y haberse formado en peluquerías de la capital y de Colunga, explica cómo “la cercanía de las peluquerías hacen que sea un buen negocio para abrir en los pueblos”. Además transforma su juventud en ganas de aprender: “Puede que la gente tenga más desconfianza por un chaval tan joven que corte el pelo respecto a Llano, que lleva toda la vida, pero pienso que la gente está contenta”.

La clave del éxito: la vocación

En la misma calle en la que tiene Christian su negocio, encontramos otra barbería, la de Nacho Roda, de 21 años y oriundo de Villamayor, a unos 6 kilómetros de Infiesto. Tras decantarse por las tijeras al acabar bachiller siempre tuvo claro que en caso de montar una peluquería, debía de hacerlo en la capital piloñesa. Compaginó la academia con el trabajo por las tardes en la peluquería de su madre, en un pequeño cuarto que desde enero del año pasado se ha convertido en el estudio de Nacho Roda Barber, dotado de dos sillones para cortar, un sofá, equipo de música y una nevera con refrescos. Es por eso que él concibe el corte como “una experiencia”: “Vienes aquí, estás con amigos y conoces gente en la peluquería”.

Nacho Roda con un cliente.

Nacho Roda con un cliente. / Nacho Blanco

A pesar de tener un mayor goteo de gente joven, la idiosincrasia de los pueblos requiere que este tipo de barberías sean “todoterreno”, con clientes de “90 años, de 60, de 40 y hasta críos de tres años”, comenta Roda. Con la agenda llena de cortes, coincide con Carriles en que la clave de todo es la vocación: “Muchos días quedo aquí hasta las nueve de la noche sin ningún problema, pero no quedo obligado, es lo que me gusta”.

El boom de las redes sociales

Uno de las factores determinantes para que las barberías especializadas hayan generado tirón entre el público más joven son las redes sociales. Muchos de estos profesionales han creado páginas de Instagram con miles de seguidores, nutridas con vídeos de los cortes de pelo que realizan a sus clientes.

Ernesto Arias, mierense de 32 años, abrió su barbería del mismo nombre en Nava hace cinco primaveras, y tiene claro la importancia de las redes sociales. “Ese boom está relacionado con la accesibilidad que vemos hoy en día. La gente joven no para de ver vídeos y los cortes de peluquería crean mucha curiosidad. Incluso si quieres montar un negocio, no es una inversión descabellada para un chaval que le guste”.

Ernesto Arias cortando el cabello a un cliente en Nava.

Ernesto Arias cortando el cabello a un cliente en Nava. / Nacho Blanco

Este tipo de vídeos son “el vehículo para conectarte con la gente joven", explica Gregor Ramírez. “Siempre cortamos a gente de muchas edades, pero el 70% de nuestra clientela está entre los 13 y los 20 años. ¿Cómo llegamos a ellos? Mediante este tipo de vídeos”. Las redes son tan relevantes en el sector que incluso una barbería con pocas semanas de edad como la de Christian Barber, ya sube “dos o tres cortes el día" porque "nos viene bien para atraer a la gente”.

Ernesto Arias llegó a Nava tras haber pasado por una academia en Oviedo, gracias a una oportunidad de trabajar en una peluquería de toda la vida. Esa influencia le hizo heredar una clientela de un perfil mayor, pero su receta para el éxito está en identificar una vacío a llenar. “Si eres capaz de satisfacer las necesidades de la gente, siempre vas a triunfar. Y cuando yo empecé en Nava existía esa necesidad de peluqueros de un perfil menos clásico”, comenta Arias, quien en uno de los pequeños huecos que tiene para comer en vísperas del Festival de la Sidra de la capital naveta añade: “Si pienso a futuro, no abriría una peluquería en una ciudad, abriría en un pueblo como Nava, para que así la gente no tenga que ir a Oviedo o a Pola de Siero a cortarse el pelo”.

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