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Los pintores que vieron el paraíso natural antes que nadie: la historia de la colonia artística de Muros de Nalón

La agrupación que impulsó el pintor Casto Plasencia, maravillado por la belleza de Asturias, sublimó la vida campesina de la región, un lugar alejado y de difícil acceso en el que abstraerse de las dificultades de la vida cotidiana

"El mentidero", óleo de Casto Plasencia (1887) inspirado en la realidad asturiana.

"El mentidero", óleo de Casto Plasencia (1887) inspirado en la realidad asturiana.

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María Dolores Cid

María Dolores Cid Pérez, doctora en Historia del Arte, es la ganadora de la XXV edición del Premio Internacional de Investigación del Foro Jovellanos, que se falló el primer día de este mes, por la obra titulada "Casto Plasencia y la Colonia Artística de Muros de Nalón". El trabajo consta de 250 folios y está estructurado en tres partes: "Vida y obra de Casto Plasencia", "La Colonia de Muros" y "Los coloniales, su antes y después, así como los literatos, periodistas, músicos, diletantes y protectores que la conformaron". El texto que aquí se publica es un resumen de dicha investigación realizado por la propia autora e ilustrado con algunas de las numerosas fotos que incluye la obra

Casto Plasencia fue un destacado y reconocido pintor nacido en Cañizar (Guadalajara) en 1846, que muy tempranamente quedó huérfano y fue recogido por su padrino, el general de brigada Ramón Sandoval, que le proporcionó una esmerada educación y que, en vistas de sus cualidades artísticas, impulsó sus estudios hacia la pintura.

En 1860 comenzó a estudiar en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid donde fue alumno de Federico de Madrazo (1815-1894), Carlos de Haes (1826-1898) y José María Casado del Alisal (1838-1886).

Alcanzó una pensión, mediante un concurso de méritos, para estudiar durante tres años en la Escuela de Bellas Artes de Roma. Allí tenía que pintar anualmente obras que debían enviar a España para comprobar sus avances.

En 1878 presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes la última obra que había realizado en Italia, la titulada "El origen de la República romana", de 4,48 x6,90 m., con la que consiguió una medalla de primera clase y con la que obtuvo una tercera medalla y la Legión de Honor en la Exposición Universal de París del citado año.

Bajo estas líneas, «El mentidero», óleo de  Casto Plasencia (1887) inspirado en la realidad asturiana.

Reproducción de un óleo pintado por Lhardy. / .

Al concluir su pensionado y tras pasar una breve temporada en París se instaló en Madrid, donde estableció su estudio al que acudían numerosos alumnos. Participaba en reuniones y tertulias en las casas de Federico de Madrazo, la duquesa de Medinaceli y el conde de San Bernardo.

El marqués de Linares le encargó decorar parte de su palacio madrileño, donde pintó figuras con una gran amplitud de dibujo, inspiradas en Miguel Ángel (1475-1564). Mientras estaba realizando este trabajo fue contratado para trabajar en la iglesia de San Francisco el Grande junto con otros importantes pintores. Fue el encargado de pintar la Capilla de la fundación de la Orden de Carlos III y su cúpula, con una superficie de 140 m2., que pintó en siete meses.

Castro trabajo durante cinco años en este templo, en el que, aún sin terminar, se celebraron las exequias de Alfonso XII.

Plasencia, miembro de la Sociedad de Acuarelistas de Madrid, fue uno de los socios fundadores del Círculo de Bellas Artes de la capital, que presidió en 1881, donde jugaba a las carambolas asiduamente.

Artistas de la Colonia, fotografiados en el chalé del marqués de Muros en 1889. Sentados, de izquierda a derecha, Plasencia, Adolfo Marín (en el suelo), García Sampedro y Lhardy. De pie, a la izquierda, Félix Granda, y a la derecha de atrás adelante Pla, Antonio Cordero y Heredia.

El antes de la fuente de Roque / .

Participó en las exposiciones que se celebraban en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, el Círculo Artístico y Literario de Madrid y en el de Granada, así como en las organizadas por el Sr. Bosch en Madrid y en las del Sr. Pinelo en Argentina.

Como era un gran aficionado a la música tenía un piano en su estudio y allí se celebraban conciertos y reuniones todos los viernes con un grupo de amigos entre los que se encontraban el cantante Julián Gayarre, el pianista Trajó, el poeta Manuel del Palacio y el grabador Bernardo Rico (1830-1894).

