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Asturias se echa a la calle para celebrar el pase de España a la final del Mundial: un triunfo como una catedral

"¡Qué escándalo!, ¡qué baile!, ¿cómo podemos ser tan buenos?", aclama la afición ovetense en una plaza a reventar para acompañar a España en su rotunda victoria ante Francia entre olés

La afición aborrata el parque Hermanos Castro para disfrutar del pase a la final ante Francia al ritmo de la canción oficial de la selección y con un solo grito: "¡Yo soy español!"

El Parque Hermanos Castro, en Gijón, se rinde a La Roja en una noche de euforia, banderas y cánticos hacia la final

Vídeo: Demi Taneva Foto: Luisma Murias / Marcos León

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El partido de semifinales que enfrentaba a España contra Francia fue seguido con entusiamo a través de dos pantallas instaladas en la plaza de la Catedral de Oviedo y el parque Hermanos Castro de Gijón, un encuentro que, tras el triunfo de España y su pase a la final del Mundial hizo que Asturias se echase a la calle.

Así en Oviedo, en la plaza de Alfonso II el Casto, la conocida popularmente como la de la Catedral de Oviedo, no se escuchaba otra cosa que música en español y las canciones que acompañaron el Mundial de Sudáfrica. Dieciséis años después, la ciudad parecía empeñada en revivir aquellos recuerdos. La ilusión era la misma, aunque esta vez con una generación distinta como protagonista. "Hoy es más olé que allez", resumía entre risas Samuel Fernández antes del comienzo del encuentro. La alegría duró hasta bien entrenada la noche.

La plaza estaba abarrotada mucho antes del pitido inicial. Camisetas de la selección, gorros, bufandas y caras pintadas teñían de rojo un espacio en el que apenas cabía un alfiler. Algunos protestaban porque la pantalla estaba demasiado baja y desde el fondo apenas se veía, pero nadie parecía dispuesto a marcharse. Cuando sonó el himno de España, la plaza lo cantó con tanta fuerza que daba la sensación de que querían que también se escuchara al otro lado del Atlántico, en Dallas.

Daniel Álvarez celebraba la iniciativa de instalar una pantalla gigante. "La gente puede juntarse y hay mucho más ambiente. El partido lo veo complicado, pero en España siempre se confía. Si jugamos bien, ganamos seguro. Hoy es el partido de Lamine Yamal", aseguraba.

Samuel Fernández había venido desde Ujo para vivir el encuentro rodeado de aficionados. "Los partidos de la fase de grupos los vi en casa con la familia, pero esto había que vivirlo aquí", contaba. Aunque reconocía que el duelo sería complicado, no perdía el optimismo. "Al final España es más olé que allez". En la mochila llevaba un bocadillo de tortilla francesa. "Pero con muchos huevos, como España", bromeaba.

Para Alejandra Gómez también era especial. "Esto es algo único. Es la segunda vez que estamos en unas semifinales. Yo en 2010 tenía 12 años y me acuerdo de todo", recordaba emocionada.

Junto a Samuel Fernández estaba Alba Silva, de Mieres, que seguía el partido con un aliciente añadido. Entre bromas, ambos aseguraban que si España levantaba el Mundial, Samuel le pediría matrimonio.

También había quien había recorrido cientos de kilómetros para no perderse la cita. Félix Pérez llegó desde Madrid esa misma mañana para reunirse con sus amigos. "Y ya me quedo toda la semana, por si jugamos la final", decía convencido.

Hugo Gudín esperaba que la selección cambiara el ritmo de un torneo que, a su juicio, había dejado pocos encuentros memorables. "Está siendo un Mundial muy aburrido porque el balón rueda lento. Pero el partido de hoy va a ser muy bueno, entretenido. Hoy España va a dar la sorpresa".

La explosión llegó en el minuto 22. Mikel Oyarzabal transformó un penalti y la plaza estalló. Algunos ya se atrevían a cantar "campeones del mundo", mientras otros intentaban rebajar la euforia con un prudente "queda mucho partido". Los seis minutos de añadido antes del descanso se hicieron interminables.

La tranquilidad llegó tras el descanso. En el minuto 58, Pedro Porro amplió la ventaja y la emoción se desbordó. Entre lágrimas y abrazos comenzó a sonar un "¡Español, el que no bote!".

Dos minutos después, Lamine Yamal marcó el que parecía el tercer tanto, pero justo en ese instante la pantalla gigante de la plaza se apagó. Durante unos segundos nadie entendía qué estaba ocurriendo. Cuando volvió la imagen, el gol ya había sido anulado. Con el paso de los minutos, los nervios sustituyeron a la euforia. En el 80, una intervención salvadora de Unai Simón hizo contener la respiración a toda la plaza. "Dios es español", gritó un aficionado mientras el resto respiraba aliviado.

Poco después, Oviedo respondió con una gran ovación para Pedro Porro y la entrada de Álex Baena. "Qué buenos somos, tío. Qué escándalo, qué baile", se escuchaba entre el público. La pregunta era casi retórica: "¿Cómo podemos ser tan buenos?".

Los siete minutos de descuento parecieron eternos para toda España. Pero conforme el reloj se acercaba al final, los "olé, olé, olé" comenzaron a imponerse en la plaza. Esta vez, como había anticipado Samuel Fernández, eran olé, y no allez.

