El incendio que amenazó con quemar el paisaje de Ponga que Nicanor Piñole pintó hace 90 años
Un vecino de Sobrefoz descubrió al artista gijonés la collada desde donde pintó uno de sus mejores paisajes, un horizonte que estuvo amenazado esta semana por el fuego

A la izquierda, el cuadro de «El torito» con el mismo paisaje que se observa en la foto de la derecha.
Peio H. Riaño
Nicanor Piñole aprendió en Madrid a pintar los montes de Asturias, en las clases de un belga que creció en Málaga. Era el aula de la cátedra de paisaje de la Escuela Superior de la Academia de Bellas Artes de San Fernando donde tuvo lugar la revolución de un género que triunfaba en Francia y aquí carecía de interés. El primero en ofrecer cierto protagonismo a la naturaleza fue el gallego Genaro Pérez Villaamil, cuando introdujo Covadonga y las cumbres de Picos de Europa en cuadros que exaltó el relato de la monarquía española. Pasaron algo más de veinte años y en el verano de 1874 Carlos de Haes se hizo la mochila para cruzar el macizo de los Picos, junto a sus alumnos Aureliano de Beruete y José de Entrala. De aquel viaje surgió la visión que hizo cumbre en la historia del paisaje español: La Canal de Mancorbo, que puede verse en el Museo Nacional del Prado.
Pasaron sesenta años y el pintor de Gijón, que había aprendido del malagueño de Bélgica que la mirada que merece la pena ser pintada se encuentra escondida en las cimas más difíciles, llegó a Les Collaes de Obrangu, a unos mil quinientos metros de altitud, en el concejo de Ponga, en el límite con Amieva y en uno de los pocos descansos que tiene el espectacular Cordal del Colláu Zorru. A su lado iba Casto Martínez, a quien el pintor conoció en 1931 y al que debemos que lo guiara por las caleyas que el ganado tomaba en verano hacia los pastos altos.
Al conquistar la campa, a la que quizá subieron desde el camino que conduce a la ermita de Arcenorio, se encontró al oeste con Maciédome, una mole caliza de casi dos mil metros de altitud, que vigila la cuenca del río Ponga. Y al girar hacia el este, contempló, al fondo, la Torre Santa (2.486 metros). Entre la cumbre más alta del macizo occidental de Picos de Europa y el lugar desde el que miraba, halló una visión de planos encadenados en un sin fin de riegas y sierras que se cruzan unas a otras, de abruptas foces y montañas ingobernables. Ante él se extendía uno de los paisajes más hermosos, salvajes y delicados de Asturias: el bosque de Peloño y el cañón fluvial de los Beyos, que separa la reserva del macizo de Picos.
Era verano de 1935 y Piñole pintó su primer gran paisaje de Picos de Europa. Así lo tituló hasta que en algún momento fue reconocido de manera popular como "El torito", por el animal solitario que el artista colocó abajo, a la izquierda. Había subido a la collada con la tabla, de unos cincuenta centímetros de alto y casi setenta de ancho, en la que tomó apuntes con óleo de su última gran pintura antes del estallido de la guerra civil. La visión obsesionó al artista, que dibujó en sus cuadernos varios encuadres diferentes y realizó hasta tres cuadros: el primero se encuentra en una colección privada de Oviedo (sin el toro), el segundo cuelga del Museo de Bellas Artes de Asturias y el tercero, que presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1936, pertenece a la colección de la Fundacion Alvargonzález.
Parte de la visión que tanto impactó al pintor ha ardido durante casi dos semanas. El primer gran incendio de la temporada obligó a confinar a los vecinos de Ribota de Sajambre (en el límite con León) y a cerrar la carretera de los Beyos por desprendimientos. A pesar de disponer de humedades del 100%, el incendio se reavivó cuando las temperaturas y las rachas de viento volvieron a crecer. La magnitud del siniestro obligó a la Junta de Castilla y León y al Principado de Asturias a unificar un operativo que se mantuvo hasta este jueves con once medios desplegados sobre el terreno.
"Callado, siempre correcto, se entregaba a la naturaleza y a la amistad, con toda su fuerza cargada de humanidad", escribió por carta Casto Martínez en 1973 al cronista Ramón Faraldo para contarle su relación con Nicanor Piñole, de la que surgió el gran paradigma del paisaje cultural asturiano. No sabemos si el vecino le llevó hasta allí por petición del pintor, que antes de conocer en 1941 al fotógrafo y montañero José Ramón Lueje, no sintió especial atracción por los Picos de Europa, tan de moda en el incipiente turismo después de la declaración como Parque Nacional, en 1918. Piñole no siguió las enseñanzas de Carlos de Haes y prefirió quedarse en Ponga, pero en este velado homenaje a los pastores que ejecutó al incluir al toro, Nicanor Piñole recurrió al atardecer carmesí sobre Peña Santa para conquistar el gusto de Madrid, con el que tanto rechazo le despachaba en cada Exposición Nacional. Es posible que los académicos hubieran reconocido al fin el maravilloso paisaje asturiano, pero la guerra impidió sus deliberaciones, el certamen quedó sin galardones y Piñole sin premio.
Suscríbete para seguir leyendo
- El dolor de Javier Álvarez, histórico futbolista del Oviedo, tras perder a su hija, ahogada en el embalse de Quirós tras ver el eclipse: 'Estoy muerto en vida
- En directo: movilización sin precedentes para seguir el eclipse en Asturias y preocupación por la nubosidad
- Encuentran el cadáver de una mujer de 52 años en el embalse de Quirós: vecina de Trubia, se dio un baño tras el eclipse y se hundió
- Peligro en el Huerna: decenas de conductores se detienen en plena autopista para ver el eclipse e incluso sacan sillas
- El AVE no atrae más turistas a Asturias y la subvención para la conexión de avión con Londres es rentable: una investigación 'cum laude' advierte del 'efecto sifón' en el tren
- Vuelca una autocaravana en plena Autovía del Cantábrico a la altura de Canero, en Valdés
- Muere un montañero tras sufrir una caída cuando hacía una ruta por Somiedo
- La Guardia Civil decomisa en Galicia 28 kilos de pulpo que transportaba una empresa de Asturias