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Eduardo San José Vázquez, catedrático de Literatura Española: "En la pluma de Feijoo el conocimiento era una herramienta de emancipación"

"Seguimos sin tener una biografía del erudito benedictino que merezca ese título, y fue mucho más que un hombre sentado, con una vida interior"

El investigador del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII Eduardo San José Vázquez.

El investigador del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII Eduardo San José Vázquez. / MIKI LOPEZ

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Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

LA NUEVA ESPAÑA ofrece a sus lectores el sábado 25 y el domingo 26 de julio la segunda entrega de la colección «Asturias en la Edad Moderna», una serie de seis libros concebidos como un ameno compendio de la historia de la región en los siglos XVI, XVII y XVIII. El periodista Eduardo García y el fotógrafo Miki López han abordado este ambicioso proyecto editorial con el asesoramiento de expertos de la talla del catedrático de Literatura Española de la Universidad de Oviedo e investigador del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII Eduardo San José Vázquez, que en esta entrevista traza un perfil de Benito Jerónimo Feijoo, uno de los protagonistas del nuevo tomo, titulado «Maíz, chocolate y aguadores»

Eduardo San José Vázquez (Gijón, 1977), catedrático y profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Oviedo. Investigador del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, es especialista en literatura española e hispanoamericana, sus estudios se centran en la Ilustración y es el responsable de la edición crítica y anotada de los tomos dedicados a las "Cartas eruditas y curiosas" de Benito Jerónimo Feijoo. Sobre la obra y la trascendencia del gran polígrafo español habla en esta entrevista, un adelanto de la nueva entrega de la colección de libros "Asturias en la Edad Moderna" de LA NUEVA ESPAÑA, en la que el periodista Eduardo García, su autor, ha contado con su asesoramiento. El segundo tomo, "Maíz, chocolate y aguadores", que se entregará este fin de semana, dedica un capítulo al benedictino.

Usted ha estudiado en profundidad la correspondencia y la obra de Feijoo. ¿Qué aspectos de su pensamiento y su producción literaria siguen siendo más desconocidos?

A veces se han querido subrayar sus limitaciones, que eran las de su época –es de los primeros en dar la bienvenida a la física newtoniana a la vez que puede admitir como posible la existencia de duendes–, pero eso da todo el valor a su anticipación en recibir la modernidad. Hemos perdido la noción de esa novedad y del impacto en su época, sin comparación posterior en el mundo hispánico. Además, todavía no hemos comprendido del todo la dimensión política de su obra y de su figura de intelectual público.

Y al contrario, ¿dónde radica el interés y la vigencia de su obra en la actualidad?

Los aspectos científicos de su obra muestran una admirable apertura de mente, pero, naturalmente, caducan y hoy tienen un interés arqueológico. Pero los aspectos morales y éticos son muy actuales, enseñó a pensar a través de la selección de las fuentes adecuadas y contra las pasiones y los automatismos mentales: la defensa de la mujer, la igualdad de las razas, las falacias y los bulos, la condena de los príncipes conquistadores frente a los que cultivaban la felicidad sostenible de sus pueblos, textos que podemos leer como oráculos de la actualidad.

¿Qué tenía de singular su manera de escribir y de acercar el conocimiento a sus conciudadanos en el siglo XVIII?

La amenidad, la variedad de asuntos, el estilo accesible, la apelación fraternal al lector, la confianza optimista en su inteligencia, el mismo hecho de escribir en castellano y no en latín sobre temas elevados y complejos, todo eso fue un soplo de aire fresco que agradeció masivamente un público sofocado de inmovilismo social, de escolasticismo y de rutina mental. En su pluma, el conocimiento era una herramienta de emancipación, no un instrumento de dominación.

¿Cuál fue su trascendencia más allá de España?

Gozaba de un indudable prestigio. Su obra se tradujo en inglés, francés, italiano, portugués y alemán. Estaba en todas las bibliotecas institucionales y particulares de la América española, donde era habitual referirse a alguna celebridad particular como "el Feijoo mexicano" o "el Feijoo peruano". Es cierto que su trascendencia real estuvo en la divulgación más que de la creación de pensamiento y que hay que atenuar muchísimo su influencia ideológica en las independencias hispanoamericanas del siglo XIX, pero se adelanta a presentar algunas novedades incluso fuera de España, como su defensa de las mujeres, en 1726, que se anticipa a las primeras en Francia y Europa y que, además, carece de paternalismo.

En el 350º aniversario de su nacimiento y el 300º de la publicación de su "Teatro crítico universal", ¿diría que España y especialmente Asturias han reconocido al padre Feijoo como se merece?

Diría que sí y que es de los pocos casos en que su nombre no ha quedado como una efeméride o el nombre de una plaza o de un instituto. En la Universidad de Oviedo nos hemos visto muy acompañados por las instituciones y, lo que emociona más, por un público interesado, en los congresos y actos que hemos organizado para recordarlo. Y sentimos ese respaldo en la tarea que nos ocupa en estos años para redondear ese reconocimiento, que es la publicación de unas verdaderas obras completas del Padre Maestro.

Recomiende un texto de Feijoo a un lector del siglo XXI que quiera adentrarse en su pensamiento y su obra.

El texto inaugural del primer tomo de su "Teatro crítico universal", de 1726: "Voz del pueblo", un aviso contra los errores populares y contra el populismo que los halaga. Hace unos años la editorial Trea sacó una breve antología, "Lidiando con sombras", que recomiendo como puerta de entrada a una obra enorme.

Y de vuelta al principio, ¿qué queda por contar, y por publicar, sobre el padre Feijoo?

Feijoo sigue siendo objeto de investigaciones y tesis doctorales que muestran ese camino: Inmaculada Urzainqui, sobre Feijoo precursor de la bioética; Rodrigo Olay, sobre su faceta de poeta; María Fernández Abril, sobre su influencia en América; Xaime Martínez, sobre el Feijoo polemista, o Guillermo Fernández Ortiz, sobre su vida de monje. Pero, sobre todo, seguimos sin tener una biografía de Feijoo que merezca ese título, y fue mucho más que un hombre sentado, con una vida interior.

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