Asturias registra una llegada esporádica de carabelas portuguesas: "Somos nosotros los que tenemos que adaptarnos al entorno marino"
A pesar de la baja presencia, se insiste en la recomendación de no tocar los ejemplares ni sus tentáculos, incluso si parecen muertos
Expertos apuntan a cambios en vientos y corrientes marinas como la causa principal de su aparición en la costa

Un ejemplar de carabela portuguesa, en la playa de Xibares. / LNE
Zaira Varas
Las primeras carabelas portuguesas de la temporada ya han hecho acto de presencia en el litoral asturiano. Los ejemplares detectados en playas de Gijón, como San Lorenzo, Poniente o El Arbeyal, han llevado a reforzar la vigilancia y a recordar las recomendaciones de seguridad a los bañistas. Sin embargo, la situación dista mucho de ser generalizada y, por ahora, en buena parte de la costa asturiana los avistamientos siguen siendo muy puntuales.
Es el caso de Castrillón. El coordinador del salvamento playero, Nacho Flórez, asegura que la presencia de estos organismos es prácticamente testimonial. "No están apareciendo", afirma, antes de matizar que "solo apareció una hace dos días, pero nada más", un ejemplar aislado que no obligó a adoptar medidas extraordinarias.
En Gozón el balance es parecido. Roberto Martínez, coordinador del servicio de salvamento, explica que "hay muy poco, prácticamente nada" y que "únicamente han aparecido dos estas semanas". Cuando se detecta una carabela portuguesa, añade, el protocolo es claro: se iza la bandera amarilla junto con la bandera informativa de medusas para advertir a los bañistas de su presencia.
La situación es todavía más tranquila en Rodiles (Villaviciosa). Allí, la socorrista Ana García asegura que, hasta el momento, la temporada transcurre sin ningún avistamiento de carabelas portuguesas, por lo que no ha sido necesario activar ninguna medida relacionada con estos organismos.
Saber adaptarse al entorno marino
La aparición de carabelas portuguesas tampoco compromete la concesión o el mantenimiento de las banderas azules. Así lo subraya Pepe Palacios, presidente de la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (ADEAC), entidad responsable de este distintivo en España. "La presencia de carabelas portuguesas no afecta a que un municipio obtenga o no la Bandera Azul", afirma.
Palacios explica que la llegada de estos organismos responde a un fenómeno natural ligado a las corrientes oceánicas y recuerda que el medio marino está en constante cambio. "La gente tiene que entender que el mar y el océano son algo vivo. En algunas ocasiones va a haber medusas, otras peces, tiburones y también personas. Somos nosotros los que nos tenemos que adaptar al entorno marino", señala. Además, insiste en que la presencia de carabelas "es algo temporal" y que su aparición no puede valorarse de forma aislada.
En este sentido, recuerda que la Bandera Azul se concede tras evaluar un conjunto de criterios relacionados con la calidad ambiental, la seguridad y los servicios de las playas. "Si hay personas que incumplen las normas y se saltan la bandera roja eso no afecta a que la playa tenga o no Bandera Azul, así que la presencia o no de carabelas tampoco afecta", argumenta.
Eso sí, el presidente de ADEAC recalca que, cuando se registra una proliferación de carabelas portuguesas, el servicio de salvamento de una playa con Bandera Azul debe actuar para proteger a los bañistas. "El protocolo es poner la bandera roja indicando su presencia, porque hay personas muy sensibles a las picaduras", concluye.
El viento, el principal responsable
Aunque en muchas playas asturianas apenas se han dejado ver, la llegada de estos organismos al Cantábrico no es casual. Verónica Soto López, profesora ayudante doctora del Departamento de Ciencia y Tecnología Náutica de la Universidad de Oviedo, explica que el factor determinante ha sido el cambio en la dirección del viento y de las corrientes marinas.
"Al principio estaban lanzadas hacia la zona del País Vasco y ahora las tenemos aquí. Es por cambios de vientos y corrientes, principalmente de vientos", señala la investigadora. Según explica, las carabelas ya se encontraban en movimiento y las condiciones meteorológicas de las últimas semanas han terminado por empujarlas hasta la costa asturiana.
Aunque se trata de una especie propia de aguas cálidas, Soto aclara que, en este episodio, la temperatura del mar ha tenido un papel secundario. "Sí que es verdad que cuanto más caliente está el agua mejor para ellas, pero lo que ha hecho que ahora mismo estén aquí es el cambio de vientos, no la temperatura", explica. Eso sí, añade que un descenso acusado de la temperatura sí podría afectar a su supervivencia.
Según las observaciones realizadas en los últimos años, la presencia de carabelas portuguesas en Asturias suele concentrarse durante los meses de verano y comenzar a remitir entre finales de septiembre y principios de octubre. "Lo normal es que empiecen a disminuir en esas fechas y que, después, los cambios de viento y corrientes las desplacen hacia el norte, en dirección a la zona de Inglaterra", indica Soto. A partir de ahí, continúa, "vuelven a iniciar su ciclo migratorio desde el mar de los Sargazos, en el Atlántico occidental".
La principal recomendación sigue siendo la misma: no manipularlas. "No se deben tocar. Aunque parezcan muertas, pueden seguir siendo urticantes", advierte Soto. La profesora recuerda que tanto los ejemplares como los tentáculos que se desprenden mantienen la capacidad de provocar lesiones, por lo que pide extremar la precaución, especialmente con los niños.
Un proyecto para frenarlas
Mientras la presencia de carabelas portuguesas sigue siendo puntual, la Universidad de Oviedo ya trabaja en una posible solución para evitar que estos organismos lleguen a la costa. La institución participa junto al Acuario de Gijón y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en un proyecto experimental que analizará la eficacia de distintas barreras flotantes para frenar su avance.
Los ensayos se desarrollarán en las instalaciones del Bioparc Acuario de Gijón y consistirán en introducir varios ejemplares dentro de un recinto delimitado por dos tipos de barreras, similares a las que ya se utilizan para contener vertidos contaminantes en los puertos. El objetivo es comprobar cuál resulta más eficaz y cómo reaccionan las carabelas ante estos sistemas de contención.
Pero la investigación va un paso más allá. Los científicos no solo estudiarán si las barreras son capaces de detener a estos organismos, sino también si el contacto con ellas provoca que desprendan sus tentáculos. Y es que estos mantienen su capacidad urticante incluso después de separarse del cuerpo, por lo que una barrera mal diseñada podría acabar generando un problema añadido en lugar de solucionarlo: "Tenemos que evaluar las dos barreras para ver si, aparte de pararlas, no hacemos un mal mayor", explica Soto. La investigadora señala que el estudio permitirá determinar qué sistema ofrece mejores resultados antes de plantear una posible aplicación en zonas de baño especialmente expuestas a la llegada de carabelas portuguesas.
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