Su alumno Tomás García Sampedro (1860-1937) le invitó a visitar Asturias durante el verano de 1884; se establecieron en La Pumariega, un barrio de Muros de Nalón, donde residía su hermana, viuda de un indiano. Plasencia quedó tan maravillado por la belleza pictórica del paisaje y las costumbres asturianas que difundió entre sus alumnos, amigos y en las tertulias del Círculo de Bellas Artes.

Antes de ir pensionado a Roma ya había emprendido diversas campañas pictóricas en Galicia junto con su amigo Pradilla (1848-1921) en las que pintaban temas costumbristas a "pleinair". Plasencia pensaba que la pintura debía abandonar el interior de los estudios y copiar del natural. Posiblemente conocía los trabajos de la Escuela de Barbizón, los Macchiaioli y los Impresionistas.

Al principio los lugareños les tomaban por comediantes, pero pronto les apreciaron

La fuente de Roque en la actualidad / .

Durante los veranos sucesivos repitió sus estancias en Muros, en casa de los García Sampedro y reunió en torno a sí a pintores, escritores, músicos y diletantes.

El grupo inicial estuvo compuesto por Plasencia, García Sampedro y José Robles (1843-1911), quien, además, fue el cronista del grupo, gracias al cual, a través de sus artículos en "El Carbayón", hemos podido reconstruir la vida en la Colonia; a este grupo inicial se unieron posteriormente amigos y alumnos de Plasencia, así como aficionados asturianos.

En 1886 llegaron nuevos artistas, Márquez (1845-1917), Vicente Bas (act. 1886) y Francisco Alcántara (1854-1930), un cordobés, pintor, escritor, poeta y que además cantaba flamenco y tocaba la guitarra. José Robles narra en una de sus crónicas que ese año era compañero de habitación de Francisco Alcántara, que tocaba la guitarra antes de dormirse todos los días, y que había hecho un bellísimo paisaje de las riberas del Nalón. También indica como Bas, a semejanza de Luca Giordano (1634-1705), pintaba un cuadro al día, diligencia que contrastaba con la habitual pereza del cronista.

Ese año Casto Plasencia pensó en construirse un hórreo para pasar los veranos y se hizo fabricar un bote que tenía una artística vela, en la que pintó una alegoría, al que denominó "Ángelus" en homenaje a la obra de su admirado Millet, que era pilotado por los lugareños Narciso y Currito, quienes, además, recogían los mazaricos y los algarabanes que el patrón cazaba, con mayor o menor fortuna.

1. Reproducción de un óleo  pintado por Lhardy.  
 2. Localizador de Muros de  Nalón en el mapa de Asturias.

3. «Lavanderas», óleo de Casto Plasencia de 1885.

4 y 5. El antes y el ahora de la fuente de Roque. A la izquierda, fotografía por Hause y Menet  en 1920. A la derecha,  en la actualidad.

"Lavanderas", óleo de Casto Plasencia de 1885 / .

Emilia Pardo Bazán opinaba que nadie había sabido captar los verdes de Asturias como Plasencia.

La idea de Plasencia era fijar en la zona a los pintores amigos, que empezaron a seguirle en los siguientes veranos, y, a la vez, atraer a cuantos en un futuro sintieran las mismas inquietudes.

En 1887, los únicos que acudieron a Muros fueron Robles, Plasencia y García Sampedro mientras que en 1888 llegaron Manuel Domínguez (1840-1906), un famoso pintor que había decorado parte del Palacio de Linares y la iglesia de San Francisco el Grande, Lhardy (1847-1918), un conocido paisajista, y Adolfo Marín (1858-1914), un puertorriqueño, al que Robles consideraba un soñador.

En 1888 se incorporó al grupo Marcelina Poncela (1864-1917), que participó en el mismo durante tres años, que corresponden a los veranos, desde mediados del mes de julio hasta principios de septiembre, de los años 1888, 1889 y 1890. Fue la única pintora miembro del grupo.

La Colonia de Muros sublimó la vida campesinas de la región asturiana, simbolizó "la Arcadia feliz", un lugar alejado y de difícil acceso, donde pasaban los veranos por lo que no sufrían las dificultades reales de la vida cotidiana.

Al principio los lugareños les tomaban por comediantes, pero pronto les apreciaron

Uno de los paseos en barco de los coloniales para cazar en la desembocadura del Nalón, inmortalizado en una fotografía de Benjamín del Riego / .

