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Millón y pico

Las aldeas del oriente de Asturias, territorio de "neorrurales" de todo el mundo que buscan otro estilo de vida: "Aquí vivo sin estrés y tengo mejor salud física y mental"

Ciudadanos procedentes de distintos puntos de España y del extranjero han elegido pequeños pueblos del oriente asturiano para empezar una nueva etapa a través de un proyecto de la asociación El Prial, que les acompaña para que ese cambio se convierta en una realidad duradera

Carlos Solano, junto a la casa que está rehabilitando en Areñes

Carlos Solano, junto a la casa que está rehabilitando en Areñes / LNE

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miguel guerrero

Infiesto (Piloña)

Durante décadas, el movimiento parecía tener una única dirección: abandonar los pueblos para buscar oportunidades en la ciudad. Sin embargo, en el oriente de Asturias comienza a dibujarse una tendencia silenciosa que recorre el camino contrario. Personas procedentes de Madrid, Londres, México o Argentina han decidido instalarse en pequeñas aldeas asturianas y construir allí un nuevo proyecto de vida. Para que ese regreso, o esa llegada, en muchos casos, sea posible, iniciativas como "Faciendo Pueblu", impulsada por la Asociación El Prial dentro del programa estatal Volver al Pueblo de COCEDER, ofrecen acompañamiento a quienes quieren echar raíces en el medio rural y contribuir a frenar la despoblación.

Así surgió la colaboración de Casa Vecina, la empresa de Helena y Rafa, con Faciendo Pueblu, canalizada en unos talleres de rehabilitación del hogar donde participan nuevos pobladores que comparten problemas similares en sus respectivas casas. "Lo que queremos es dar a la gente herramientas para que puedan hacer una lectura de su propia casa, identificar los problemas y entender qué soluciones necesitan", explica la pareja. "A veces vienen personas que nos dicen que hicieron una reforma, pero el problema no se ha solucionado y les termina saliendo más caro. Es una situación muy compleja, entonces lo que intentamos es que puedan conocer y comprender bien sus casas, para evitar que ocurra eso", aclaran. Ambos coinciden con Mario en la necesidad de "desidealizar" el hecho de irse a vivir al medio rural: "Es muy bonito, pero la realidad que te encuentras muchas veces es que tu casa se encuentra en condiciones de infravivienda".

1.-Un taller de rehabilitación de Casa Vecina en Infiesto. 2.-Kate Fairlough, preparando la huerta el pasado invierno. 3.-Carlos Solano, junto a la casa que está rehabilitando en Areñes. 4.-Hela Roldán y Rafa Arellanes, de Casa Vecina. 5.-Susana Basabilvaso, en su proyecto de bosque sostenible.

Kate Fairlough, preparando la huerta el pasado invierno / lne

Los "neorrurales"

Son muchos los que se han apoyado en la iniciativa de El Prial. Susana Basabilvaso comenzó a vivir en La Marea, un pequeño pueblo de Piloña, hace dos años. Viene de Argentina aunque también ha vivido en Canadá y en País Vasco: "A mí me cansó muchísimo la ciudad, y como me crié en el campo, añoraba vivir en la naturaleza", explica. Susana está en una casa en La Marea que pertenece a una mujer que conoce, con la que trabaja en un proyecto de bosque comestible en las inmediaciones del pueblo. Aun así, ya compró una cuadra cercana para comenzar a restaurar: "Tuve la suerte de que Faciendo Pueblu organizase los talleres de rehabilitación, que me han venido genial". La vecina de La Marea reconoce que, para ella, el gran problema de repoblar es la exigencia de las normativas: "Somos gente que queremos venir aquí a instalarnos y trabajar. Si quieren repoblar de verdad creo que deberían poner más facilidades para que podamos rehabilitar cuadras que están abandonadas y se están cayendo; hay muchas normativas", denuncia. Sobre echar de menos la ciudad, dice que "no me pasa, aquí vivo sin estrés y tengo mejor salud física y mental, he conocido a gente y mi familia me visita, ¿qué más se puede pedir?".

Similar es el caso de Kate Fairtlough, que viene de Londres y, antes de venir a vivir a Prunales, en Parres, pasó 30 años en La Alpujarra (Andalucía): "Me fui del sur porque quería vivir con mi pareja y necesitaba un cambio. Además, me encanta Asturias". Kate cuenta que compraron la casa "un poco por un impulso" en una visita a la región, pero que fue la "mejor cosa que hizo en su vida". Sobre Faciendo Pueblu, hizo varios talleres que "eran muy divertidos y además conoces a mucha gente". En Prunales, se dedica al cuidado de su huerta y, además, se ha embarcado en un nuevo proyecto, abrir un local en Infiesto: "Va a ser parecido a una cafetería, pero no una cafetería normal, más bien un centro comunitario, acogedor, abierto a todo el mundo, donde la gente pueda ir y conectar con la comunidad", explica.

