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Javier Fernández Lanero, secretario de UGT Asturias: "El Estado debe poner orden para el acuerdo entre Indra y Duro"

"Podemos ser el polo de Defensa en el Norte, aprovechémoslo"

"Se está confundiendo absentismo con derechos de los trabajadores"

Javier Fernández Lanero, en su despacho en la sede de UGT en Oviedo.

Javier Fernández Lanero, en su despacho en la sede de UGT en Oviedo. / Luisma Murias

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Pablo Castaño

Pablo Castaño

Oviedo

A Javier Fernández Lanero (Mieres, 1973) le gustaría que esta noche ganara el Mundial la selección española. Afirma que es un deseo que va más allá de los colores. "Sería el triunfo de lo colectivo sobre el individualismo", asegura quien, durante la última década, ha capitaneado la UGT de Asturias. El fútbol surge al final de una conversación que arranca con los ausentes en el trabajo.

El absentismo, ¿es un problema real en Asturias?

Estamos ante un lenguaje de la confusión. Se confunde lo que es absentismo con lo que son derechos de los trabajadores. El absentismo es la falta injustificada al puesto de trabajo. Y eso se mezcla con los permisos por maternidad, por paternidad, para acudir al médico, por cuidado de familiares... que son derechos recogidos en los convenios y en el Estatuto de los Trabajadores.

¿Y las bajas?

Cuando hablamos de bajas laborales también se confunde todo. No se diferencia entre las bajas por accidente de trabajo o enfermedad profesional, que tramitan las mutuas, y las bajas por enfermedad común, que se tramitan a través del servicio público de salud. Se mezclan todos los datos en un cóctel y se sacan conclusiones que, al final, son ficticias. No hay un aumento del absentismo como tal, si entendemos absentismo como falta injustificada. Lo que sí hay es un aumento significativo de las bajas laborales y un intento interesado de criminalizar a los trabajadores y, sobre todo, a las personas que están enfermas. Lo que la sociedad percibe cuando se habla de esto es que no quieren trabajar. Y no es así.

¿Por qué aumentan las bajas?

Por el envejecimiento de la población, porque han aparecido los riesgos psicosociales, porque han aumentado los ritmos de trabajo y porque tenemos una congestión de nuestros servicios públicos de salud. También hay una infradeclaración de enfermedades profesionales. Si hablamos de cáncer, por ejemplo, en Alemania se reconocen 6.500 casos de origen profesional al año y en España 100. Eso demuestra que hay enfermedades profesionales que no se están declarando como tales.

¿Qué hay que hacer para reducir las bajas?

Evitar que la gente enferme. Y para ello, en los centros de trabajo hay que actuar sobre la prevención. Además hay que dotar de más recursos a nuestro sistema público de salud para que la gente tenga el diagnóstico cuanto antes y puede ser tratada.

¿No se hace prevención?

Para saber qué está pasando hay que hacer evaluaciones de riesgos psicosociales. Esas evaluaciones permiten detectar sobrecarga de trabajo, ritmos excesivos, mal ambiente... situaciones que luego pueden derivar en estrés, depresiones y bajas. Las bajas por salud mental ya son las segundas más frecuentes tras las lesiones musculoesqueléticas. En Asturias, solo el 4% de las empresas hacen evaluaciones de riesgos psicosociales. Lo sabemos por los delegados de salud laboral que visitan las empresas. Es un dato oficial. Además, en Asturias se hacen unas 9 millones de horas extraordinarias al año, de las cuales unas 3,5 millones no se cobran ni cotizan. Eso va en detrimento de la salud de las personas. Y estamos viendo un nuevo fenómeno que no está contemplado en la prevención: la penetración de la inteligencia artificial en los puestos de trabajo. Puede generar ritmos obsesivos y una vigilancia asfixiante para el trabajador.

Los empresarios aseguran que hay pymes en serios problemas por las bajas.

Yo soy consciente de que esto es un problema, pero hay que abordarlo quitando populismo y posiciones extremas. Hay que abordarlo de manera integral y desde la prevención. Los sindicatos acordamos con la CEOE la creación de un observatorio de las bajas laborales para saber qué está pasando, para tener datos que nos permitan tomar medidas. Sin embargo, ese observatorio aún no se ha creado.

