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José María Ortiz, nuevo rector de la Universidad Nebrija: "Nuestro modelo universitario para Asturias es como Maastricht o Coimbra, integrado en el tejido urbano”

"Llevamos dos siglos en los que quien financia la universidad no quiere renunciar a controlarla por completo"

José María Ortiz, nuevo rector de la Universidad Nebrija.

José María Ortiz, nuevo rector de la Universidad Nebrija. / U.N.

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C. Jiménez

Oviedo

El profesor José María Ortiz Ibarz es el nuevo rector de la Universidad Nebrija. Releva en el puesto a Montserrat Gomendio. Previamente, Ortiz había ejercido como Vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado, y como decano de la Nebrija Business and Technology School.

-Llega al Rectorado en un momento de irrupción tecnológica, internacionalización del talento y una competencia cada vez más global redefiniendo las reglas del sector de la enseñanza también, obligando a las instituciones a revisar tanto sus programas como sus modelos docentes. ¿Cuáles son los objetivos para esta nueva etapa de Nebrija?

-El objetivo podría resumirse en seguir atentos a las necesidades sociales, con gran capacidad de adaptación e innovación; tener los ojos y los oídos muy abiertos para aprender a trabajar (alumnos, profesores y empleados) con la IA; seguir investigando en ciencia cognitiva para llevar a nuestras metodologías las nuevas formas de aprender; y desplegar modelos de negocio y modelos educativos disruptivos. Queremos que Nebrija siga creciendo, en Madrid, en el resto de España, y en el extranjero. En particular, nuestra oferta en ciencias de la salud tiene todavía muchas posibilidades de incrementar los programas de grado y postgrado. Siempre con un propósito, que en estos momentos podría cifrarse en el impacto de la nutrición y el deporte en la salud mental y la longevidad. Sabemos, efectivamente, que trabajamos en un sector muy regulado; y que la hiperregulación suele generar concentraciones y alianzas.

-¿Qué representa para usted como Rector la apertura de los nuevos centros Nebrija el próximo curso en Avilés y en Baleares? 

-Estas dos aperturas tienen algo en común, y algo un poco distinto. La apertura de nuevos centros demuestra una clara voluntad de seguir creciendo, y de acercar nuestra oferta, poco a poco, a comunidades diferentes a la que estamos adscritos jurídicamente como Universidad. Para ello hemos elegido la fórmula de los centros adscritos, porque es la que la legislación universitaria nos permitía. Con esta fórmula necesitamos la aprobación de la comunidad en la que vamos a impartir docencia, y de la Comunidad de Madrid (cuya Agencia de Calidad nos ha aprobado en su momento las titulaciones oficiales que podemos ofertar); vemos estas gestiones como una oportunidad de dar a conocer nuestro proyecto educativo y nuestro compromiso por cumplir todos los estándares de calidad. En ambos casos, en Avilés y en Manacor, vamos a comenzar con los estudios de Enfermería.

-¿Y qué tiene Avilés de distinto?

-En primer lugar, Nebrija siempre ha sentido un orgullo especial por sus orígenes asturianos. Y además porque en el caso de Avilés nuestra presencia nos va a permitir contribuir a la puesta a punto de su patrimonio. De acuerdo con las autoridades locales vamos a contar con un auténtico campus urbano distribuido por el centro histórico (edificio de Maqua, Palacio de Camposagrado, naves de Balsera). Se trata de un planteamiento parecido al que han seguido universidades europeas como Maastricht o Coimbra, donde los edificios universitarios se integraron en el tejido urbano. 

-¿Cuál fue el motivo de elección de esos estudios para las dos sedes?

-La identificación de una demanda creciente de formación en las profesiones de salud. Y en la elección de ambas ha influido sin duda el hecho de que las universidades públicas no impartieran programas oficiales en esas ciudades. De este modo conseguimos acercar la enseñanza universitaria a una ciudad que hasta ahora no contaba con ese servicio. Porque la llegada de una sede universitaria suele producir efectos mucho más amplios que el mero incremento del número de estudiantes. Existe un impacto económico inmediato que puede hacer que el centro universitario llegue a convertirse en uno de los principales empleadores locales. Pero, sobre todo, existe un impacto económico a medio y largo plazo a través de la atracción y retención de talento, del incremento del capital humano, de la innovación y el emprendimiento. Un centro universitario suele introducir una actividad relativamente estable y menos expuesta a ciclos económicos. Y proporciona prestigio e imagen para la ciudad: mejora la marca territorial, aumenta la visibilidad nacional e internacional, facilita la captación de inversiones y congresos, y produce dinamización cultural. 

