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José Fernández Díaz, secretario general de Médicos del Mundo España: "Nos movilizamos por cuatro gatos y somos inmunes a un genocidio"

"La ausencia de una verdadera política sanitaria en España está deteriorando el sistema público de salud, el único que garantiza una sola velocidad para todos"

El médico Pepe Fernández, secretario general de Médicos del Mundo.

El médico Pepe Fernández, secretario general de Médicos del Mundo. / Fernando Rodríguez

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María José Iglesias

María José Iglesias

El médico José (Pepe) Fernández Díaz (Candamo, 1956) acaba de asumir la secretaría general de Médicos del Mundo España, tras haber ejercido la presidencia. El paso de los años no han logrado acabar con su afán por promover la salud global y defender el acceso universal a la sanidad pública como un derecho fundamental, no un privilegio. Tras una larga experiencia en los campos de refugiados del Sahara, en septiembre viajará de nuevo a Cuba para reconocer sobre el terreno la situación agonizante de la sanidad en la isla caribeña.

Después de décadas trabajando en emergencias humanitarias, ¿tiene la sensación de que el mundo es hoy más solidario o, por el contrario, más indiferente al sufrimiento de millones de personas?

Hoy se utiliza de manera impropia y abusiva el término "solidaridad", y esto ha desvirtuado al propio concepto y al ejercicio riguroso de la solidaridad. Hoy es posible movilizar a medio barrio y convertir en un acto solidario acoger y alimentar a cuatro gatos que han aparecido, aparentemente abandonados, en cualquier esquina; pero parecemos inmunizados ante un genocidio despiadado que se está produciendo a unos cuantos kilómetros de casa; y nos cuesta confiar y apoyar a organizaciones que sí estamos en disposición de tender la mano y de estar al lado de quienes sufren las peores consecuencias de la violencia y la injusticia. Por esto, especialmente, me preocupa la desinformación, el bulo, y la ausencia de pensamiento propio y crítico; me preocupa la facilidad con que nos dejamos engañar, y me preocupa que no seamos capaces de vislumbrar el peligro que supone para la salud de la sociedad.

Conoce bien los campamentos de refugiados saharauis, que llevan casi medio siglo dependiendo de la ayuda internacional. ¿Qué consecuencias sanitarias y humanas tiene un conflicto enquistado durante tantos años?

Para abandonar al pueblo saharaui habría que haber estado con él, y la comunidad internacional no ha estado, en cincuenta años. A duras penas y por la presión social y política, la comunidad internacional va respondiendo, de forma insuficiente para cubrir las necesidades básicas de 175.000 refugiados en el desierto, tras haber sido violentamente expulsados de su tierra y de sus casas hace 50 años. Sobreviven y mantienen su dignidad con enorme esfuerzo y a costa de su salud. Es lamentable la indolencia y la incapacidad, de la llamada comunidad internacional, para ofrecer alternativas justas y aceptables para un pueblo que tiene de su parte el derecho internacional.

Al final del verano viajará a Cuba. Más allá del debate ideológico, ¿puede seguir siendo un referente en salud pública pese a la grave crisis económica que atraviesa el país?

Cuba vive una situación dramática porque falta de todo, y no hay que pensar muy profundo para relacionar la intensidad de la crisis humanitaria con el cambio en la administración estadounidense. La isla ha disfrutado de un sistema sanitario ejemplar, con indicadores equiparables a los de los países europeos y, por cierto, bastante mejores que los de Estados Unidos. En estos últimos años el sistema sanitario se ha deteriorado hasta el extremo de estar al borde del colapso. Las farmacias están vacías, no hay medicamentos; los hospitales no disponen de materiales y suministros médicos; no hay capacidad de reposición de equipos; no hay suministro de energía en los centros sanitarios y el éxodo de profesionales se cuenta por decenas de miles. Los médicos en Cuba son los que menos cobran del mundo. Cuba necesita de la solidaridad del pueblo español, por justicia con la historia y por la gran proximidad entre ambos pueblos. No he sentido este mismo grado de cercanía en ningún otro país de América Latina.

Inicia una nueva etapa como secretario general en Médicos del Mundo. ¿Qué sentido tiene hoy la organización y hacia donde centra sus esfuerzos?

Mientras existan desigualdades en salud tan notables y la falta de acceso a servicios sanitarios básicos sea un factor de sufrimiento y de elevada mortalidad , Médicos del Mundo tendrá todo el sentido. Nos orientamos al refuerzo y desarrollo de sistemas públicos de salud y en ayudar a los grupos de población en situación de alto riesgo de supervivencia o con mayores dificultades de acceso a servicios sanitarios básicos.

