Dos enlaces, un mismo "sí, quiero": la boda vaqueira hace historia con su primera ceremonia doble
La tradicional celebración asturiana unió en matrimonio civil a Andrea Rodríguez y Javier Antonio Castro, y María del Carmen Cadierno y Emilio José Colado de forma simultánea
Los vaqueiros de honor, Montserrat Fernández, Vanesa Lorences y Ángel Gavilán reinvidican sus raíces locales y agradecen un reconocimiento "que viene de casa"

Mario Canteli
Zaira Varas
Hay tradiciones que apenas cambian con el paso de los años. Y luego está lo ocurrido este domingo en la braña de Aristébano. La 66.ª edición de la Boda Vaqueira dejó una imagen inédita: por primera vez dos parejas se dieron el "sí, quiero" de forma simultánea siguiendo el rito civil vaqueiro. Un estreno histórico para una celebración que desde 1959 reivindica la cultura de los vaqueiros de alzada y que cada último domingo de julio reúne a miles de personas entre los concejos de Valdés y Tineo.
La espera antes de la llegada
El ambiente comenzó a respirarse mucho antes de que llegaran los novios. A las once de la mañana, los asistentes ya buscaban un hueco desde el que seguir la llegada de las comitivas, mientras las conversaciones iban y venían entre saludos, reencuentros y comentarios sobre el verano. "A mí lo que me da mucha pena es que está todo el monte quemado", comentaba una de las asistentes, en referencia al aspecto seco que presentaba la montaña tras semanas de calor.
Unos metros más abajo, ajenos a cualquier conversación, un niño vestido con el traje tradicional bajaba corriendo por la ladera y una niña de apenas dos años jugaba con las pompas de jabón que le hacía su madre. La fiesta ya había empezado, aunque todavía faltaran los protagonistas.
A las doce del mediodía comenzaron a aparecer las primeras comitivas. Los grupos ataviados con el traje tradicional fueron asomando por el camino en dirección al pueblo, mientras el público seguía cada movimiento desde la braña.
Veinticinco minutos después, esas mismas comitivas emprendían el recorrido de regreso hacia el escenario principal. Abrían el desfile los grupos participantes y, cerrándolo todo, a las 12.40 horas, llegaban los grandes protagonistas de la jornada. Andrea Rodríguez y Javier Antonio Castro, y María del Carmen Cadierno y Emilio José Colado aparecían montados a caballo, seguidos también a caballo por sus madrinas y padrinos, entre los aplausos de los asistentes y gritos, bastante tímidos en un principio, de vivan los novios.
Antes incluso de comenzar la ceremonia hubo tiempo para las risas. Mientras los presentadores iban contando algunos detalles, un vecino interrumpió entre bromas: "¡Que no den muchos detalles, no vaya a ser que se echen para atrás!".
Dos parejas para una edición histórica
Andrea Rodríguez y Javier Antonio Castro protagonizaron una de las dos bodas. Ambos tienen raíces vaqueiras y, como recordó el poema que les dedicaron durante la ceremonia, se conocen desde niños. Crecieron juntos en el pueblo y esa historia compartida fue uno de los aspectos que más emocionó a quienes siguieron el acto.
Andrea reconoce que, al principio, no estaba del todo convencida de casarse en la boda vaqueira porque la idea le hacía más ilusión a él. Finalmente aceptó porque también entendía el valor que tenía hacerlo allí. Javier lo resumía de forma sencilla: "Nos gusta mucho. Es una manera distinta de casarse".
La otra pareja, formada por María del Carmen Cadierno y Emilio José Colado, también tenía muy claro por qué estaba allí. Él llevaba años soñando con protagonizar una boda vaqueira. "Siempre tuve esa ilusión", confesaba poco antes del enlace. Ella aceptó la propuesta como homenaje a la abuela de su marido y porque también le gustan las tradiciones asturianas.
Una ceremonia con sello vaqueiro
"Nos encontramos aquí reunidos para unir en matrimonio civil a dos parejas enamoradas". Con esas palabras comenzó una ceremonia que mezcló emoción, tradición y también el carácter jurídico propio de cualquier enlace civil. Tras unas palabras dirigidas a los contrayentes, llegaron la lectura de los artículos 66, 67 y 68 del Código Civil y los esperados "sí, quiero", seguidos del intercambio de anillos.
Después llegaron algunos de los momentos más representativos del rito. Las trece arras, símbolo de la prosperidad de los doce meses del año y de la solidaridad con quienes más lo necesitan; la entrega de la chave y la pallecha, elementos tradicionales que representan el hogar, el trabajo compartido y la unión de la pareja; y el beso final, recibido con un largo aplauso por los cientos de asistentes que llenaban la braña.
