Una colección histórica única al alcance de los lectores
El agua de Madrid sobre la espalda de Asturias
Hubo aguadores en la capital del reino desde el siglo XV, una actividad que obligada a grandes esfuerzos físicos, monopolizada por emigrantes del Principado

Aguadores en la fuente de Lavapies. / Hemeroteca Municipal de Madrid
La asombrosa historia colectiva de los aguadores asturianos en Madrid es explicada, con datos y emoción, en uno de los capítulos del libro MAÍZ, CHOCOLATE Y AGUADORES, segunda entrega de la colección ASTURIAS EN LA EDAD MODERNA, que será distribuida en este fin de semana. Una historia reportajeada e ilustrada que corre pareja al gran despegue demográfico y económico de la capital, en el que Asturias jugó un papel decisivo
La emigración nacional de los asturianos en la Edad Moderna tuvo tres grandes destinos: Castilla, Andalucía y, sobre todo, Madrid. Un fenómeno que se dio desde el siglo XVI con distintos grados de intensidad según las épocas. "En Asturias serán los habitantes de las comarcas interiores los más propensos a abandonar su tierra, en particular los residentes en los pueblos más occidentales", escribe Juan Jiménez Mancha en su libro "Asturianos en Madrid. Los oficios de las clases populares. Siglos XVI-XX", editado por el Muséu del Pueblo d’ Asturies.
Los asturianos no lo tenían fácil. Aquel mundo de aguadores, mozos de cuadra, cocheros, faroleros y lacayos pertenecían a un mundo laboral de "oficios viles e indecorosos". Pronto nos creamos un perfil regional: tipos honrados, de pelo largo, unidos por lazos de procedencia (sobre todo para las fiestas) y tendentes al desaliño. A los asturianos se les conocía en Madrid con el apodo genérico de coritos, quizá porque siempre iban vestidos con prendas de cuero.
El de aguador fue el oficio canónico de los emigrantes asturianos en Madrid durante casi cuatro siglos; actividad tan solo discutida por los serenos ya en el XIX. Eran los llamados aguadores de cuba, los que repartían al por mayor y subían el agua a las casas. Para hacerse una idea de que aquellos aguadores asturianos eran vitales para una ciudad como Madrid, apuntamos un dato: hacia 1720 Madrid acogía en sus perímetros urbanos unas 8.000 casas, de las que menos de 500 (es decir, un 5%) disponían de tomas de agua o de fuentes particulares.
Aquella ciudad, Corte desde 1561, mantenía su actividad gracias a los que transportaban, repartían en las viviendas o vendían agua en la calle o en los aguaduchos del centro, en la plaza de Oriente o en el Paseo del Prado. Sabemos que desde finales del siglo XV hay aguadores en Madrid, y que el oficio estaba reglamentado y sujeto a licencias municipales.
Los aguadores recogían agua de las fuentes públicas (había una muy famosa, la de Leganitos) y desde allí se dispersaban por toda la ciudad. Leganitos se convirtió en una pequeña Asturias, y en el siglo XVII el vecindario protestaba de que la zona se había convertido en lugar de juego, siesta, "aparcamiento" de asnos, voces y "muchas pendencias".
A mediados del siglo XVII los aguadores se confederaron en un gremio menor. Se estaba configurando una unión asturiana que había tenido un siglo antes un antecedente en la Cofradía de las Ánimas, el Purgatorio y el Espíritu Santo, formada sobre todo por aguadores y, por tanto, por mayoría de asturianos. Y ya en el siglo XVIII, en 1743, se fundó la Real Congregación de Nuestra Señora de Covadonga. Uno de sus retos fue el de "gestionar colocación decente y honesta a los niños y jóvenes asturianos de ambos sexos, a fin de evitar su distracción".
Todavía tendría que transcurrir casi siglo y medio para que en octubre de 1881 se fundara el Centro de Asturianos de Madrid, con local en la calle del Príncipe. Aquella institución se levantó sobre la memoria de los viejos aguadores que el libro "Maíz, chocolate y aguadores" rescata como tributo y homenaje a los asturianos del agua madrileña.

El nuevo volumen del coleccionable "Asturias en la Edad Moderna" se distribuirá este fin de semana, el sábado y el domingo, con el periódico del día y al precio de 7,95 euros. Esta es la segunda entrega de la colección de libros que LA NUEVA ESPAÑA ha dedicado a los siglos XVI, XVII y XVIII en una nueva iniciativa editorial ligada al territorio y la historia de la región. Consta de seis tomos, con textos del periodista Eduardo García y fotografías de MIki López, y, aunque no siguen una secuencia cronológica convencional, arrancan con el desembarco del emperador Carlos V en la villa de Tazones en 1517 y llegan gasta la Guerra de la Independencia y la proclamación de la Constitución de 1812. Cada uno de los libros que componen la colección tiene 72 páginas, está encuadernado en tapa dura y tiene un manejable formato.
- Fallece Luis Ángel Echevarría, padre de Paula Echevarría
- Multitudinaria despedida en Candás al padre de la actriz Paula Echevarría, Luis, que murió ayer a los 76 años: 'Era irrepetible
- Grave desprendimiento en la Ruta del Cares: hay tres montañeros heridos, uno de ellos de gravedad
- Crónica de una tragedia en pleno cuartel de Llanes: el agente Dámaso, que estaba 'obsesionado' con su exmujer, entró por el garaje y la tiroteó en una oficina
- El gran shock del desprendimiento en la Ruta del Cares en pleno trasiego de turistas: 'Se escuchó un ruido fuertísimo y empezaron a caer rocas
- Un fallecido tras precipitarse desde una pasarela a la autopista 'Y': la circulación recupera la normalidad en dirección a Gijón
- Muere tras caer al intentar trepar por un edificio de Colunga
- Son asturianos, son pareja y están entre los cinco mejores de las oposiciones para inspector de Hacienda: “La clave es la constancia... y descansar”