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El gran reto de la exploración espacial: ¿Está el ser humano preparado para vivir en otros planetas?

La autosuficiencia, la protección contra la radiación y la resistencia del terreno son claves para la supervivencia fuera de la Tierra

El médico aeroespacial Emmanuel Urquieta señala que la carrera por llegar a Marte responde más a "intereses geopolíticos" que a la ciencia pura

De izquierda a derecha, Álvaro F. Vaquero, Raquel Lladró, Laura M. Parro, Emmanuel Urquieta y Santiago Iglesias, durante la mesa redonda "Are We Ready to Live Beyond Earth?" celebrada en el congreso Paths2Spa.

De izquierda a derecha, Álvaro F. Vaquero, Raquel Lladró, Laura M. Parro, Emmanuel Urquieta y Santiago Iglesias, durante la mesa redonda "Are We Ready to Live Beyond Earth?" celebrada en el congreso Paths2Spa. / Zaira Varas

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Zaira Varas

Oviedo

¿Dormir en la Luna? ¿Cultivar alimentos en Marte? ¿Pasar años a millones de kilómetros de la Tierra? Lo que hace apenas unas décadas parecía reservado a las novelas de ciencia ficción ha empezado a colarse en los planes de las agencias espaciales. Pero antes de construir bases permanentes en otros mundos hay una pregunta mucho más inmediata: ¿está realmente preparado el ser humano para vivir fuera de su planeta? La carrera espacial ya no consiste solo en llegar más lejos, sino en permanecer. Con la Luna de nuevo en el punto de mira y Marte como siguiente objetivo, el desafío trasciende la tecnología y alcanza a la propia condición humana: cómo sobrevivir durante meses o incluso años en un entorno hostil, aislado y a millones de kilómetros de casa.

Ese debate centró la mesa redonda sobre si el hombre está preparado para vivir más allá de la Tierra, una de las citas del congreso sobre exploración espacial que se celebra en Oviedo y que contó con el médico aeroespacial de la NASA, Emmanuel Urquieta; a la astrobióloga e investigadora de la Universidad de Alicante, Laura M. Parro; a la ingeniera de telecomunicaciones especializada en tecnologías espaciales, Raquel Lladró; y al ingeniero e investigador de la Universidad de Oviedo, Álvaro F. Vaquero. Santiago Iglesias fue el encargado de moderar el debate para analizar si la humanidad está preparada para dar ese paso.

Mucho antes de llegar, aprender a sobrevivir

¿Está la humanidad preparada para vivir fuera de la Tierra? La respuesta fue clara. "Marte, definitivamente, no", respondió el médico aeroespacial Emmanuel Urquieta al ser preguntado por la posibilidad de que una misión tripulada permanezca durante años en el planeta rojo. Aunque reconoció que en los últimos años se han producido avances importantes, insistió en que todavía queda "un largo camino por recorrer" antes de pensar en establecer asentamientos permanentes.

El primer obstáculo sigue siendo crear un entorno capaz de sostener la vida. Laura Parro explicó que antes de instalar una base será necesario localizar lugares seguros, estudiar cuevas y tubos de lava, analizar su estabilidad y comprobar si albergan recursos esenciales. "Tenemos que explorar más con la robótica, tal vez enviar drones", señaló, al recordar que aún quedan numerosas incógnitas sobre la presencia de hielo, las temperaturas o la resistencia del terreno marciano.

La elección del lugar donde se asentaría una futura base tampoco es casual. Los investigadores explicaron que las cuevas y los tubos de lava son algunas de las opciones más prometedoras porque podrían ofrecer protección frente a la radiación, las temperaturas extremas y el impacto de micrometeoritos. Sin embargo, insistieron en que todavía queda mucho trabajo de exploración antes de confirmar si esos enclaves reúnen las condiciones necesarias para albergar vida humana de forma permanente.

La tecnología también deberá resolver un problema básico: dejar de depender de la Tierra. "Necesitamos agua y oxígeno, pero no podemos ser dependientes de la Tierra para siempre", apuntó Urquieta, que defendió la necesidad de aprovechar los recursos disponibles en Marte para que las futuras misiones puedan ser autosuficientes. Porque, coincidieron los participantes, mientras una base necesite recibir suministros de forma constante desde la Tierra, hablar de una presencia humana permanente seguirá siendo una meta lejana.