Reivindican una sanidad universal, y crece el peso de la sanidad privada. ¿Vamos hacia una sanidad de dos velocidades?

La sanidad pública ofrece una "tarifa plana" para toda la población, con más o menos prestaciones. Es legítimo y muy necesario, reivindicar y pelear por la mejor sanidad pública posible: porque esa es la sanidad de una sola velocidad, gratuita cuando la necesitamos y a la que podemos aspirar la inmensa mayoría de la población;. La "tarifa plana" en la sanidad privada estará sólo al alcance de muy poca gente; es decir, la sanidad privada sí que tiene dos o más velocidades, que nadie se engañe.

¿Podrán cohabitar y colaborar ambos sistemas?

Los grandes inversores quieren convertir en negocio la sanidad, y la educación, y las pensiones, quien teniendo responsabilidades de gobierno no lo quiera ver se convierte en cómplice de la mercantilización del Estado del Bienestar y, con ello, del inexorable incremento de las desigualdades y la injusticia social.

La Organización Mundial de la Salud salió muy cuestionada tras la pandemia. ¿Fue utilizada como chivo expiatorio por los gobiernos o realmente la OMS necesita una reforma profunda para responder con mayor independencia a futuras crisis sanitarias?

La OMS dispone del margen de autonomía y adopta decisiones dentro del marco que un sistema multilateral le otorga. No existe un nivel de independencia y de utilización efectiva de criterios técnicos basados en la evidencia científica, superior al practicado por la OMS. Las ONGs conocemos bien el valor que aporta la OMS en salud pública, o de respuesta en situaciones de crisis, y no sólo de pandemias, o de apoyo directo a sistemas de salud en desarrollo.

Los movimientos antivacunas han ganado visibilidad y capacidad de influencia. ¿Las administraciones deben ser más contundentes frente a quienes difunden bulos que ponen en riesgo la salud pública?

A la vez que se difunde esta narrativa negacionista se desacredita y se deslegitima a la autoridad sanitaria; aunque en esto hay una responsabilidad clara en las políticas públicas que, desde hace más de veinte años, vienen contribuyendo a jibarizar las estructuras de salud pública en todos los servicios sanitarios transferidos. La intervención directa de políticos, para sacar pecho o bien para desautorizar al rival, no contribuye a rescatar el concepto de autoridad sanitaria, incluso hay momentos de auténtico esperpento y vergüenza ajena, como los vividos con la crisis del hantavirus en Canarias.

¿Y cuál cree que será la próxima gran amenaza sanitaria global?

La ciencia y el sentido común van de la mano: el cambio climático; la intensidad creciente de los movimientos de personas en el mundo, incluido este frenesí viajero que nos ha invadido en las últimas décadas; el deterioro del medio ambiente y, con él, los nuevos patrones de comportamiento de las especies animales y su relación con los hábitats humanos; la intensidad de los intercambios comerciales; …; todo apunta en ese sentido. Ya no se trata tanto de cuál será la amenaza sino de que no estamos poniendo las bases para prevenirlas, para actuar precozmente y para minimizar su impacto.

La Atención Primaria atraviesa una crisis evidente. ¿Asistimos al deterioro silencioso del pilar del Sistema Nacional de Salud?

Así es. La atención primaria sufre un problema organizativo de fondo. s imprescindible repensar el nivel en función de las nuevas necesidades y de las posibilidades actuales de acercar servicios y prestaciones a la población. Hay que invertir con criterio estratégico, pensar en una atención primaria para los próximos veinte o treinta años, porque me temo que los parches no sean ya el remedio eficaz.

¿Quién tiene la responsabilidad política de esta situación?

La responsabilidad política, a mi juicio, está en la ausencia de política sanitaria.

Con este panorama, ¿las próximas generaciones tendrán una sanidad pública con el mismo nivel de cobertura que la actual?

Hay que "aplanar" los hospitales, abrir sus puertas no para que entre más gente para ser atendida, sino para que salgan capacidades y conocimientos que contribuyan a mejorar la capacidad de resolución de la atención primaria. No entiendo por qué, si todo ha cambiado en cuarenta años, los servicios y prestaciones de cada nivel se mantienen inamovibles.

La esperanza de vida aumenta, pero las enfermedades se cronifican....

El hecho de que haya más población mayor, que la longevidad aumente, que las patologías se cronifiquen y no nos maten antes de tiempo, es una gran noticia, no un problema. El problema es que la organización sanitaria parezca no darse cuenta de que el modelo de respuesta tiene que adecuarse a estas necesidades, y el bálsamo no basta.

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