Los asturianos, escépticos ante la ampliación de las zonas libres de humo a playas y terrazas: "Es una incongruencia, para esto que quiten el tabaco"
Los fumadores dicen sentirse "peor que apestados" y los no fumadores se alegran de librarse de molestias y malos olores, aunque todos dudan del impacto real de las nuevas restricciones contra el tabaquismo

De izquierda a derecha, Patricia Coto y Pablo Zapata; Begoña Álvarez; Fernando Menéndez; y Daniel Lorenzo y Ángela Garoz. / Marcos León / Fernando Rodríguez / Tania Cascudo
Nicolás Silva García/ Rosalía Agudín/ Sergio García/ Claudia Serantes/ Tania Cascudo
El Consejo de Ministros aprobó este martes el proyecto de ley del tabaco, que amplía los espacios sin humo a terrazas de bares y restaurantes, playas, piscinas de uso colectivo, instalaciones deportivas, espectáculos al aire libre y parques nacionales. Además, prohíbe por primera vez el consumo de productos del tabaco por parte de menores de edad, y no solo su venta o suministro, con multas de entre 200 y 600 euros que tendrán que asumir los padres, y equipara el uso de cigarrillos electrónicos a los de vapeadores y otros productos relacionados con el consumo de tabaco en los espacios donde esté prohibido fumar. Pero son sobre todo las restricciones para fumar en exteriores las que más controversia están generando, con opiniones encontradas entre fumadores y no fumadores.

María Merediz fuma un cigarro en la playa de San Lorenzo, en Gijón. / Marcos León
Los primeros en reaccionar, negativamente, a la ley en trámite fueron los hosteleros, el mismo día que se aprobó el proyecto legislativo. La patronal del sector en Asturias, representada por Otea, considera las nuevas medidas “desproporcionadas” y de escasa eficacia, y abogan por mantener la “convivencia” actual entre fumadores y no fumadores en las terrazas de sus establecimientos. Entre los ciudadanos, según sean fumadores o no, hay opiniones enfrentadas.
“Es el colmo que no se pueda fumar en las terrazas”, se indignaba este miércoles Fernando Menéndez. El ovetense, sentado en una céntrica terraza de la capital asturiana, expresaba este miércoles abiertamente su enfado por la futura ley, pendiente aún del trámite parlamentario y de la aprobación en Cortes. Mientras tomaba un café en el exterior de “El Dólar”, en la céntrica plaza de Porlier, se quejaba: “Ahora todo está prohibido, ya no hay nada que se pueda hacer, es una tontería”. “Fumo poco, pero aun así lo veo mal, en una terraza no tiene por qué molestar a nadie”, justificó. Reparó, además, en la contradicción de la norma: “Puedo fumar al lado y eso es una incongruencia, para esto que quiten el tabaco”.
Begoña Álvarez, vecina de la misma zona, se lamentó del trato que están recibiendo los fumadores, como ella. “Si estoy sentada, no puedo fumar, pero si me voy a un metro, ya lo tengo permitido”, argumentó. “Si no podemos fumar ya en las terrazas, no nos queda nada. Los fumadores estamos peor que apestados”, insistió. “Entiendo que dentro no se pueda fumar, pero fuera sí”, defendió. La ovetense propuso una solución al problema del tabaco: “Poner zonas de fumadores en las terrazas ayudaría, aunque generaría un problema de espacio en la ciudad”.

Fernando Menéndez, en la terraza de "El Dólar" en la ovetense plaza de Porlier. / Fernando Rodríguez
Javier Fernández y José Manuel Fernández, otros ciudadanos, en este caso no fumadores, tomaban algo este miércoles en una de las terrazas de la calle Ramón y Cajal. Ellos, en cambio, restaron importancia a los efectos de la disposición. “Es una extensión más de lo que hay; no creo que sirva de mucho, la gente va a seguir fumando en las terrazas y la gente va a seguir yendo a ellas”, prevé. “No es el fin del mundo; será como cuando prohibieron fumar dentro de los locales”, vaticina. Los dos parroquianos concluyeron admitiendo que la ley sí va a beneficiar a los no fumadores: “Ser no fumador y estar oliendo humo es un poco molesto”.
Los turistas se pasean estos días por Oviedo ajenos a los cambios legislativos que se preparan. Edmea Stegmaier y Mara Rupf, dos visitantes suizas, se animaron a opinar sobre las nuevas disposiciones. “Nos parece bien, no fumamos y nos molesta un poco si la gente lo hace, sobre todo si estamos comiendo”, comentaron, sentadas en una de las terrazas de la plaza de Riego.
En el litoral asturiano hay, igualmente, todo tipo de opiniones. El gijonés Adolfo Villa no ve con muy buenos ojos las nuevas medidas que contempla el Ministerio de Sanidad para prevenir el tabaquismo y proteger a los no fumadores de sus consecuencias negativas. No entiende, por ejemplo, la razón de ser de la prohibición de fumar en terrazas. "Si no es una terraza muy recogida... Lo que hay que hacer es convivir", recomendaba Villa, fumador, en la Rampla de la playa de San Lorenzo. Fue incluso más allá: "Ya puestos, que prohíban la venta del tabaco; pero eso no interesa, da mucho dinero".

Begoña Álvarez, en una terraza de Oviedo. / Fernando Rodríguez
María Merediz, fumadora también, coincidió con él y subrayó que no deberían tomarse determinaciones tan tajantes en espacios al aire libre, incluyendo en este caso las playas. "Puedo entender que a alguien le moleste, pero no sé adónde vamos a llegar", manifestó. Para Merediz, restringir esta actividad en el interior de bares, restaurantes o centros comerciales es adecuado, pero en lugares abiertos no.
No todos se oponen a la ley en trámite. “Las medidas que han venido implementando desde hace años está haciendo que la gente deje de fumar; cuanto menos humo haya en la calle o en espacios públicos, mejor", aplaudió Ymer Pérez, que no fuma. Sobre las posibles multas a menores que fumen, que asumirían los padres, Pérez interpreta que van “en la misma línea”, con el objetivo de reducir el consumo.