El mayor reto también está en la mente

Si la tecnología plantea numerosos interrogantes, el propio ser humano no se queda atrás. Vivir durante meses o incluso años en Marte supondría enfrentarse a un aislamiento extremo, con un contacto muy limitado con la Tierra y sin posibilidad de recibir ayuda inmediata en caso de emergencia. "¿Estamos preparados para lidiar con ese aislamiento?", planteó el moderador, Santiago Iglesias, una pregunta que marcó buena parte del debate.

Los ponentes coincidieron en que preparar una misión tripulada va mucho más allá de diseñar una nave o construir un asentamiento. También implica formar a personas capaces de convivir durante largos periodos en espacios reducidos, tomar decisiones de forma autónoma y afrontar las consecuencias psicológicas de vivir a millones de kilómetros de la Tierra. "No podemos tener teléfonos con Instagram en Marte", bromeó Raquel Lladró para recordar que la comunicación con nuestro planeta estará condicionada por la distancia y que la experiencia será muy distinta a la vida cotidiana.

A esa presión se suma la necesidad de que las tripulaciones sean mucho más autónomas que en las misiones actuales. La distancia con la Tierra hará que las comunicaciones no sean inmediatas, por lo que los astronautas tendrán que resolver por sí mismos muchos de los problemas que surjan durante la misión, desde averías técnicas hasta decisiones médicas o científicas. Los participantes recordaron que cualquier enfermedad o accidente deberá resolverse con recursos muy limitados y lejos de cualquier hospital terrestre. Por eso, concluyeron, preparar a las personas será tan importante como desarrollar la tecnología que las lleve hasta allí.

La exploración también necesita financiación

La tecnología no es el único desafío. Mantener una presencia permanente en la Luna o en Marte también exigirá resolver una cuestión mucho más terrenal: quién la financia y cómo hacerla sostenible durante décadas. Vaquero insistió en que el desafío no pasa únicamente por desarrollar la tecnología necesaria para llegar a Marte, sino por garantizar que una presencia humana pueda mantenerse en el tiempo. "Primero tenemos que decidir dónde empezar y cómo sostener las necesidades y el financiamiento", señaló. A su juicio, una misión permanente exige planificar cada paso con antelación, porque "no es hacer una misión sola a Marte. Es un desafío muy complejo", en el que intervienen factores tecnológicos, económicos y logísticos.

Recordaron que la exploración espacial siempre ha estado ligada a grandes inversiones públicas y privadas, pero advirtieron de que las futuras misiones requerirán un compromiso económico sostenido durante décadas. En ese escenario, defendieron que cada avance tecnológico deberá responder a un objetivo concreto para garantizar que los recursos destinados a la exploración tengan una aplicación real y continuidad en el tiempo.

El debate también puso sobre la mesa los límites del crecimiento de la actividad espacial. Laura Parro citó un estudio económico que analiza cuántos satélites pueden mantenerse en órbita antes de que el sistema deje de ser rentable y defendió que el futuro de la exploración pasará por encontrar un equilibrio entre la inversión, la investigación y la sostenibilidad.

¿Ciencia o geopolítica?

Más allá de los desafíos técnicos, el debate terminó con una reflexión sobre el verdadero sentido de llevar personas a Marte. ¿Es una decisión impulsada por la ciencia o por la competición entre potencias? Para algunos de los participantes, la respuesta no es tan evidente.

"Tenemos que volver al propósito científico de la investigación espacial", defendió desde el público uno de los asistentes, que recordó que muchas de las investigaciones que se pretenden realizar con astronautas pueden desarrollarse mediante misiones robóticas, con un coste muy inferior. "Tenemos que calmarnos con eso. El vuelo humano no es ciencia, es propaganda", afirmó Emmanuel Urquieta, antes de asegurar que el impulso actual por llegar a Marte responde, en buena medida, a una carrera geopolítica. "La razón por la que quieren ir a Marte ahora es porque China quiere ir a Marte y quieren ser los primeros. No es ciencia, son intereses geopolíticos".

El médico fue aún más allá al pedir un cambio de prioridades. "Estamos gastando mucho dinero en guerras y armas. Tenemos que ordenar las prioridades, detener las guerras, hacer acuerdos internacionales y luego, tal vez, pensar en enviar humanos a Marte". Un cierre que trasladó el debate desde la ingeniería y la exploración hacia una cuestión mucho más amplia: por qué, y para qué, la humanidad quiere conquistar otros mundos.

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