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Joaquín Ocampo, catedrático de Historia e Instituciones Económicas: "Asturias inició el siglo XVIII entre las regiones más pobres de España, junto con Galicia y Canarias"

"La región disponía de recursos y proyectos ambiciosos, pero seguía condicionada por la falta de infraestructuras, de capital mercantil y de demanda suficiente para impulsar la industrialización"

El catedrático de Historia e Instituciones Económicas Joaquín Ocampo.

El catedrático de Historia e Instituciones Económicas Joaquín Ocampo.

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Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

LA NUEVA ESPAÑA ofrece, el sábado 8 y el domingo 9 de agosto, el cuarto libro de los seis que conforman la colección "Asturias en la Edad Moderna". En ella sus autores, el periodista Eduardo García y el fotógrafo Miki López, se adentran en una época, la de los siglos XVI, XVII Y XVIII, que fue decisiva en la configuración actual de la región y lo hacen con rigor científico y en tono divulgativo, con el asesoramiento de expertos de la talla de Joaquín Ocampo, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Oviedo y uno de los mejores conocedores de una etapa de gran precariedad económica y en la que se sucedieron, una tras otra, las oportunidades perdidas.

Joaquín Ocampo Suárez-Valdés, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Oviedo, ha asesorado a los autores del cuarto tomo de la colección de libros de LA NUEVA ESPAÑA "Asturias en la Edad Moderna". "Vender naranjas a Europa, importar tabaco y bacalao", que así se titula, describe la situación de la economía asturiana en el siglo XVIII e indaga en las razones de su histórico retraso respecto al resto del país y su imparable declive.

¿Cuál era el panorama económico de Asturias en el siglo XVIII?

Asturias, junto con Galicia y Canarias, inició el siglo XVIII entre las regiones más pobres de España en renta por habitante, con apenas un 68 % de la media nacional. La población crecía y también la superficie cultivada, pero la productividad y el rendimiento de las tierras disminuían, lo que favorecía la repetición de crisis de subsistencia. El maíz y la patata mejoraron la alimentación y redujeron la mortalidad, aunque no aumentaron la renta familiar. El incremento demográfico, de unos 242.000 habitantes en 1700 a cerca de 380.000 en 1800, elevó la presión sobre la tierra. Las explotaciones se fragmentaron, aumentó la emigración hacia Madrid y América y muchas familias recurrieron al pluriempleo y a pequeñas manufacturas rurales.

¿Cuál era el principal obstáculo para el desarrollo?

La estructura de la propiedad. Buena parte de las tierras, molinos, ferrerías o montes estaban amortizados en manos de la nobleza, la Iglesia, los ayuntamientos y la Corona, lo que dificultaba la inversión y la modernización. A ello se sumaba un mercado interior muy reducido. La alternativa habría sido vender en mercados exteriores, pero Asturias carecía de una red de caminos adecuada y el transporte por montaña encarecía enormemente cualquier mercancía. El cabotaje marítimo tampoco ofrecía una solución porque la región disponía de pocos buenos puertos, una marina mercante muy limitada y escasos productos exportables.

¿Qué soluciones se barajaron?

A lo largo del siglo XVIII Asturias tuvo cuatro grandes oportunidades para impulsar su desarrollo, pero ninguna se consolidó. La primera consistía en mejorar las comunicaciones con Castilla mediante una carretera que sustituyera los viejos caminos de herradura, transitables solo durante parte del año y con una capacidad de carga muy limitada. La llamada carretera de Pajares, impulsada por Campomanes y Jovellanos, debía integrar Asturias en la red viaria nacional iniciada en 1761. Sin embargo, mientras las conexiones con Bilbao, Santander o La Coruña estuvieron concluidas antes de 1780, la de Pajares no se terminó hasta 1833. Asturias carecía, además, de una burguesía mercantil comparable a la de esos territorios, con capacidad para aprovechar las nuevas infraestructuras. La segunda oportunidad surgió con la liberalización del comercio con América promovida por Campomanes.

¿Por qué fracasó?

Jovellanos confiaba en que Gijón pudiera convertirse en un puerto de referencia para ese tráfico, pero la región apenas disponía de mercancías competitivas que exportar y no contaba con una marina mercante suficiente para abaratar los costes del transporte. La tercera gran esperanza residía en el carbón. Las explotaciones del Nalón producían carbón en cantidades apreciables. Sin embargo, los costes de extracción y transporte eran muy superiores a los del carbón británico. Además, España apenas demandaba carbón porque la industrialización basada en la máquina de vapor no comenzó a generalizarse hasta bien entrado el siglo XIX. El principal cliente terminó siendo el propio Estado, que adquiría carbón para arsenales, fundiciones y fábricas militares, una demanda insuficiente para transformar la economía regional.

¿Y la cuarta oportunidad?

Estaba relacionada con la industria armamentística. La creación de la Real Fábrica de Armas parecía abrir la puerta a una factoría moderna alimentada con carbón mineral, pero el traslado de maestros armeros vascos hizo que se mantuvieran las técnicas tradicionales, basadas en el hierro vasco y el carbón vegetal, frustrando la modernización prevista. Asturias disponía de recursos y proyectos ambiciosos, pero seguía condicionada por la falta de infraestructuras, de capital mercantil y de una demanda suficiente para impulsar un verdadero proceso de industrialización.

¿Cuál era la posición de los ilustrados asturianos ante la marginalidad económica de Asturias?

Durante la primera mitad del siglo XVIII, figuras como Feijoo, Campillo y el marqués de Santa Cruz de Marcenado sembraron las bases del reformismo ilustrado. En la segunda mitad del siglo serían Campomanes, Jovellanos y Antonio Raimundo Ibáñez quienes tratarían de convertir esas ideas en políticas concretas. Campomanes fue el gran impulsor del reformismo de Carlos III, con la liberalización del mercado de granos y del comercio colonial, la reforma de los gremios, el impulso a la colonización agraria, las primeras políticas sistemáticas de empleo o la introducción en España de las ideas económicas de Adam Smith.

¿Y Jovellanos?

Jovellanos tuvo una trayectoria muy distinta. Después de ocupar durante unos meses el Ministerio de Gracia y Justicia, fue encarcelado durante siete años. Aun así, elaboró el primer programa coherente de desarrollo económico para Asturias, basado en la mejora de las comunicaciones con Castilla, la modernización de la minería y el impulso a las enseñanzas técnicas. Sus propuestas apenas encontraron respaldo político. La tercera gran figura fue Antonio Raimundo Ibáñez. Desde Sargadelos impulsó uno de los proyectos industriales más ambiciosos de la época, con actividades que iban desde la siderurgia hasta la fabricación de loza, vidrio y textiles. Su asesinato en 1809 truncó un proyecto que podía haber tenido una enorme influencia en el desarrollo económico del noroeste peninsular.

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