Asturias ha superado los 400.000 afiliados a la Seguridad Social, pero es la única comunidad que no ha recuperado los niveles de empleo de antes de la última recesión. ¿A qué se debe?

Asturias tiene una pérdida de actividad industrial y un declive demográfico importante. Tenemos problemas estructurales en el desempleo: un 46% de parados de larga duración y un desempleo juvenil muy elevado. Eso choca con el discurso de las empresas que dicen que prácticamente todas las actividades son de difícil cobertura. No encuentran profesionales a pesar de esos datos de desempleo. Tenemos que saber, del total de desempleados, cuántos están realmente en condiciones de trabajar y cuántos están en situaciones de difícil reinserción. Hay que conocer esa realidad y actuar con políticas de recualificación. Si tenemos desempleados y, al mismo tiempo, empresas que no encuentran trabajadores, algo no se está gestionando adecuadamente.

¿Qué recualificación hace falta?

Hay que recualificar en función de las demandas reales que hay en Asturias. Además, la inteligencia artificial ya ha penetrado en el 20% de las actividades, y eso obliga a actualizar conocimientos. Necesitamos una mesa sobre desequilibrios entre oferta y demanda para ver sector a sector qué está pasando.

En los próximos meses también empezará a notarse el impacto laboral de la regularización de inmigrantes. ¿Qué espera?

Hay que verlo como una oportunidad. Hay que trabajar en la integración de todas las personas migrantes que ya están aquí, que se regularizan y que tienen que incorporarse al mundo laboral. Algunas ya trabajan, pero otras pasarán a formar parte de las personas disponibles para trabajar. Espero que tenga un impacto positivo.

¿Le preocupa la creciente terciarización de la economía asturiana?

No tiene por qué ser negativa. Sectores como la hostelería, el turismo o el comercio son muy importantes, pero hay que mejorar sus condiciones laborales. Y estamos viendo cómo la contratación de muchos servicios por parte de la Administración genera fórmulas de precariedad, con contratas que tiran los precios a la baja. Asturias tiene una base industrial que debe estar compensada con sectores como el turismo, que está en auge y puede generar actividad económica y empleo.

¿La base industrial es sólida?

Es potente y hay nuevas oportunidades en defensa, con la llegada de Indra, y proyectos como el de Sunwafe en la ZALIA para fabricar lingotes y obleas de silicio, otros vinculados a la eólica marina y a los paneles solares, el aprovechamiento de instalaciones como las de Danone o la mina de oro de Salave. Hay una serie de proyectos anunciados que necesitamos que vean la luz y el desarrollo del anillo eléctrico es clave para esa nueva industria. Si queremos atraerla necesitamos garantizar suministro y capacidad eléctrica.

ArcelorMittal sigue siendo el motor industrial. ¿Qué balance hace de sus 20 años en Asturias?

Siempre hemos negociado y acordado medidas para garantizar la continuidad de la siderurgia en Asturias. El trabajo de las secciones sindicales ha sido muy productivo. Es verdad que llegó a tener en su día 30.000 trabajadores, que hace 20 años, cuando se constituyó ArcelorMittal, tenía unos 7.500 y que hoy estamos en torno a 5.000. Pero siempre hemos sido capaces de mantener capacidad productiva y siempre hemos pedido inversiones para que la empresa siga actualizándose.

¿Cuáles son vitales?

Estamos presionando para que, cuando se decidan poner en marcha los DRI en Europa con hidrógeno, se cumpla el compromiso de hacerlo en Asturias. También defendemos el horno de arco eléctrico de Avilés y que no haya deslocalizaciones de ninguna línea de actividad productiva o técnico-administrativa. La producción de acero es estratégica para España y para Europa. Por eso les pedimos soporte, que no permitan competencias desleales y que haya precios de la energía competitivos.

¿Corren peligro los planes de Indra en Asturias?

