Están jubilados, pero no quieren mirar obras y se hacen voluntarios: la historia de media docena de asturianos que cambiaron sus vidas con el retiro laboral
Los mayores de 65 años ya son el grupo de edad que más se dedica a ayudar a los demás: "El voluntarismo es empatía"

Desde la izquierda, Benjamín García, Rosario García, Clara Álvarez, José Antonio Calderón, Paz Velasco y Juan Carlos Muñoz, en la plaza del Fresno de Oviedo. / Fernando Rodríguez
–¿Por qué se metió a voluntario?
–En mi caso es muy fácil. No quería jubilarme y dedicarme a ver obras.
Juan Carlos Muñoz, enfermero jubilado, cumple 68 años en agosto y resume con estas pocas palabras el motivo que le llevó a cruzar las puertas de la Cocina Económica de Oviedo hace unos tres años.
Benjamín García, de 72 años, también jubilado de Correos y voluntario en la misma asociación, está a su lado y asiente. "Yo no quería dejar de trabajar y dedicarme a estar sentado en el sofá".

Clara Álvarez / .
He visto mucha gente que no tiene con qué dar de comer a sus hijos y por eso es importante el voluntariado, por ellos
Los anteriormente descritos no son casos aislados: representan un fenómeno que crece. Según el Barómetro del Voluntariado 2025, las personas mayores de 65 años constituyen ya el grupo de edad con más voluntarios de España: representan el 23,2% del total, por delante incluso de los jóvenes de entre 14 y 24 años (19,3%). Más de un millón de jubilados dedica parte de su tiempo a colaborar con entidades sociales, una cifra que ha aumentado con fuerza desde la pandemia.

JUAN CARLOS MUÑOZ / Cocina Económica de Oviedo
Cuando empecé, la gente a la que ayudaba era distante conmigo y ahora me riñen por haber llegado tarde
LA NUEVA ESPAÑA reúne a seis de ellos. Tres mujeres: Rosario García, "Charo", voluntaria de la Asociación Española Contra el Cáncer; Paz Velasco, de la Cocina Económica de Oviedo, y Clara Álvarez, del Banco de Alimentos. Y tres hombres: los dos anteriormente citados y José Antonio Calderón, el más veterano, que, con 89 años y una reciente angina de pecho, ya superada, sigue acudiendo prácticamente todos los días a la sede del Banco de Alimentos. Los seis lanzan varias peticiones. La primera: que más jubilados se animen a probar el voluntariado, que no es algo sacrificado, dicen, ni requiere formación previa. La segunda: que para ayudar a la gente no es necesario irse al otro lado del mundo. "Aquí, en Asturias, se necesita gente que ayude".

Rosario García / Asociación Española Contra el Cáncer
A veces no hace falta decir nada, simplemente escuchar a la otra persona, Por eso creo que ser voluntaria es un regalo
Charo rompe la norma del grupo. Es la única que lleva haciendo voluntariado prácticamente toda la vida. Pasó 38 años en Houston, donde trabajó como enfermera oncológica en el hospital MD Anderson, y asegura que en Estados Unidos "el voluntariado está integrado en la vida de la comunidad". Cuando regresó a Oviedo en 2018 tenía claro que quería seguir vinculada a la lucha contra el cáncer. Hoy es vocal del voluntariado de la Asociación Española Contra el Cáncer, donde realiza tareas administrativas, participa en campañas de prevención y captación de fondos y acompaña a pacientes. Su recuerdo más intenso llegó durante la pandemia. "Muchas veces eras la única línea que tenían para comunicarse con el exterior. A veces no tenías que decir nada; simplemente escuchar". También quiere desmontar uno de los tópicos sobre el voluntariado: "La gente quiere ayudar, pero piensa que la van a obligar a ir todos los días o que no va a saber hacerlo". Para ella, ser voluntaria "es un regalo" porque "recibo más de lo que doy".

José Antonio Calderón / Banco de Alimentos
Antes que estar sentado en el sofá prefiero seguir ayudando a la gente; aquí también encontré una segunda familia
Benjamín García está de acuerdo con ella. Este allerano lleva desde 2019 colaborando con la Cocina Económica, donde reparte alimentos a familias dos veces por semana y ayuda cuando hace falta en el comedor. "No solo es dar comida. Es hablar con la gente, ponerles la mano en el hombro si lo necesitan, escucharlos. La satisfacción con la que salgo de ahí no se paga con dinero".

Paz Velasco / Cocina Económica de Oviedo
Pensé que podía hacer algo útil y hoy puedo decir que ayudar a los demás también me ha ayudado mucho a mí
Esa misma idea la comparte Juan Carlos Muñoz. En la Cocina Económica prepara bandejas, sirve comidas y atiende a los usuarios, pero destaca que lo más importante para él son las relaciones humanas. "Cuando empecé como voluntario, la gente que iba a la Cocina Económica se mostraba distante. Según pasaba el tiempo notas un contacto cada vez más personal y, al final, si eres empático, te acaban contando cosas que seguramente comparten con muy poca gente. Ser voluntario es tener empatía. Ahora hay veces que, cuando llego, alguno me da una palmada en la espalda y me dice: "Llegaste tarde"". La misma evolución ha visto Clara Álvarez. Funcionaria jubilada de la Administración del Estado, pasó antes por Cruz Roja y por la Asociación Española Contra el Cáncer antes de incorporarse al Banco de Alimentos, donde clasifica productos y prepara los pedidos que después reciben decenas de entidades sociales. Recuerda especialmente los casos que conoció en Cruz Roja. "Vi a mucha gente que no tenía para dar de comer a sus hijos, esto es importante por ellos", recuerda. Admite que el choque psicológico de enfrentarse a esas situaciones la marcó. Todos los voluntarios constatan una "pobreza silenciosa", que abarca a personas que, pese a tener trabajo, necesitan la ayuda de organizaciones sociales para poder salir adelante.
Una escena vivida por Álvarez resume bien esa realidad. Durante una campaña de recogida de alimentos pidió colaborar a una mujer y esta le respondió: "No, si yo estoy recibiendo".

Benjamín García / Cocina Económica de Oviedo
No solo es dar comida: Es hablar con la gente, escucharla y ponerle una mano en el hombro cuando lo necesita
Paz Velasco representa a quienes descubren el voluntariado tras la jubilación. Funcionaria del Principado durante toda su vida laboral, empezó hace menos de un año en la Cocina Económica animada por una amiga. "Como ahora tengo tiempo, me pareció que podía hacer algo útil". Colabora una o dos veces por semana y todavía recuerda el ambiente que encontró en la cena de Nochebuena. "Me llamó muchísimo la atención". Dice que ayudar a los demás también le ha servido para encontrarse a sí misma. "Me hace sentirme útil".
José Antonio Calderón completa el grupo. Tiene 89 años y, según sus compañeros, es "el jefe" del Banco de Alimentos. Acude prácticamente todos los días desde que se jubiló, en 2004, tras una vida dedicada a las artes gráficas. Ya no puede coger peso porque una angina de pecho le obligó a cuidarse algo más. "Antes que estar sentado en el sofá prefiero estar ayudando a la gente. Durante el covid estuve tres meses sin salir de casa y lo eché mucho de menos", asegura. Para Calderón, el Banco de Alimentos también es una especie de terapia. Se quedó viudo hace pocos años y el personal de la entidad se ha convertido en su segunda familia. Se despide con una frase que sirve para resumir el espíritu de todos: "Mientras pueda, seguiré ayudando".
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