Diariamente salían en grupo a trabajar al aire libre donde pintaban los mismos escenarios, pero a los que cada pintor incorporaba su propia personalidad. Realizaron una pintura lineal de trazos sencillos con la utilización de tonos plateados en la base de sus lienzos. Como casi todos se habían formado en la Escuela Especial, incorporaron al paisaje figuras femeninas de una suave espiritualidad, con rostros ovalados y ensimismados, con un cuidado acabado y una composición muy estructurada; estas sesiones se combinaban con excursiones de caza o pesca y con excelentes comidas, que Lhardy traía desde su restaurante de Madrid. Compartían todo y vestían una ropas similares: camisas de franela, fajas de seda roja o blanca, cinturones de cuero, polainas o botas blancas de fieltro mou. Al principio los lugareños les tomaban por comediantes, pero pronto les apreciaron e incluso les prestaron sus animales para transportas sus pertenencias.

La Colonia, aunque recibía un buen número de artistas, no solía componerse de muchos al mismo tiempo porque había escasez de alojamientos en la comarca, incluso, algunos se alojaban en casas particulares de la zona. Los que tenían una economía más saneada se alojaban en El Parador, una posada o fonda que estaba muy cerca de Muros, entre San Esteban y Soto del Barco.

En Salinas se celebran reuniones a las que asistían, entre otros, Leopoldo Alas "Clarín" y Rogelio Jové, el director de "El Carbayón" La amistad y admiración que sentía Clarín hacia Casto Plasencia se pone de manifiesto en su novela "Doña Berta", en la que el protagonista masculino es un pintor y da el nombre de Casto Pumariega a un personaje de la misma.

Al principio los lugareños les tomaban por comediantes, pero pronto les apreciaron

Artistas de la Colonia, fotografiados en el chalé del marqués de Muros en 1889. Sentados, de izquierda a derecha, Plasencia, Adolfo Marín (en el suelo), García Sampedro y Lhardy. De pie, a la izquierda, Félix Granda, y a la derecha de atrás adelante Pla, Antonio Cordero y Heredia. / .

Los domingos, los coloniales eran invitados a comer por la familia Selgas, en su palacio de El Pitu, en el que Plasencia estaba decorando estancias.

En octubre de 1889 se presentó un proyecto de desecación de casi unos veinte mil metros cuadrados de las marismas en el Gobierno Civil de Oviedo, que fue informado favorablemente por el Ayuntamiento de Muros. El 25 de enero de 1890 hubo un acuerdo municipal para desecar y aprovechar 18.376 metros cuadrados de las marismas en la playa de San Esteban, que fue aprobada por la Junta Provincial de Sanidad en marzo de 1890.

El proyecto quedó frustrado ya que Casto Plasencia murió repentinamente en mayo de ese mismo año, cuando ya tenía los planos de los chalets realizados por sus amigos.

José Robles se encontraba en París cuando falleció Casto Plasencia y propuso que se perpetuara la memoria de Plasencia con un bajo relieve en la fuente de Roque y subrayó :

"Currito, aquel niño que guiaba la barca de Plasencia, pereció ahogado; Josefa, la paisana que inmortalizó en sus últimos cuadro, murió de tifus; el sabio y bondadoso Cañete, que con Arrieta visitó Muros el verano del 91, falleció en Madrid dos meses después. ¡Qué triste es recordar, cuando los recuerdos más brillantes se empañan con crespones negros!".

Tomás García Sampedro consiguió que Mariano Benlliure (1862-1947) fuese a Muros en 1894, pero todo se desmoronaba e incluso las aportaciones de los artistas de la Colonia empezaron a ser cuestionados en Madrid donde sus obras eran calificadas como "ensaladas asturianas", por lo que Sampedro concurrió a la Exposición Nacional de 1897 con un cuadro de gran tamaño titulado Riberas del Nalón, en la que obtuvo un gran éxito y recibió el título de Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III.

Francisco Alcántara, crítico artístico y colonial, comentó que "con ella, el discípulo predilecto de Plasencia honraba a su maestro y a su patria".

Otra iniciativa destinada a revitalizar la Colonia fue un número especial de la revista "El Nalón", de fecha 1 de julio de 1897 dedicada a Casto Plasencia en el que se incluía un artículo de Clarín titulado "Asturias estética".

La puesta en marcha del ferrocarril vasco-asturiano, para descargar carbón en San Esteban, inaugurado en 1906, acabó por transformar el paisaje de la desembocadura del Nalón, cuyas aguas se vieron ennegrecidas por el polvillo del carbón.

Hay constancia de que Sorolla (1863-1923) tenía la intención de formar en la zona levantina una colonia, tomando como ejemplo la de Muros, posiblemente por este motivo acudió a Muros durante los veranos de años posteriores.

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