Ymer Pérez, en la playa de San Lorenzo de Gijón. / Marcos León
"Me molesta el humo, pero yo aguanto», bromó Patricia Coto, que este miércoles paseaba con su marido, Pablo Zapata, por la orilla en San Lorenzo. En su Muro, bien visibles, hay varios carteles de "Playa sin humo". Coto no fuma; Zapata sí, pero no en la calle. "Veo estupendo lo que proponen", aseguró Zapata, que recalcó que, no obstante, actualmente en el principal arenal del concejo de Gijón los fumadores son testimoniales. "Parece que la gente está cada vez más concienciada", concluyó.

Patricia Coto y Pablo Zapata, de paseo por el arenal de San Lorenzo. / Marcos León
La polémica del cigarro también divide a los bañistas del Bajo Nalón. La intención del Gobierno de prohibir fumar en las playas convence a unos vecinos y no gusta a otros. En lo que todos coinciden es en que no sería necesario llegar a extremos si todos los fumadores "actuasen con sentido común". Jonás Velasco y Carlos Luengo son socorristas en la playa de Los Quebrantos, en Soto del Barco. Temen que, además de garantizar la seguridad en el agua, la nueva normativa les obligue a tener que vigilar que no se enciendan pitillos en el arenal. “Habiendo viento el humo se va a muchas zonas de la playa y hay gente que puede ser alérgica o que tiene problemas respiratorios. Al final, el disfrute en la playa tiene que ser igual para todo el mundo”, sostenía Velasco, mientras al lado, su compañero, agregaba: “Además algunos generan suciedad. Hay playas en las que hay muchas colillas”.

Jonás Velasco y Carlos Luengo, en la playa de los Quebrantos de Soto del Barco. / Claudia Serantes
María Jesús Menéndez es usuario de la playa de La Llama, en el mismo concejo y está de acuerdo con los planes del Ejecutivo central. “Debería estar todo regulado. Igual que no se fuma en locales cerrados, tampoco debería hacerse en plena naturaleza”, sostenía la bañista, que criticó la falta de civismo de algunos fumadores: “Si todavía lo hiciesen con responsabilidad y cada uno llevase un recipiente para tirar luego la colilla…”. No lo ve así José Ángel Suárez. “Prohibir no me parece bien, valdría más que se aplicaran restricciones y que la gente utilizase el sentido común. Por ejemplo, si estás cerca de niños pues no fumar, al igual que si estás en las terrazas. Siempre hay otras soluciones antes que prohibir”, razonaba, mientras contemplaba el mar desde su silla clavada en el arenal.

María Jesús Menéndez, en la playa de La Llama. / Claudia Serantes
En el occidente asturiano amaneció este miércoles caluroso. En la playa de Arnao, en Castropol, fueron muchos los que aprovecharon para disfrutar de la playa a media mañana. Ese fue el caso del vecino de Ribadeo, José Antonio Veiga, que acostumbra a acudir a la playa castropolense. Consultado sobre la medida de prohibir fumar en las playas, dijo tener claro que la medida le beneficia pues no es una persona fumadora. Sin embargo, considera “una tontería” la prohibición al ser la playa un espacio al aire libre y abierto.

Daniel Lorenzo y Ángela Garoz, en Castropol. / Tania Cascudo
Coinciden con Veiga los turistas madrileños Daniel Lorenzo y Ángela Garoz, que atendieron a LA NUEVA ESPAÑA mientras paseaban con su perro “Golfo”. Ambos se mostraron en contra de la prohibición. No son fumadores, pero dicen que tampoco les molestan los que fuman. “Esta medida me parece que igual de mal que la de prohibir entrar a la playa con perros, pues hay personas que manchan más que los animales”, señala Garoz.
El Ejecutivo asturiano, a favor de la nueva norma
Ha habido también algunas reacciones políticas a la aprobación del proyecto de ley que prohíbe fumar en exteriores. La vicepresidenta del Gobierno asturiano, Gimena Llamedo, valoró este miércoles en Oviedo, en la inauguración de las obras del hotel de La Reconquista, el alcance de la futura normativa. “Lo principal es la salud de las personas”, dijo. “Cuando se impulsó la ley del tabaco todos recordamos todas las críticas que hubo y ahora, echando la vista atrás, vemos lo necesario de ir cada vez restringiendo esos espacios, en los que están familias, niños…”, expuso. “Son pasos hacia adelante en la proyección de la salud. Yo entiendo las críticas, los miedos”, añadió, refiriéndose concretamente a los hosteleros, “pero estoy segura de que el sector se va a ir adaptando como hizo antes y, sobre todo, confío en los ciudadanos”. “No creo que vaya a haber ninguna afectación”, zanjó, aludiendo a las advertencias sobre las concentraciones de personas fumando a pie de calle o un efecto negativo en el turismo.
En el mismo acto, el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, se mostró en desacuerdo con las restricciones. “Yo no soy fumador, pero tampoco me gustan tantas prohibiciones”, admitió. “Hay gente que necesita echarse un cigarrillo”, reconoció y cuestionó las implicaciones de la futura ley, “que estemos en la acera de enfrente, donde sí se puede fumar, catorce personas fumando y tirando las colillas en el suelo”. “Yo no tengo competencias en eso, pero valoro que no se encierre tanto a la gente, que no se recorte tanto la libertad”, añadió, recomendando cautela en la formulación de la nueva normativa.
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