Javier Rivela Rodríguez, analista financiero y empresario sanitario: "Con la IA será clave la supervisión del líder clínico, con su intuición y experiencia"
"Estoy en la sanidad privada, pero soy muy defensor de la pública: no compiten entre sí, son complementarias"

Javier Rivela, en Oviedo. / Mario Canteli / LNE

Javier Rivela Rodríguez (Oviedo, 1974) es economista, analista financiero, inversor y empresario del ámbito de la salud. En 2009, fundó Pangaea Oncology, compañía biotecnológica dominante en la oncología privada de Barcelona de la que es consejero delegado. Hijo de un matrimonio de médicos del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), tiene dos hermanos. Estudió en el Colegio Meres y, con 17 años, se fue a Estados Unidos para un curso, pero terminó quedándose una década. Estudió Economía en la Universidad de Nevada y, a continuación, realizó un MBA en la Universidad Estatal de San Francisco. Está acreditado como CFA (Chartered Financial Analyst), y cursó el programa ejecutivo de tecnología exponencial de Singularity University (Silicon Valley). Su primera etapa profesional constó de más de diez años en banca de inversión, donde acabó siendo codirector del equipo de análisis de ING European Small & Mid Cap. Es miembro del consejo de administración de las empresas Treelogic (asturiana) y Nanogap (gallega). Reside con su mujer y sus tres hijos en Oviedo y, como peaje, toma unos 120 aviones al año.
¿Cómo distribuye su tiempo?
Mi principal dedicación es la oncología médica en Cataluña, donde tenemos una empresa que se llama Pangaea Oncology. Es un holding de diferentes filiales asistenciales médicas con historias singulares y que históricamente eran competitivas. Hace dos años decidimos unirlas. Son el Centro Internacional de Cáncer de Mama que está en el Hospital Teknon, dirigido por una eminencia mundial, Javier Cortés; el Instituto Oncológico Baselga, dirigido por Josep Tabernero, que es también una autoridad en tumores digestivos; y el Instituto Oncológico Doctor Rossell, que es nuestro proyecto originario, dirigido por Rafael Rossell, referente en cáncer torácico y de pulmón, que además es presidente de Pangaea Oncology.
¿Por qué emprendió ese camino?
Nacimos como una empresa tecnológica de diagnóstico. Pero en el camino nos cruzamos con Gabriel Masfurroll, fallecido recientemente, que fue vicepresidente del Barça y fundó el grupo USP Hospitales, posteriormente adquirido por Quironsalud.
¿Y qué sucedió?
Nosotros íbamos a montar una compañía de diagnóstico en cáncer en un parque científico, y nos ofreció instalarla en el Hospital Dexeus, ahora uno de los hospitales de referencia de Quironsalud en Barcelona. Esto fue ya en el primer año de operaciones, en 2009. A partir de ahí, fuimos evolucionando y actualmente tenemos mucha actividad: estamos viendo 6.000 nuevos pacientes oncológicos al año, con 80.000 consultas. De esos 6.000 pacientes, 4.000 tienen tumores sólidos y 2.000 hematológicos. Y luego tenemos una vocación de investigación que para una institución cien por cien privada, como la nuestra, es bastante inusual. Contamos con más de 250 ensayos clínicos y publicamos cada año más de 100 investigaciones de impacto. Este año hemos obtenido tres "New England Journal of Medicine", una de las revistas de mayor prestigio.
¿Y la parte diagnóstica?
Tenemos un laboratorio que no solo hace el diagnóstico a nuestros pacientes, sino que también trabaja para los equipos de investigación y el desarrollo de la industria farmacéutica, incluso mucho antes de que los fármacos se metan en terapia experimental en humanos. Montamos más de 200 modelos de líneas celulares para ayudar a nuestros clientes farmacéuticos e intentar encontrar cuáles pueden ser los super respondedores, o sea, los pacientes que más responden a terapias que están en desarrollo pero que todavía no han entrado en fase clínica.
¿Son accesible los precios de los ensayos?
En los ensayos clínicos, el paciente no paga absolutamente nada porque son experimentales y están muy regulados. Básicamente hay tres fases diferentes: en la primera comprobamos la toxicidad; en la segunda, la actividad; y, en la tercera, actividad comparativa frente a lo que es el tratamiento estándar.
¿Cuánto se tarda en desarrollar un tratamiento nuevo?
Normalmente, cuando un fármacos está en ensayo clínico tardas entre cinco y siete años. Y el tiempo total, desde que empiezas, otros cinco años. En total, en torno a doce años.
Y con riesgo...