-¿Cómo afronta el relevo? ¿Ha sido un salto abrupto al estar la anterior rectora solo unos pocos meses?

-La verdad es que el salto no ha sido nada abrupto. Ya estuve en Nebrija hace 20 años, implantando los planes de estudios del llamado Plan Bolonia (2007). Y he seguido muy de cerca el crecimiento, el posicionamiento, y las nuevas sedes de la Universidad durante los últimos quince años. Cuando regresé a Nebrija hace casi dos años lo que más me sorprendió no fue tanto el tamaño (45 grados, entre ellos Medicina, y 62 másteres universitarios) sino sobre todo la investigación que se está llevando a cabo: 10 doctorados; 69 proyectos europeos, nacionales y regionales; 19 grupos de investigación; 17 cátedras y observatorios. Por lo que he vivido en otras universidades no es normal ese crecimiento en tan pocos años. Los meses anteriores al nombramiento como Rector, he podido conocer muy de cerca a las personas que trabajan en Nebrija, así que una vez cogido el pulso ahora toca impulsar.  Los momentos que vivimos demandan “ambidestreza organizativa", de forma que conviven tradición e innovación; espíritu universal y arraigo.

-¿Cómo ha visto cambiar la gestión académica desde sus inicios al momento presente?

-A lo largo de mi vida universitaria me ha tocado hacer casi de todo. Con el paréntesis de unos años dedicado a la consultoría de gobierno corporativo, he sido rector, vicerrector, secretario general, decano, vicedecano, director comercial, director de recursos humanos, o secretario de departamento. Pero nada es comparable al contacto con los alumnos. Es nuestra vocación: crecemos viéndolos crecer, y ayudándoles a crecer. La universidad constituye un observatorio privilegiado de los cambios sociales, y durante las últimas décadas he podido asistir en primera fila a la internacionalización de las nuevas generaciones, a su búsqueda de autonomía e independencia, e incluso a sus decepciones por el mundo que les estamos dejando. Ciertamente, la gestión en nuestras universidades está mucho más profesionalizada que hace 30 años: la búsqueda de talento, el posicionamiento, o la diferenciación, ocupan nuestra cabeza y nuestra agenda como nunca. Pero lo esencial sigue siendo la generación de comunidades de aprendizaje.

-La Inteligencia Artificial o la Ingeniería Biomédica, tienen ya presencia en la oferta académica de su Universidad. ¿En qué más ámbitos prevé que cambiará?

-Ampliaremos la oferta académica para seguir dando respuesta a los cambios del entorno. En particular seguiremos atentos a la necesidad de un conocimiento cada vez más interdisciplinar, más transversal. En ocasiones lo hacemos con nuevos grados o másteres (Lingüística Computacional; Business Communication and Digital Media; Dirección y Gestión de la Ciberseguridad; Business and Technology; Philosophy, Politics and Economics; Ingeniería Matemática; Microbiota Humana; Bioinformática).  Y en otras ocasiones abordamos la interdisciplinariedad con dobles titulaciones (Administración de Empresas y Derecho; Economía y Negocios Internacionales, y Análisis de Negocios; Derecho y Criminología; Administración de Empresas y Psicología; Publicidad y Marketing; Publicidad y Comunicación Estratégica; Física y Matemáticas; Relaciones Internacionales y Lenguas Aplicadas; Educación Primaria y Psicología). Somos conscientes de que el desarrollo de la Inteligencia Artificial seguirá abriendo nuevas demandas formativas en Energía, Ingeniería, Economía y Derecho Aeroespacial, Computación Cuántica, Ciencia Cognitiva, o Matemáticas y Filosofía. Por otra parte, nuestra historia nos ha llevado a introducirnos más recientemente en las ciencias de la salud.  También estamos comenzando a plantear los modelos innovadores recogidos en la legislación universitaria más reciente: grados abiertos; grados duales; microcredenciales que configuren itinerarios formativos flexibles, microgrados, y micromásteres.

-En Asturias, donde tendrán presencia próximamente a través del centro adscrito, se ha abierto el debate sobre la convivencia del sistema público con el privado. Ustedes que en Madrid ya lo han superado hace tiempo, ¿cómo viven esa discusión?

