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El rincón oculto de Pravia donde viven menos de 20 personas y se esconde una ruta de ensueño entre paisajes exóticos

Una pequeña aldea que guarda rincones de ensueño

Pueblo de La Castañal, en Pravia.

Pueblo de La Castañal, en Pravia. / LNE

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Aire fresco, aroma a eucalipto y un silencio que solo irrumple el propio sonido de la naturaleza. Eso es lo primero que envuelve al viajero cuando se desvía por la carretera AS-225 en dirección a Cordovero, a apenas 13 kilómetros de Pravia. Las estrechas curvas del camino ya anticipan lo que aguarda al final del recorrido: un rincón de ensueño donde el tiempo parece haberse detenido.

En lo alto de una colina, a 289 metros de altitud, se alza La Castañal, una pequeña aldea que parece sacada de un cuento. Aquí no hay bares, comercios ni el bullicio propio de las grandes ciudades. Solo tranquilidad, prados perfectamente cuidados y una veintena de vecinos que, a lo largo de los años, han luchado por conservar intacta el alma de este enclave asturiano.

Carretera en dirección a La Castañal.

Carretera en dirección a La Castañal. / LNE

Hórreos, paneras y madreñas decoran los hogares, reflejo del empeño de sus habitantes por mantener viva la esencia de este exótico lugar.

Quienes recorren sus caminos también se encontrarán con algún que otro tejo en perfecto estado, un árbol muy característico de la zona y todo un símbolo de arraigo cultural. Sin duda, La Castañal es ese lugar donde quienes llegan por primera vez quedan cautivados por su paisaje y quienes regresan saben que siempre encontrarán el perfecto refugio donde desconectar y volver a respirar calma.

Panera tradicional asturiana.

Panera tradicional asturiana. / LNE

La Castañal también guarda un pequeño tesoro histórico. En el pueblo se encuentra la ermita de San Antonio Abad, un modesto santuario construido en 1798 que, desde hace más de dos siglos, preside este paraje. Con el paso del tiempo, se ha convertido en un punto de encuentro para los vecinos, que mantienen la tradición de encender una vela a "su santín". Un rincón que demuestra que, mucho antes de que el turismo rural estuviera de moda, algunos ya habían descubierto la paz y el encanto que desprende este escondido pueblo praviano.

Ermita de San Antonio Abad.

Ermita de San Antonio Abad. / LNE

Una ruta difícil de olvidar

Detrás de este pueblo de ensueño se esconde una de las rutas más emblemáticas de la zona: la del Valle de Arango. Con seis kilómetros de recorrido, el itinerario sigue el curso medio del río Aranguín y atraviesa localidades como Puentevega, Allence, Rediviña y Cañedo.

Durante la excursión, se descubren emblemas como el palacio de la Torre de Arango, construido en el siglo XIV y declarado Bien de Interés Cultural. El sendero también permite viajar al pasado gracias a la presencia de tradicionales casas de indianos y una bolera de batiente.

La Castañal es sinónimo de paz para quienes la habitan, pero también de orgullo por haber sabido conservar, generación tras generación, la autenticidad del lugar, su patrimonio y unas tradiciones que siguen muy vivas.

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