Reparte casi dos millones de kilos de comida al año y atiende a 14.000 personas: la nueva presidenta del Banco de Alimentos de Asturias desvela las claves de la entidad
Josefa Cañadas da el relevo a Bernardo Sopeña al frente de la entidad y se plantea como retos mejorar la recogida y el voluntariado

Josefa Cañadas, en la sede de la Fundación Banco de Alimentos en Argame (Morcín)
Josefa Cañadas (Gijón, 1957) es la nueva presidenta de la Fundación Banco de Alimentos de Asturias. Anterior vicepresidenta, ha dado el relevo a Bernardo Sopeña, que finalizó su etapa al frente del proyecto solidario de la región. Cañadas explica en esta entrevista los retos del Banco de Alimentos y su situación actual después de su primer acto como presidenta, que consistió en la firma de un convenio con la tecnológica Inetium, que mejorará la parte informática de la asociación.
—¿Cuándo empezó a colaborar con el Banco de Alimentos?
—Empecé en el año 2002. En aquel momento todavía trabajaba (era auxiliar de clínica en los centros de mayores del ERA), así que lo único que hacía era colaborar en las operaciones kilo. En 2012 pasé a formar parte del patronato y ahí fue cuando me impliqué todavía más. En los últimos seis años he sido vicepresidenta.
—¿Con qué objetivos llega a la Presidencia?
—Cuando uno llega a un puesto nuevo siempre piensa que puede mejorar cosas, reorganizar tareas, poner en marcha iniciativas nuevas o aprovechar mejor el trabajo de las personas que colaboran. Ese es el reto que tengo ahora mismo. También la lucha contra el desperdicio alimentario. Creo que ahí todavía tenemos mucho margen de mejora y, además, la situación social cada vez es más complicada.
—¿En qué sentido?
—Los trabajos son cada vez más precarios y también ha cambiado el perfil de las personas que necesitan ayuda. Antes atendíamos sobre todo a personas con empleos esporádicos o sin trabajo estable. Ahora vemos cada vez más gente joven, personas de mediana edad y muchos jubilados con pensiones muy pequeñas. Cuando revisamos la documentación vemos jubilados que cobran 300 o 400 euros al mes y te preguntas cómo pueden vivir con esa cantidad. También hay familias jóvenes con dos hijos que, aunque trabajan y pueden ingresar alrededor de 1.200 euros, tienen alquileres muy elevados y no consiguen llegar a fin de mes.
—El Banco de Alimentos no reparte directamente a las familias, sino que trabaja a través de entidades sociales. ¿Cómo funciona ese sistema?
—Las organizaciones tienen que estar completamente legalizadas, con toda su documentación en regla, y son ellas las que presentan los expedientes de las familias a las que atienden. Comprobamos que la entidad esté correctamente constituida y, después, revisamos la documentación de cada familia: el empadronamiento, las ayudas que reciben o los ingresos, porque en muchos casos presentan también las nóminas. Tenemos que verificar que realmente cumplen los requisitos y necesitan esa ayuda.
—¿Qué margen de mejora tiene el Banco de Alimentos respecto a recoger más comida?
—Muchísimo. Queremos implicarnos más en la recuperación de alimentos que los supermercados ya no pueden vender, pero que siguen siendo perfectamente aptos para el consumo. Son productos a los que les quedan tres o cuatro días para caducar y que nosotros podemos recoger y repartir antes de que se desperdicien. Nuestro objetivo es ampliar esa red para aprovechar muchos más alimentos.
—¿Cómo funciona esa recogida?
—Disponemos de tres furgonetas y un camión, todos ellos refrigerados y preparados para transportar alimentos. Recogemos las mermas en los supermercados y las distribuimos el mismo día entre las asociaciones con las que trabajamos. De esa manera evitamos que esos productos acaben en la basura y conseguimos que lleguen a las familias cuanto antes.
—¿Qué dimensión tiene actualmente el Banco de Alimentos de Asturias?
—Cada día colaboran aquí entre 40 y 50 voluntarios, aunque no siempre son los mismos. Intentamos repartir el trabajo para que pueda participar el mayor número posible de personas. Gestionamos alrededor de 1,8 millones de kilos de alimentos al año, que repartimos.
—Si pudiera pedir una sola cosa a la Administración asturiana, ¿qué sería?
—Dinero.
—¿Tan importante es esa ayuda?
—Sí. El año pasado recibimos una subvención muy importante del Principado y este año contábamos con volver a tenerla. Desde la Consejería de Derechos Sociales nos trasladaron que íbamos a poder disponer de esa ayuda, pero de momento estamos esperando. Mientras tanto no podemos planificar compras. Las compras de alimentos suponen un gasto muy importante. Nosotros pedimos presupuestos a empresas y supermercados e intentamos ajustar al máximo los precios, pero hace falta dinero para poder completar las donaciones.
—¿A cuántas personas llega actualmente el Banco de Alimentos?
—Atendemos de forma indirecta a unas 14.000 personas al año, entre familias y usuarios de comedores sociales.
—Lleva vinculada al Banco de Alimentos desde 2002. ¿La necesidad social ha aumentado con el paso de los años?
—Sí, sin ninguna duda. Cuando yo empecé había muchas familias con trabajos precarios o personas que llegaban a Asturias buscando una oportunidad y necesitaban ayuda hasta asentarse. Pero el punto de inflexión fue la crisis de 2008. Fue horrible. El Banco de Alimentos se desbordó por completo.
—Después de tantos años viendo situaciones de necesidad, ¿cómo se lleva psicológicamente un trabajo como este?
—Al principio se lleva muy mal. Con el tiempo aprendes a encajarlo, igual que ocurre con otras situaciones difíciles de la vida, pero nunca deja de afectarte. Cuando empecé, además, trabajaba en la parte sanitaria y veía situaciones muy duras tanto allí como aquí. Llegaba a casa y procuraba no contar todo lo que había vivido durante el día. Cuando venían los responsables de las asociaciones a recoger los alimentos y te daban las gracias, sentías que el esfuerzo merecía la pena. Sabías que quizá no llenabas una despensa al cien por cien, pero sí cubrías una parte muy importante de las necesidades de esas familias. Nunca olvidaré lo que vivimos durante la crisis de 2008. Venían matrimonios jóvenes que habían pedido préstamos para comprar la vivienda, el coche o sacar adelante a sus hijos y, de repente, se quedaban sin recursos. Recuerdo a personas que te decían: «¿Qué hago? ¿Doy de comer a mis hijas o pago la hipoteca? ¿Pago la letra del coche, aunque ya lo haya vendido?». Eran situaciones muy duras.
—Además del desperdicio alimentario, ¿qué otras prioridades se marca al frente del Banco de Alimentos?
—El voluntariado. Necesitamos más voluntarios y también cuidar mucho mejor a quienes ya colaboran con nosotros. Son la base del Banco de Alimentos. Sin voluntarios no podríamos hacer absolutamente nada. Está demostrado que un supermercado en el que hay voluntarios recoge muchos más alimentos que otro en el que no los hay. La presencia de los voluntarios anima a la gente a colaborar.
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