Con una probabilidad de éxito, cuando entran en fase clínica por primera vez, por debajo del 15 por ciento, con inversiones medias de 1.000 millones de dólares por fármaco. Hacemos trabajos específicos de investigación y desarrollo para nuestros clientes, pero toda esa tecnología que vamos generando, tanto en el ámbito de tratamiento como en el de diagnóstico, intentamos volcarla en nuestros pacientes. Y la verdad es que está funcionando muy bien. Podemos ofrecer un arsenal terapéutico enorme y novedoso a los pacientes.
¿Y le da tiempo a más cosas?
Sí, a nivel particular desarrollo un poco de vocación heredada de mis padres, los dos médicos. Antes de fundar mi compañía, había estado trece años en banca de inversión y pude tocar todo tipo de sectores. Me gustaban mucho las compañías pequeñas. Siempre me han gustado la emprendeduría en general, los sectores biotecnológicos y sanitarios y ahora la nanotecnología. Estoy intentando ayudar como accionista a algunas compañías que todavía son muy pymes, muy chiquititas, pero que pensamos que pueden tener una tecnología muy rupturista en el ámbito de inteligencia artificial asociada a sanidad. Y luego, hace siete años, tres inversores ayudamos a Treelogic, que también tiene productos basados en IA en sanidad, y la sacamos a bolsa el pasado enero.
¿Cuáles son las aplicaciones de la IA que le parecen más prometedoras en el ámbito de la salud?
Hay muchas. En medicina estamos viendo ya soluciones de técnicas de barrido de diagnóstico que son simplemente espectaculares.
¿Habla del ámbito de la radiología?
De radiología y de diagnóstico en general. Y de optimización de procesos. En Pangaea estamos desarrollando un test predictivo y de diagnóstico para saber si un nódulo pulmonar, de los que normalmente se observan para ver la evolución, y no se operan, es maligno y hay que operarlo ya. Lo comprobamos a través de plasma, en sangre. Lo tenemos validado ya en 500 pacientes, con un 92 por ciento de fiabilidad, pero todavía está al inicio del proceso. Hemos desarrollado una firma, utilizando machine learning, o sea, aprendizaje automático, de unos 27 genes que son capaces de correlacionar en sangre si ese nódulo en el pulmón es malo o no.
¿Otras aplicaciones en las que esté trabajando?
Hay una compañía muy interesante que está en Madrid, pero los fundadores son de León. Es una startup que se llama Digital Anatomics y que también utiliza la IA para crear guías quirúrgicas de columna. Cuando hay operaciones de trauma en columna, muchas veces la colocación de la columna depende de la destreza y la experiencia del cirujano. Y lo que han hecho estos chicos, que tienen veintitantos años y son ingenieros de datos e ingenieros mecánicos, es desarrollar una tecnología que permite imprimir en 3D las agujas que el cirujano necesita para que se coloquen perfectamente, haciendo una simulación de la columna real del paciente concreto que se va a operar. Vamos a ver un desarrollo industrial con un crecimiento exponencial.
¿Estamos hablando de una sanidad con más IA y menos médicos?
No necesariamente, porque estamos en un sistema con una carencia enorme de médicos tanto en la pública como en la privada. Eso no quita que, en ciertas especialidades, el médico pueda utilizar estas herramientas como técnicas de barrido y podamos ver, más que una reducción de médicos, que no lo creo, que la IA nos ayude con los casos que son absolutamente meridianos, de manera que el médico pueda centrarse en aquellos casos que no están del todo claros o hay discrepancias.
En resumen...
Creo en una IA supervisada por líderes de opinión. Donde la IA no llegue, la experiencia y la intuición clínica continuarán siendo muy relevantes. Y también anticipo una IA más lenta por los estrictos requisitos regulatorios en Sanidad.
¿Está hablando de médicos top con grandes conocimientos?
Eso es. En Pangaea tenemos la suerte de contar con ocho oncólogos que posiblemente están entre los diez mejores de España que compaginan pública y privada. Ocho jefes de grandes servicios de hospitales públicos. Tenemos unos líderes de opinión muy potentes y por detrás una escuela y una capacidad de retención de talento muy importante.
¿Todo esto en qué medida puede estar al alcance de la sanidad pública?