El pitido final confirmó que España volverá a disputar una final del Mundial, la segunda de su historia. La primera terminó con una estrella sobre el escudo. La segunda puede que ya se esté bordando, aunque tendrá que esperar al próximo domingo y a conocer hoy quién será su rival tras el partido entre Argentina e Inglaterra. Una cosa sí había una cosa clara: "Hoy se cena tortilla de patata".

Gijón

Centenares de aficionados empujaron este martes a España desde Gijón. La pantalla gigante colocada en el parque Hermanos Castro ejerció de ventana hacia Dallas para alentar a una selección que volvió loca a toda la ciudad. Desde el primer gol de Oyarzabal, hasta el segundo y definitivo de Porro. "Yo soy, español, español, español", corearon los seguidores gijoneses antes de continuar con la fiesta al ritmo de "La Roja baila" (canción oficial de la selección en este Mundial) para disfrutar de la victoria ante Francia y el pase a la final 16 años después.

El parque Hermanos Castro comenzó a calentarse mucho antes del pitido inicial. Desde las siete de la tarde, cientos de aficionados fueron llenando el recinto habilitado para seguir el Francia-España en una pantalla gigante, rodeada de food trucks y barras en las que no dejaron de servirse bebidas mientras sonaban cánticos y bocinas. La sensación era la de una gran previa de fútbol, con familias, grupos de amigos y aficionados de todas las edades compartiendo la misma ilusión: ver a la selección dar un paso más hacia la final.

El ambiente fue creciendo conforme se acercaba el inicio del encuentro. La presentación de los equipos estuvo marcada por los silbidos del público al sonar el himno francés y también durante la aparición de los jugadores galos sobre el césped. Los mayores pitos se los llevaron Kylian Mbappé y Adrien Rabiot, mientras que, en el lado español, la lectura de las alineaciones desató una sonora ovación para Mikel Oyarzabal y, sobre todo, para Lamine Yamal.

Entre la multitud también destacaban algunas camisetas azules de Francia. Un grupo de amigos franceses, Milo Thiam, Arié Benzakin, Mikoaï Bidard, Paul Legrand y David Rey, no escondía su confianza pese a estar rodeado de seguidores españoles. "Vamos a ganar, joder", aseguraban entre risas. Pronosticaban un 2-1 o un 3-1 para los de Didier Deschamps, con Mbappé y Dembélé como protagonistas del marcador. "España es un buen equipo, pero Francia es mejor", defendían. Varios de ellos se encuentran de vacaciones en Asturias o visitando a familiares españoles y reconocían que vivir un España-Francia en territorio español hacía la experiencia "todavía más especial".

Muy distinta era la opinión de la familia formada por María Llanos, Paulina Camargo, Marcelo Llanos e Ine Llanos. Para ellos el partido era "muy ganable". Apostaban por un 2-0 para España, con goles de Lamine Yamal y Pedri, aunque alguno elevaba el optimismo hasta un rotundo 5-0. "Somos mejores", repetían convencidos mientras observaban cómo el recinto seguía llenándose de aficionados.

En la zona VIP, Eva Navarro, Sara Pérez y Marius Draigus también respiraban optimismo. Su apuesta era un 2-1 para España, con tantos de Lamine Yamal y Mikel Merino. "Vamos a ir a por ellos igualmente", aseguraban, convencidos de que la selección estará en la final. Incluso ya tenían preparado el plan para una hipotética conquista del título. "Si España gana el Mundial, venimos con el bañador puesto y nos vamos directos a bañarnos a San Lorenzo", comentaban entre risas. Después, añadían, tocaría hacerse con la camiseta de la selección con la segunda estrella.

Con el balón ya en juego, el Parque Hermanos Castro terminó de convertirse en una pequeña grada de la selección española. Cada acercamiento de España fue recibido con aplausos y gritos de ánimo, mientras que las posesiones de Francia estuvieron acompañadas de silbidos y gestos de desaprobación.

La euforia se desató en el minuto 22. Una falta de Lucas Digne sobre Lamine Yamal dentro del área acabó en penalti para España y Mikel Oyarzabal no falló desde los once metros. El Parque Hermanos Castro estalló en un rugido de alegría, con abrazos entre desconocidos, vasos al aire y cientos de aficionados celebrando el 1-0 frente a la pantalla gigante. El delantero de la Real Sociedad, uno de los futbolistas más ovacionados durante la lectura de las alineaciones, respondió a ese respaldo adelantando a la selección y desatando la locura entre los seguidores congregados en el recinto.

Tras el gol de Pedro Porro en el minuto 58, la euforia se apoderó por completo del Parque Hermanos Castro para ya nunca irse. Los aficionados enlazaron la celebración con un unánime "Yo soy español, español, español", que retumbó por todo el recinto mientras los abrazos, los saltos y las banderas teñían de rojo la grada improvisada.

En el minuto 60, la celebración volvió a desbordarse con un gol de Lamine Yamal que hizo estallar de nuevo al Parque Hermanos Castro. Sin embargo, la fiesta colectiva apenas duró unos instantes, ya que el tanto fue anulado, enfriando de golpe la euforia de los aficionados. No importaba, el partido estaba muy encaminado. La fiesta en Gijón continuó más allá del pitido final.

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