Las muertes por suicidio en Asturias se estancan, pero los expertos reclaman no bajar la guardia
Las cifras absolutas de lo que llevamos de década de los 20 son parecidas o inferiores a las contabilizadas en las cuatro décadas anteriores, tanto en población general como entre jóvenes

Las muertes por suicidio se estabilizan en Asturias, pero los expertos piden no bajar la guardia / LNE

El suicidio constituye un problema social de primera magnitud, y aún más en Asturias, que registra desde hace muchos años las tasas más elevadas de toda España en relación con la población. Eso es una cosa. Pero otra es la idea de que en la región aumenta desde hace años, y sin cesar, la cifra de suicidios. Ya hace años que los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) no concuerdan con esta sensación generalizada, y las estadísticas más recientes (las de 2025) tampoco lo hacen, ni entre la población general ni en la controvertida y frágil franja de los menores de 30 años.
Las cifras provisionales de 2025 referidas a Asturias hablan de un total de 129 suicidios. Este dato supera en 10 al de 2024 y se queda 11 por debajo del correspondiente a 2023.
De ese total del año pasado, 10 eran menores de 30 años. En 2024 habían sido 5. En 2023 habían sido también 10.
Estos números refrendan la realidad, muy preocupante, de que Asturias continúa registrando las mayores proporciones de todo el país en cuanto a autolesiones con resultado de muerte (habitualmente, la siguen Galicia y Canarias).
Sin embargo, las cifras absolutas de lo que llevamos de década de los 20 son parecidas o inferiores a las contabilizadas en las cuatro décadas anteriores en población general.
Las mayores cifras, en los años 90 del siglo pasado
Entre 2020 y 2025, se han computado en Asturias una media global de casi 128 suicidios anuales; la misma cifra que en los años 80 del siglo pasado, si bien es cierto que entonces la población asturiana era superior en unas 100.000 personas a la actual (en datos redondos, 1.120.000 hace 40 años y 1.020.000 en la actualidad).
Las mayores cifras de personas que se quitaron la vida en Asturias se observaron en la década de los 90 del siglo pasado y en la segunda década de este siglo XXI. Puede decirse que en ambos periodos se registraron crisis económicas importantes. Pero, sin duda, entrar seriamente en las causas exige un abordaje especializado y muy de fondo.
Lo que sí es cierto es que, por ejemplo, en el Principado se contabilizaron 170 muertes autoinfligidas en 1996. O 168 en 1998. Son números muy superiores a los de cualquier año de los últimos tiempos. El último ejercicio con más de 150 muertes por suicidio fue el 2000. Sin duda, en cualquier momento del siglo pasado, los episodios de esta naturaleza pasaban mucho más inadvertidos que en la actualidad. Había más, pero se difundían menos.
Menos suicidios de jóvenes que entre 1980 y 2009
En relación con el sector de población menor de 30 años, ya se ha dicho que en 2025 se contabilizó una decena de autolesiones mortales, una cifra idéntica a la de 2023 y que antes no se había alcanzado desde 2014 (en ese año fueron 11 menores de 30 años). En el conjunto de la presente década, estamos en el Principado en una media de 8 casos al año, que incluyen lo sucedido desde la llegada de la pandemia de covid-19 (año 2020) hasta la fecha actual. Ese promedio anual de 8 suicidios de personas jóvenes es superior al de la década 2000-2019, pero sustantivamente inferior a los contabilizados entre 1980 y 2009.
Aquí es necesario puntualizar que, en esas décadas más lejanas en el tiempo, la población asturiana menor de 30 años era mucho más numerosa que en el momento actual (en cifras redondas, 360.000 jóvenes en 1998 frente a 227.000 en 2025). Sentada esta premisa, es digno de subrayar que en los años 80 y 90 del siglo pasado se alcanzaron cifras anuales como 27 suicidios de jóvenes en 1988, de 24 en el año 2000 o de 22 en los años 1987 y 1992 (el doble o el triple que el promedio anual de lo que va de siglo). Pero de nuevo hay que realizar la misma apostilla: había más casos, pero se conocían sólo en pequeños círculos.
Caídas accidentales
En el conjunto de España, en 2025 se contabilizaron, según el INE, 3.808 muertes por suicidio, lo que implica el tercer año consecutivo de descenso, tras la elevada cifra de 4.227 en 2022. Hay quienes aducen que es posible un infradiagnóstico debido, por ejemplo, a la posibilidad de que haya “caídas accidentales” (otro epígrafe de los datos del INE) que realmente hayan sido muertes autoprocuradas. Esos mismos observadores hacen hincapié en que ese apartado de caídas accidentales lleva años evolucionando al alza, hasta alcanzar las 4.814 muertes en 2025.
Sin embargo, los datos de Asturias en este apartado van en la dirección contraria que los nacionales. Entre 2020 y 2023 se contabilizaron en el Principado algo más de 250 muertes al año por caídas accidentales al año. En 2024 se bajó a 227. Y el año pasado la cifra se desplomó hasta las 175.
La valoración de los expertos
¿Cómo valoran los expertos estos datos? A juicio de Susana Al-Halabí, profesora titular del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo y coordinadora del grupo de investigación CIPRES, "si se observa la serie histórica, Asturias no parece mostrar en los últimos años los picos más altos de décadas anteriores". Sin embargo, precisa, "sería un error interpretar esa relativa estabilización como un motivo para la complacencia", dado que "detrás de cada cifra hay sufrimiento, impacto familiar y comunitario, y una necesidad clara de seguir reforzando la prevención y el acompañamiento”. La especialista asturiana sostiene que "no basta con preguntar cuántas personas mueren por suicidio", sino que "también hay que preguntarse en qué contextos viven, qué redes de apoyo tienen, qué barreras encuentran para pedir ayuda y qué condiciones sociales pueden estar intensificando su sufrimiento”.
Mientras tanto, Paz García-Portilla González, catedrática de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, señala que "da la impresión de que el sistema sanitario y las redes de protección social no tienen más capacidad de contención". Y agrega que "sería de gran interés analizar y publicar los datos del Protocolo de Detección y Manejo de las Personas en Riesgo Suicida (PRS) implementado en Asturias en el año 2018, para poder conocer su efectividad y eficiencia reales". Este protocolo, que nació con la intención de ser evaluado y revisado según los resultados obtenidos al año siguiente, "sigue vigente a día de hoy sin que tengamos ninguna información objetiva sobre si este esfuerzo asistencial tiene o no utilidad real", lamenta la profesora Paz García-Portilla.
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