-La educación, también la universitaria, es parte del bien común: un servicio público cuya finalidad es una sociedad más culta, más innovadora, más libre y capaz de afrontar sus desafíos gracias a la formación continua de sus ciudadanos. Sin embargo, ese servicio público, como tantos otros, puede ser proporcionado por entidades públicas o por entidades privadas. Lo importante es que se garantice el servicio para todos, y que sea de calidad. Y sobre cómo articularlo puede ayudarnos recordar los orígenes de la institución universitaria.  Desde los inicios del siglo XIII, hasta bien entrado el siglo XVIII las universidades europeas vivían en un equilibrio entre tres actores principales del sistema. Por una parte, el promotor (que solía ser un monarca, y a veces un obispo); en segundo lugar, existía un certificador (el papado, que autorizaba la licencia para enseñar y daba reconocimiento a los títulos más allá del territorio donde se obtenían, así como capacidad para desplazarse a los profesores); y en tercer lugar existía una comunidad universitaria (que ejercía el autogobierno, a modo de un gremio). Durante el siglo XIX, el Estado fue sustituyendo a la Iglesia como fuente principal de legitimidad de las universidades. Recientemente hemos visto cómo el Espacio Europeo de Educación Superior ha vuelto a una certificación universal; pero las agencias de acreditación que tenemos en nuestro país son de titularidad pública, por lo que ese pilar está en manos de uno de los promotores. Y, tras más de cinco siglos en los que la institución universitaria funcionaba gracias al equilibrio entre tres poderes (quien financia, quien certifica la calidad, y quien imparte la enseñanza), con la llegada del Estado Moderno llevamos dos siglos en los que quien financia la universidad no quiere renunciar a controlarla por completo.

-¿Cómo viven esa realidad las universidades privadas?

-Muy deportivamente. No tenemos ningún problema en que se garantice la calidad, ni en rendir cuentas ante la sociedad. Los retos nos encantan, porque no consideramos que estemos compitiendo contra nadie; competimos “con”, no “contra”. Y la competencia así entendida nos ayuda a todos a mejorar. Nebrija, dentro de las universidades privadas, tiene una identidad singular, ya que no está promovida por ninguna institución confesional, ni por fondos de inversión. Somos una empresa familiar que siempre se ha financiado con recursos propios. Sentimos un enorme respeto por las demás universidades, públicas y privadas, y día a día tratamos de aprender de lo mejor que encontramos en todas ellas. Por nuestros orígenes familiares, además siempre hemos mirado con admiración lo mejor de la historia que encierra la Universidad de Oviedo. Uno de nuestros rectores, el profesor José Muñiz, fue antes decano y vicerrector en la Universidad de Oviedo, una universidad que desde el escritor y catedrático Leopoldo Alas Clarín, y el sociólogo y jurista Adolfo Posada, hasta el historiador Rafael Altamira, el lingüista Emilio Alarcos Llorach, o el filósofo Gustavo Bueno, ha sabido caminar bajo el espíritu de Feijoo y Jovellanos. Y que ha contado en nuestros días con rectores de gran proyección nacional, como Torcuato Fernández Miranda o Juan Vázquez.

-¿En qué punto están las relaciones entre Nebrija y las empresas en un marco de acercamiento cada vez más frecuente entre el sector privado y las universidades?

-La cercanía de la universidad a las empresas e instituciones es imprescindible tanto para conocer sus necesidades como para tratar de satisfacerlas. Necesitamos saber qué conocimientos, habilidades y competencias se requieren en las diferentes profesiones, para introducirlos en nuestros contenidos, metodologías y resultados de aprendizaje. Nuestros puntos de encuentro con las empresas e instituciones son muy numerosos. Tenemos consejos asesores en diferentes áreas de conocimiento; algunas titulaciones están directamente impulsadas por empresas; otras colaboran a través de cátedras y observatorios. Y en todas nuestras titulaciones los alumnos realizan un período de prácticas profesionales.

-Nebrija ocupa uno de los primeros puestos en los rankings en inserción laboral de sus egresados. ¿Cuál es la clave del éxito?

-Nebrija fue la primera universidad española en introducir prácticas obligatorias en todos sus grados. Teníamos claro desde el inicio que era una seña de identidad. Por eso nos ha alegrado tanto obtener recientemente la primera posición en rendimiento de empleabilidad en España, según el U-Ranking 2026, elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. Hemos alcanzado la puntuación máxima posible en inserción laboral, gracias a un enfoque práctico y una fuerte conexión con el mundo empresarial. Me parece que además de la actitud de escucha permanente con empresas e instituciones, o el hecho de que por nuestras aulas pasen como profesores, ponentes o invitados a talleres numerosos profesionales, una de las cosas que más nos ayuda es el hecho de ser una empresa familiar con un fuerte espíritu emprendedor. En Nebrija se respira la exigencia por seguir mejorando, y tan bienvenidas son todas las iniciativas que solemos bromear diciendo: “Ten cuidado si planteas algo interesante, porque seguramente te tocará hacerlo”. Y recientemente, el Ranking CYD (Conocimiento y Desarrollo) nos ha situado como la mejor universidad en investigación dentro del ámbito de Educación en España.

