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El encuentro de La Garrida no falla: concierto, comida y un foro informal de más de cien representantes de diversos ámbitos asturianos

La tradicional comida en el palacio de Manuel Villa-Cellino, presidente de la Universidad Nebrija, sirve de reflexión sobre los retos de Asturias y la necesidad de fomentar la cultura del esfuerzo y la innovación

Por la izquierda: Manuel Atienza, Carmen Juanatey, Ricardo Atienza, Eva Fernández, Santiago Atienza, Beltrán Atienza, Illana Navia-Osorio, Jesús Atienza, Felisa Atienza, María Madero, María Elvira Moyna, Manuel Villa-Cellino y Gonzalo Villa-Cellino.

Por la izquierda: Manuel Atienza, Carmen Juanatey, Ricardo Atienza, Eva Fernández, Santiago Atienza, Beltrán Atienza, Illana Navia-Osorio, Jesús Atienza, Felisa Atienza, María Madero, María Elvira Moyna, Manuel Villa-Cellino y Gonzalo Villa-Cellino. / E. P.

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Sara Bernardo

Sara Bernardo

Empresarios, políticos, catedráticos, jueces o economistas volvieron a darse cita ayer martes en la casa de Garrida, en Lozana (Piloña). Un total de 120 personas acudieron a la tradicional comida de verano organizada por Manuel Villa-Cellino (Oviedo, 1948), doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, presidente de la Fundación Antonio Nebrija y del Consejo Rector de la Universidad Nebrija de Madrid. Villa-Cellino y su esposa, la exmagistrada de la Audiencia Nacional Felisa Atienza, volvieron a abrir las puertas de su palacio rural, construido en 1747.

Por las escaleras de madera que dan acceso al desván de la gran casa, fueron desfilando, poco antes de las 13.30 horas, empresarios como Francisco Rodríguez, Álvaro Platero, Juan Carlos y Luis Rodríguez-Ovejero o Avelino Acero. También el presidente de la Junta General del Principado, Juan Cofiño, la alcaldesa de Avilés, Mariví Monteserín, o el exministro Luis María Atienza.

La cita comenzó en la parte más alta del edificio, caracterizado por una planta en "H", lo que hace que desde el centro se permita ver todas las estancias. Cuenta, además, con una vista 360 grados a la parcela. El motivo que los llevó al desván no fue otro que un "aperitivo musical" que el economista ovetense prepara cada año y que, en esta ocasión (como en las dos anteriores), estuvo amenizado por la soprano segoviana Candela Pumares, el bajo-barítono zamorano Mauro Pedrero y el pianista gijonés José Gómez, que ofrecieron tres bloques de óperas. La cavatina "Il mio piano è preparato", de la ópera "La gazza ladra", de Rossini; el aria "Quel guardo il cabaliere" y el dúo "Signorina, in tanta fretta dove va", ambas de la ópera Don Pasquale, de Donizetti; y el aria "Cinta di Fiori", que pertenece a la ópera "I puritani", de Bellini.

Canela Pumares, Mauro Pedrero y José Gómez.

Candela Pumares, Mauro Pedrero y José Gómez. / E. P.

Tras la actuación, los asistentes descendieron al jardín para disfrutar del aperitivo, que incluyó torreznos a la mostaza y bollos preñaos, en un ambiente distendido que favoreció en reencuentro entre viejos conocidos y el intercambio de impresiones sobre la actualidad económica, política y social. "Prácticamente, todos tienen algún tipo de vinculación con Asturias", celebró Villa-Cellino, motivo por el que en el menú no faltaron productos de la tierra en una propuesta gastronómica que puso el acento en la tradición culinaria asturiana.

La posterior comida, servida por Capilé Catering, incluyó tortos de maíz con brandada de bacalao, caldereta de verduras ecológicas con huevo de codorniz, albóndigas de bonito del norte a la sidra y arroz con pitu caleya, además de una selección de quesos asturianos y un miniflan casero al caramelo para el cierre. Todo ello en un entorno privilegiado que, año tras año, refuerza el carácter singular de este encuentro.

Eduardo Portilla, Luis Rodríguez-Ovejero, Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, Francisco Rodríguez y Juan Vázquez.

Eduardo Portilla, Luis Rodríguez-Ovejero, Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, Francisco Rodríguez y Juan Vázquez. / E. P.

Durante la jornada, Manuel Villa-Cellino volvió a compartir algunas reflexiones sobre la situación de Asturias, insistiendo en la necesidad de fortalecer el tejido empresarial y generar un entorno propicio para la inversión y el desarrollo del talento. En las conversaciones, los invitados defendieron la importancia de fomentar la cultura del esfuerzo, la innovación y la colaboración entre el sector público y el privado como pilares fundamentales para el crecimiento de la región.

La comida de La Garrida volvió así a consolidarse como una cita de referencia del verano asturiano, una suerte de foro informal en el que representantes de distintos ámbitos comparten diagnóstico y visión sobre el futuro de la región. Más allá del componente social, el encuentro se reafirma cada año como un espacio de diálogo donde confluyen experiencia, conocimiento y compromiso con Asturias.

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