Sobre la adaptación, dice que ha sido "estupenda" con los vecinos, que les apoyan, les "traen huevos" y se sienten muy acogidas. También gente más joven se anima a dejar la ciudad e instalarse en el pueblo. Es el caso de Carlos Solano, un chico de Madrid que está rehabilitando una casa en Covayes, una pequeña aldea en Piloña. "No quería vivir en ciudad y llevaba viniendo de visita a Asturias muchos años, es una tierra que me gusta mucho", cuenta. Carlos destaca las ventajas de vivir en el pueblo: "Me da la sensación de que la gente es más humana y hay más relación entre vecinos que en las ciudades; ante cualquier problema sabes que están ahí y te echan una mano en lo que necesites".

Es un proyecto que intenta apoyar a las gentes que viven en el rural o que quieren empezar una nueva vida en el rural. La clave es favorecer que se fije la población y, en lo posible, frenar esa tendencia de pérdida demográfica", explica Mario Rodríguez, técnico de programa de la Asociación El Prial, especializado en la parte de despoblación. "Nosotros intentamos ser un apoyo, uniendo a las personas a redes locales, tanto a los de aquí como a los que vienen", explica. Y sigue: "Con los de fuera se trabaja de una forma más intensiva, siendo muy prácticos y dándoles información que se adecúe a la realidad, rompiendo con los romanticismos de vivir en el pueblo, para facilitar su adaptación en la medida de lo posible".

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Hela Roldán y Rafa Arellanes, de Casa Vecina / LNE

Rodríguez cuenta cómo el proyecto de El Prial va más allá de la simple captación u ofrecimiento de viviendas en el medio rural: "Volver al Pueblo es un nombre que tiene gancho, pero siempre nos decían, "¿Cómo que volver al pueblo? Si no nos hemos marchado a ningún sitio", y es verdad, porque no es solo volver, hay que hacer pueblo. De ahí el cambio a "Faciendo Pueblu". En efecto, para "facer pueblu", según explica el técnico de El Prial, proponen diversas actividades: "Tenemos por ejemplo talleres en los que contamos con vecinos de toda la vida, que transmiten a los nuevos pobladores saberes tradicionales: la hierba, la tradición de cómo hacer queso, el uso de la guadaña o cómo gestionar una huerta". Según explica Mario Rodríguez, también se organizan encuentros entre los nuevos pobladores para que tengan "un sitio en el que encontrarse, socializar y charlar un poco". Y por último, uno de los talleres estrella entre los recién llegados es el de rehabilitación de vivienda, para el que colaboran con Rafa Arellanes y Helena Roldán, de Casa Vecina.

Él es de México y ella de Madrid, aunque tiene familia asturiana. Ambos son arquitectos de profesión. Tras años viviendo en México, decidieron venir a Asturias hace poco más de un año. Al llegar se encontraron un panorama inesperado: la casa que habían comprado en Sevares (Piloña) estaba en malas condiciones, y no se podía habitar. Gracias a las raíces asturianas de Helena tienen un lugar donde quedarse y, siendo ambos arquitectos, poseen los conocimientos para encarar la rehabilitación de la vivienda, pero su caso les llevó a hacer una reflexión: "No somos los únicos que estamos viniendo a vivir al pueblo, esta es una realidad con la que se está encontrando muchos neorrurales". ¿Cómo podemos ofrecer un servicio de arquitectura que les acompañe y les ayude a entender los problemas de sus viviendas?"

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Susana Basabilvaso, en su proyecto de bosque sostenible. / LNE

El vínculo a la naturaleza

Kate, que estos días se encuentra de visita en Londres, asegura que cada vez que se marcha de Asturias ya está deseando volver al pueblo. Lo mismo les ocurre a Susana y Carlos, que coinciden en que no echan de menos la ciudad pese a haber vivido en ella durante años. Mario Rodríguez, de Faciendo Pueblu, detecta un denominador común entre quienes deciden instalarse en el medio rural: "La mayoría buscan la cercanía con la naturaleza, tanto quienes vienen a criar a sus hijos como quien llega solo y quiere salir a correr por las tardes o montar en bici por el monte". Y añade: "Ese aprecio parece ser el motor que mueve a los que vienen de fuera, pero que a la vez ata a la gente de aquí, que muchas veces lucha por no marcharse".

En 2025, el programa permitió el asentamiento de 35 nuevos vecinos en el oriente asturiano. Son apenas unas decenas de personas frente al enorme reto demográfico del medio rural, pero detrás de cada una de ellas hay una vivienda recuperada, un proyecto de vida que comienza y un pueblo que gana un vecino más. No llegan para pasar una temporada ni para contemplar Asturias desde la ventana de una casa de fin de semana; llegan para integrarse, participar y echar raíces. Porque, como repiten desde El Prial, no basta con volver, sino que hay que hacer pueblo.

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