Lo está. Hace quince años hablábamos de la biopsia líquida y de cómo estábamos desarrollándola. Pues está llegando ya a la sanidad pública. Estoy en la sanidad privada, pero soy muy defensor de la sanidad pública. Sobre todo, de buscar las sinergias entre la pública y la privada para que el paciente tenga lo mejor. Las capacidades que tiene la sanidad pública, y lo que oferta la sanidad pública en oncología médica, y los grandes oncólogos que hay en la sanidad pública… todo eso está fuera de toda duda. Pienso que es un tema más de intensidad asistencial muy fuerte, de que se necesitan más especialistas. Los casos de cáncer aumentan. Y los métodos de diagnóstico están incrementándose de tal manera que cada vez hacemos más diagnóstico precoz, y eso al final hace que aflore más incidencia. Y muchos procesos tumorales que antes llevaban a la muerte, se cronifican. Por lo tanto, necesitamos más capacidad.
¿Pero tiene la sanidad pública dinero para hacer frente a unos costes tan elevados?
No soy un experto en farmacoeconomía. Hay muchísima tecnología y muchísimos fármacos emergentes que tiene un coste muy alto. Vamos a ver qué pasa ahora con la siguiente ola de fármacos, los ADC, anticuerpos conjugados con fármacos, que van a ser espectaculares.. Venimos del 2010 de desarrollar fármacos orales menos tóxicos contra dianas concretas; pasamos al 2020 con la inmuno-oncología; y ahora tocan los ADC. Es como coger quimioterapia y vectorizarla como un anticuerpo que es capaz de distinguir las células buenas de las malas, de tal manera que sólo ataca a las malas. Es lo que muchos oncólogos denominan caballos de Troya, que sólo liberan fármaco cuando el anticuerpo se une a la célula tumoral. Este tipo de terapia va a pegar muy fuerte.
Usted trabaja con el Grupo Quirón. ¿Cuándo llegarán a Asturias?
Desconozco totalmente el proyecto, la inversión, los plazos… Pero lo que sí puedo decir es que si un hospital de Quirón desembarca en Asturias va a ser un hospital muy bueno. Eso lo puedo asegurar. Nosotros trabajamos en siete hospitales de Quirón en Cataluña. Su capacidad de implementar tecnología en los hospitales, de optimizar procesos y de atraer talento está en otra liga.
¿En Asturias hay hueco para un proyecto así?
No conozco bien el sector sanitario privado. El que haya hueco o no depende básicamente de dos factores: de la volumetría de asegurados privados en Asturias y de que esos nuevos hospitales sean de muy alto estándar. Al final, lo que tenemos que hacer como país es aunar todos los esfuerzos de infraestructura que tenemos para dar lo mejor al paciente. Y entonces puedes tener infraestructuras cien por cien públicas, concesiones, acuerdos colaborativos. Uno de los mejores hospitales de España de largo es la Fundación Jiménez Díaz, que es de colaboración público-privada.
La medicina pública y la privada no compiten entre sí; son complementarias.
¿Cómo ve la llegada de las universidades privadas con titulaciones sanitarias a Asturias?
Las veo como una muy buena idea, como un plus. Por ejemplo, varios de los más de 140 médicos y biólogos que tenemos se han formado en la Clínica Universitaria de Navarra, y tienen una Facultad de Medicina privada y de altísimo nivel. Tiene mucho sentido crearlas. Primero, porque hay demanda. Lo que me preocupa es por qué estamos exigiendo a nuestros jóvenes, que no dejan de ser chavales de 17 o 18 años, el tener unas notas estratosféricas para intentar optar a lo que es su sueño y poder hacer la carrera en Medicina. Deberíamos dar una pensada sobre otras posibles mediciones de los parámetros vocacionales que vayan mucho más allá de que tengas un 14 de media para poder entrar en una facultad de Medicina.
Suscríbete para seguir leyendo
- Crónica de una tragedia en pleno cuartel de Llanes: el agente Dámaso, que estaba 'obsesionado' con su exmujer, entró por el garaje y la tiroteó en una oficina
- Un brote de salmonelosis en un restaurante de Oviedo genera decenas de atenciones en Urgencias del HUCA
- La guerra del táper estalla en Asturias: la Guardia Civil tuvo interviene en un restaurante del Oriente al negarse un comensal a pagar un euro por el envase para llevarse la comida que sobró
- Un fallecido tras precipitarse desde una pasarela a la autopista 'Y': la circulación recupera la normalidad en dirección a Gijón
- Que ninguna mujer tenga que vivir bajo el miedo', claman en Llanes en el funeral por la guardia civil asesinada por su expareja
- Son asturianos, son pareja y están entre los cinco mejores de las oposiciones para inspector de Hacienda: “La clave es la constancia... y descansar”
- Seis heridos, uno de ellos grave, en un choque entre un autobús y un turismo en Carreño
- Una intervención en un oscuro incidente con disparos permite a la Policía Local de Oviedo incautarse de 7 kilos de cocaína