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La paradoja de la sanidad pública: confianza intacta, funcionamiento cuestionado

El nuevo Barómetro del CIS evidencia que los profesionales sanitarios gozan de alta valoración, pero la dificultad para conseguir citas y las largas esperas merman la satisfacción con el sistema

Médicos del Hospital de Cabueñes durante una técnica de colocación de un stent para arterias periféricas fabricadas con materiales bioabsorbibles.

Médicos del Hospital de Cabueñes durante una técnica de colocación de un stent para arterias periféricas fabricadas con materiales bioabsorbibles. / Ángel González

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Zaira Varas

Oviedo

Hay una idea que sobresale nada más echar un ojo al Barómetro de Sanidad del CIS publicado hoy: los españoles siguen confiando en la sanidad pública, pero cada vez muestran más impaciencia con su funcionamiento. En otras palabras, la confianza en el sistema continúa siendo elevada, mientras que la satisfacción con su funcionamiento empieza a resentirse por problemas que llevan años acumulándose, en particular las listas de espera y la dificultad para conseguir una cita médica.

Esta contradicción es probablemente la principal conclusión que puede extraerse del estudio. No se observa un rechazo hacia la sanidad pública; de hecho, incluso entre quienes disponen de un seguro privado, la mayoría considera que, si tuviera que enfrentarse a una enfermedad grave, recibiría un mejor tratamiento en un hospital público. Esto demuestra que la sanidad privada se utiliza, sobre todo, como una forma de ahorrar tiempo y evitar esperas, mientras que la pública sigue siendo percibida como la referencia cuando la situación clínica es realmente importante.

Esta contradicción es, probablemente, la principal conclusión que puede extraerse del estudio. No se observa un rechazo hacia la sanidad pública. Casi tres de cada diez españoles cuentan con algún tipo de seguro médico privado, ya sea contratado por ellos mismos (22,4%) o a través de su empresa (7,1%). Sin embargo, aquí aparece una paradoja bastante interesante: el 60,7% afirma que, si tuviera una enfermedad grave, preferiría ser tratado en la sanidad pública. Es decir, muchos ciudadanos utilizan la privada para ganar tiempo en consultas o pruebas, pero siguen considerando que los hospitales públicos ofrecen las mayores garantías cuando realmente está en juego la salud.

Cambios profundos

De hecho, los datos lo reflejan bastante bien. El 53,5% de la población considera que el sistema sanitario funciona bien o bastante bien, pero casi la otra mitad cree que necesita cambios importantes o incluso profundos. Además, la nota media apenas alcanza un 6,16 sobre 10, una puntuación que aprueba, sí, pero que también deja claro que existe bastante margen de mejora. No parece que los ciudadanos hayan perdido la confianza en la sanidad pública, sino que empiezan a cansarse de problemas que llevan demasiado tiempo sin solucionarse.

Por otro lado, si nos fijamos en los perfiles de quienes optarían por recurrir más a la sanidad privada, también aparecen diferencias significativas. Los cruces del barómetro muestran que son sobre todo los jóvenes, las personas con estudios superiores y quienes pertenecen a clases sociales medias y altas los que presentan una mayor predisposición a contratar un seguro privado. No es casualidad. Son colectivos que, por lo general, disponen de una mayor capacidad económica y conceden más valor a la rapidez. En cambio, las personas mayores y los hogares con menor renta continúan dependiendo casi exclusivamente del sistema público.

Lo más curioso es que esta mayor utilización de la sanidad privada no implica necesariamente una menor confianza en la pública. Más bien ocurre lo contrario. Muchos ciudadanos utilizan ambos sistemas de forma complementaria: recurren a la privada para consultas rápidas o pruebas diagnósticas, pero siguen considerando que los hospitales públicos cuentan con los mejores profesionales y con mayores recursos para tratar enfermedades graves o intervenciones complejas. Esto refleja un modelo sanitario dual que, lejos de sustituirse, convive de forma habitual en una parte importante de la población.

Demoras y alternativas

Pero si una cosa deja clara el informe es que esa insatisfacción no va dirigida hacia los profesionales sanitarios. Más bien ocurre lo contrario. El 84% de quienes acudieron a Atención Primaria valoran positivamente la atención recibida, y tanto médicos como enfermeros obtienen algunas de las puntuaciones más altas del estudio. El problema aparece antes de entrar en la consulta: solo el 21,8% consigue cita el mismo día o al siguiente, mientras que el 71,2% tiene que esperar más de un día, con una demora media superior a los diez días.

Y eso, en realidad, pone sobre la mesa una cuestión importante. Aunque la cobertura sanitaria sea universal, la rapidez con la que una persona puede acceder a determinadas consultas o pruebas empieza a depender, en parte, de su situación económica. Dicho de otra forma, quien puede pagar un seguro tiene una alternativa cuando las listas de espera se alargan; quien no puede permitírselo debe esperar.

Precisamente las listas de espera son el aspecto que más preocupa a los ciudadanos. El 38,3% considera que han empeorado durante el último año, mientras que solo un 10% estima que han mejorado. Además, siete de cada diez personas consideran inaceptables los tiempos de espera para acudir a un especialista. Y claro, cuando estas situaciones se repiten, la percepción general del sistema termina resintiéndose.

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