Quiero pensar que no. El sector de la defensa es una oportunidad real para Asturias de generar actividad productiva y empleo de calidad. Además, la industria de Defensa tiene un componente tecnológico y de innovación muy importante. Hemos pedido desde el primer momento una línea de trabajo y colaboración entre Indra y Santa Bárbara. Santa Bárbara tiene "knowhow", tecnología y licencias, e Indra es la empresa por la que ha apostado el Estado para desarrollar este aumento de inversión en Defensa. Tiene que haber colaboración porque hay capacidad y recursos económicos para que ambas salgan beneficiadas y eso se traduzca en empleo y actividad productiva en Asturias.

Indra no logra adquirir el taller de Barros para su segunda fábrica de blindados.

Pedimos sentido común. Es difícil entender que una empresa como Indra, donde la SEPI tiene una participación importante, y una empresa como Duro Felguera, donde la SEPI no tiene acciones pero sí es el acreedor principal tras invertir cientos de millones, no se pongan de acuerdo. La sociedad no entiende estas cosas. Una empresa asturiana que hemos rescatado varias veces, y otra empresa donde participa el Estado, deberían ser capaces de llegar a un acuerdo. Pido responsabilidad, menos espectáculo y negociaciones que lleguen a buen término. No se entiende que el Estado no ponga orden.

Puede ser incluso una oportunidad para Duro aliarse con una empresa con grandes proyectos.

Claro. Duro Felguera ha vivido un rescate tras otro y cada gestión que ha llegado ha sido peor que la anterior. El sector de defensa es una oportunidad real, los recursos económicos están ahí y Asturias tiene empresas con conocimiento, con saber hacer y con plantillas preparadas. Podemos ser un polo de defensa en el Norte. Aprovechémoslo. Da la sensación de que cada vez que se quiere poner aquí una actividad productiva aparecen problemas en vez de soluciones.

El Ministerio rechaza abordar la integración ferroviaria de Asturias en el ancho europeo. ¿Un nuevo golpe a la industria y los puertos?

No estamos para obras fantasmagóricas. Lo importante, urgente y necesario es que la vía de Pola de Lena a Gijón se arregle, eliminemos curvas y fondos de saco y que puedan pasar trenes de mercancías de más de 750 metros de largo. No renunciamos al ancho europeo, pero hay que hacerlo con tiempo, con presupuestos posibles, y con proyectos empresariales sólidos que empujen por ello. Lo importante ahora es que el AVE y las mercancías lleguen a Gijón en el menor tiempo posible.

En materia fiscal, el Gobierno regional plantea rebajas para las clases medias. ¿Lo apoyan?

No conocemos aún todos los datos. Estamos en un proceso en el que, por una parte, está el modelo de financiación autonómica y, por otra, una propuesta de rebaja del IRPF a las clases medias. Nuestro criterio es rebajar impuestos a quienes menos tienen y que paguen más quienes más tienen. Y siempre bajo una premisa: hay que pagar impuestos. No somos la Comunidad de Madrid, que pide muchos recursos vía modelo de financiación mientras baja los impuestos. Hace una competencia desleal. El salario de los trabajadores sube, pero esa subida se la come la inflación. Y al mismo tiempo, por el efecto de ganar más, se corre el riesgo de pasar de tramo y que se nos aplique más IRPF. Eso empobrece a la clase trabajadora. Que se actúe por esa vía lo puedo entender.

¿Apoyaría una deflactación del IRPF?

Deflactaciones generalizadas, nunca. Si hablamos de actuar en salarios bajos, sí se puede estudiar. Pero es importante ver el dibujo final. La arquitectura fiscal tiene que garantizar que Asturias reciba los mismos recursos económicos, porque esa es la manera de sostener los servicios públicos y es la herramienta de redistribución de la riqueza más extraordinaria que tenemos.

La inteligencia artificial (IA) aparece cada vez más en el debate laboral.

La inteligencia artificial ha venido para quedarse. No tiene sentido rechazarla, pero hay que garantizar que no sea una amenaza. La inteligencia artificial no puede ser el patrón del siglo XXI. No puede sustituir la figura del empresario ni convertirse en una caja negra inaccesible para los trabajadores y sus representantes. Las herramientas de inteligencia artificial, los algoritmos y los sistemas que se utilicen tienen que ser transparentes y auditables.

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