-¿Cómo encaja la formación online o los modelos de teletrabajo cada vez más presentes en el concepto de formación del alumnado que tiene Nebrija?

-La formación online ya forma parte de la vida universitaria, tanto en las modalidades presenciales como en las virtuales o híbridas.  Que se trate de una modalidad u otra es cuestión de porcentajes, pero el apoyo que suponen los contenidos digitales, las plataformas virtuales de aprendizaje, o las interacciones mediadas por tecnología, son cada vez más utilizados para un aprendizaje activo, para las tutorías, el acompañamiento y la evaluación continua. Gracias a la digitalización cada estudiante puede acceder a los contenidos en el momento que le resulte más conveniente. También es cierto que son cada vez más numerosas las investigaciones que demuestran (sobre todo tras el covid) cómo la creatividad y productividad mejoran con un apego seguro, y eso solo puede darse de modo presencial. Por eso, en Nebrija nos gusta hablar de presencialidad con flexibilidad.

-En su etapa como decano de la Nebrija Business and Technology School y Director del Área de Ciencias Sociales impulsó procesos de innovación curricular y promovió la integración de enfoques digitales y humanistas en la formación universitaria. ¿Cuál cree que debe ser hoy el enfoque de la educación universitaria?

-Pienso que el enfoque debe seguir siendo la personalización. En nuestra Escuela de Negocios hemos introducido la Tecnología, manteniendo el enfoque humanista de una institución que lleva a Nebrija en su nombre. Nuestra educación universitaria tiene que ser cada vez más interdisciplinar, más transversal, adaptando las modalidades de impartición a los ritmos de aprendizaje de cada estudiante, de cada persona. Nos llevará tiempo, porque esa personalización exigirá cambios regulatorios. Y dentro de la ambidestreza para conjugar el manejo de los datos y el crecimiento íntimo de cada persona, la inteligencia artificial nos devolverá a lo esencial. Cuando la tecnología es capaz de hacer mejor muchas de las cosas que hacíamos seguramente es porque no estábamos haciendo lo esencial. Siempre se ha dicho que la innovación metodológica tiene como prueba de fuego los sistemas de evaluación. Pues bien, teniendo en cuenta que con la sofisticación tecnológica estamos volviendo a sistemas de aprendizaje discursivos, y a sistemas de evaluación más seguros (exámenes orales, textos manuscritos), quizás no estemos demasiado lejos de volver a considerar que lo esencial de la educación era enseñar a leer, pensar, escribir y hablar.

-Como filósofo, ¿cuál diría que son las principales virtudes actuales de la existencia humana y los males? ¿La soledad, la salud mental...? ¿Afecta a la actitud con la que llegan los jóvenes a la Universidad?

-Mucho más difícil que diagnosticar los males que nos rodean y ponerles remedio es mantener la mirada levantada ante el bien; ser conscientes de que lo que nos desborda es el bien, no el mal. Aunque sin duda, el verdadero mal personal es la soledad. Ni siquiera el dolor, ni el sufrimiento o la angustia. En realidad, si en el mundo existiera una sola persona no habría ninguna, porque lo que nos crea como personas es el reconocimiento del otro. Vivir es permanecer en la memoria de alguien. Por eso, el mal por excelencia es carecer de relaciones significativas, que nadie pueda decirnos que damos sentido a su vida. Y por eso nuestra época está llamada a ser una civilización del cuidado. Cuando los jóvenes llegan a la universidad están saliendo de la adolescencia y entrando en su juventud. Todo cambio de etapa supone una crisis (crisis y crecer tienen la misma raíz). Pero desde el covid nos estamos encontrando con que algunos de los problemas que trae consigo una excesiva dependencia digital se han acentuado. Son problemas de atención, que nos recuerdan que la inteligencia positiva, la atención y los recursos cognitivos están estrechamente relacionados. Una Universidad como Nebrija está llamada a reivindicar un uso de las palabras que no polarice, que muestre respeto y fomente la convivencia; nadie sobra; nadie está de más; ser persona, decían los griegos, significa tener algo que decir. Nada es más diferente a una persona que otra persona, y no hay mayor belleza que la armonía de lo más diverso.

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