Especialmente emotivos fueron los poemas personalizados dedicados a ambas parejas. En ellos se recordó la historia de Andrea y Javier, unidos desde la infancia y cómo esa amistad acabó convirtiéndose, con el paso de los años, en la relación que este domingo sellaron en Aristébano. El poema dedicado a Emilio y Carmen puso el foco en el deseo de mantener vivo el legado familiar y el recuerdo de quienes les transmitieron la cultura vaqueira.
Con los enlaces ya celebrados comenzaron los reconocimientos institucionales. Antes de la entrega de los títulos de vaqueiros y vaqueiras de honor también fueron distinguidos los vaqueiros superiores Recibirán el reconocimiento, como Vaqueiros Mayores, Natividad Pérez y Víctor Jesús Fernández, siendo ella la primera mujer auxiliar de bomberos de Asturias, ambos vecinos de Las Gallinas, en Salas., uno de los actos tradicionales de la jornada.
Con los enlaces ya celebrados comenzaron los reconocimientos institucionales. Antes de la entrega de los títulos de vaqueiros y vaqueiras de honor también fueron distinguidos los vaqueiros superiores, dos vecinos de Las Gallinas, en Salas: Natividad Pérez, primera mujer auxiliar de Bomberos de Asturias, y Víctor Jesús Fernández. Y, como Vaqueiros de Honor, la fundadora de Cosmética La Vaqueira Vanesa Lorences, al economista luarqués Ángel Gavilán y a la alcaldesa de Tineo, María Monserrat Fernández Álvarez.
Uno de los momentos más aplaudidos fue el nombramiento como vaqueira de honor de la alcaldesa de Tineo, María Montserrat Fernández Álvarez. Visiblemente emocionada, recordó las raíces vaqueiras de su familia, los veranos de su infancia en el pueblo y las enseñanzas de sus abuelos. "Ser vaqueiro de alzada es mucho más que pertenecer a un lugar. Es sentirse heredero de una historia de esfuerzo, de resiliencia y de dignidad", afirmó antes de reivindicar el papel de las mujeres vaqueiras, "que sostuvieron durante generaciones sus casas y sus familias muchas veces desde el silencio".
Vanesa Lorences, que recibió el reconocimiento visiblemente emocionada, afirmó que "la comunidad me reconozca como una de los suyos es más que cualquier premio". Dedicó el galardón a sus abuelos, Mario y Gloria, vaqueiros que practicaban la trashumancia entre Somiedo y Belmonte de Miranda y de quienes, recordó, aprendió "los secretos de esta tierra". "Todo lo que hago hoy nace de lo que ellos me enseñaron", señaló, antes de agradecer al Consejo Rector su trabajo por mantener viva la cultura vaqueira y reivindicar el valor del mundo rural.
Por su parte, el economista de Luarca Ángel Gavilán, aseguró recibir el nombramiento con "un enorme honor" y destacó que era un reconocimiento "que viene de casa, de mis orígenes y de la gente entre la que crecí". Gavilán recordó que su padre también había sido distinguido años atrás como Vaqueiro de Honor, por lo que confesó que compartir ese reconocimiento con él tenía un significado especialmente emotivo. Tampoco quiso olvidarse de su mujer y de sus hijos, a quienes agradeció los "innumerables trayectos de ida y vuelta" para mantener el vínculo con Asturias pese a vivir fuera.
La fiesta continúa
Entre el público, María Fernández, llegada desde Gijón junto a su familia, contaba que intenta acudir siempre que puede porque "es una fiesta muy distinta y siempre acabas encontrándote con gente conocida". También había quien había recorrido bastantes más kilómetros. Carlos Martínez había viajado desde Madrid, aunque sus raíces familiares están en esta zona de Asturias. "En casa siempre se hablaba de la Boda Vaqueira y este año por fin he podido venir. Además, hemos coincidido con una edición que va a quedar para la historia".
Al concluir oficialmente los enlaces comenzaba la comida popular. La sidra, las empanadas y las largas sobremesas sustituyeron a los nervios de los novios.
Porque la boda vaqueira nunca termina cuando los contrayentes se besan. La fiesta continúa durante toda la tarde entre gaitas, bailes, reencuentros y conversaciones. Este año, además, con una página nueva en su historia: la de la primera ceremonia doble de una tradición que, más de seis décadas después, sigue encontrando la manera de mantenerse viva sin perder su esencia.
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