La agente asesinada en Llanes pidió una orden de alejamiento y de protección en diciembre, pero se la denegaron
El calvario de Laura Cruz Vega: doce años de agresiones, denuncias falsas y amenazas hasta su ejecución a sangre fría en el cuartel de Llanes

Laura Cruz Vega, la agente asesinada este miércoles en Llanes, pidió una orden de alejamiento y de protección el pasado 17 de diciembre y le fue denegada. La había solicitado su letrada, al estar próxima la extinción de las órdenes que se dictaron para protegerla después de que fuese agredida años atrás por su expareja en el cuartel de Llanes, delante de sus hijos y de los compañeros de la agente. Sin embargo, la fiscal consideró que no había motivo para esa medida, ignorando los antecedentes del caso, y la jueza no tuvo más remedio que obviarla. Este dato choca con la afirmación de la Delegada del Gobierno este jueves, según la cual Laura había declarado a VioGén que «estaba segura y que no se consideraba en peligro porque hacía tiempo que no sabía nada» de su expareja.
La relación entre Laura Cruz Vega y Dámaso Fernández Serantes, que nunca estuvieron casados, comenzó a deteriorarse hace unos catorce años. La pareja ya tenía un hijo de cuatro años y la mujer se quedó embarazada de sus gemelas. Dámaso puso entonces tierra de por medio, para hacer el curso de guía canino en Gerona, y ya no fue destinado a Llanes. Al parecer, desde el principio se desentendió de sus dos hijas, aseguran fuentes muy cercanas a la pareja. Hasta el punto de que Laura Cruz tuvo que plantear un expediente de medidas paterno-filiales ante el Juzgado, hacia 2014, para que el hombre se hiciese cargo de sus obligaciones con las niñas.
Hasta 45 denuncias
El Juzgado de Llanes estableció la custodia para la madre y un régimen de visitas por el que el padre podía ver a sus hijos ocho días al mes. El guardia Dámaso tenía que recoger a sus hijos a la puerta del cuartel de Llanes y colaborar en su manutención. A partir de ese momento, la agente Laura recibió una lluvia de denuncias, hasta 45, según indican fuentes cercanas. Unas veces, Dámaso denunciaba que su expareja se había retrasado a la hora de entregar a sus hijos, otras denunciaba que las menores iban sin calcetines, o con la ropa sucia, o que la mujer llevaba a las niñas en el coche sin la sillita. Ninguna de esas denuncias llegó a ningún lado. Simplemente buscaba atosigarla. Ella misma se enteraba de ellas cuando acudía al Juzgado para presentar las diligencias de otros casos. A veces, Dámaso la denunciaba dos veces en un día. El guardia llegó incluso a denunciar que la jueza y su exmujer tenían una relación, porque decía que las había visto cenar juntas.
El 28 de julio de 2019 se produjo un incidente mucho más grave. Dámaso, que quería que le entregasen a sus hijas en el interior del cuartel llanisco, con el fin de confrontar con Laura, y no a la puerta, agredió de forma airada a su exmujer, a la que incluso llegó romper un diente. Como este miércoles, se coló en el cuartel cuando abrían las puertas para que saliese otro vehículo. Todo ocurrió en las dependencias del acuartelamiento, delante de otros agentes y de sus propios hijos. La agresión fue brutal. Laura sólo pudo meterse en el coche y recibir los golpes haciéndose un ovillo. En el maletero del coche del agente encontraron un arma.
El juicio se anuló hasta dos veces, aunque finalmente, el 15 de julio de 2025, seis años después de los hechos, la Audiencia Provincial validó la condena dictada por el Juzgado de lo Penal número 4 de Oviedo, que imponía a Dámaso un año de cárcel por maltrato y otros ocho meses de prisión por coacciones. También se le acusó de un delito de acoso o maltrato psicológico, pero los magistrados de la Audiencia no lo estimaron. Dámaso anunció un recurso ante el Supremo, pero finalmente renunció al mismo, con lo que la sentencia por violencia de género devino firme.
Eso desbloqueó el expediente que tenía abierto el agente por esos hechos. Hace poco, el instructor del mismo propuso el apartamiento del servicio. El asunto estaba ahora en manos de los servicios jurídicos de la Guardia Civil. Tenía que ser visto por el Consejo Superior de la Guardia Civil y finalmente rubricado por la ministra de Defensa, Margarita Robles.
Impagos de una hipoteca
El pasado 5 de agosto, hubo un nuevo problema, esta vez con la hipoteca de una vivienda que ambos había suscrito en su día. Dámaso no pagaba su parte en la misma, lo que provocó problemas con el banco. Era otra forma de tenerla pendiente de un hilo y robarle la paz. La agente no podía suscribir créditos para comprar otra casa. No obstante, llegó a un acuerdo con el banco por el que se quedaba la propiedad y la hipoteca. Dámaso debía firmar el consentimiento, pero se negó, a menos que la mujer retirase el proceso penal que había abierto contra él. Su abogado diría luego que no se refería a la denuncia por malos tratos, sino a otra demanda. Fue a raíz de este asunto, ante unos mensajes de whatsapp de Dámaso, que la mujer volvió a solicitar una orden de alejamiento y de protección y que se colocase al hombre una pulsera. Pero no le hicieron caso.
Los agentes no comprenden esta cerrazón. Al parecer, el agente tenía pareja en Zamora, pero seguía empeñado en hacer la vida imposible a su exmujer. Tras romper con Dámaso en 2014, Laura estuvo casada durante un año, aunque se divorció amistosamente y luego inició una relación con el guardia Álvaro, que tenía dos hijos de una pareja anterior.
Dámaso es pintado como un hombre frío y calculador, muy inteligente, pero aplicado hacia el mal. A ella le dijo que la iba a matar, como finalmente ocurrió. En los procesos judiciales figura la declaración de un sargento que advirtió de que Dámaso se iba a vengar de ella. Tanto Laura como quienes la querían, siempre tuvieron miedo de que finalmente consumase sus amenazas. Toda esta situación afectaba a Laura, no la dejaba vivir, y la perturbaba psicológicamente, como establece la condena del Juzgado.
A Dámaso sólo le importaban dos cosas, el dinero y la Guardia Civil. El Benemérito Instituto era su vida. Si le expulsaban, se la quitaban. Y cuando vio que ese era el destino que le esperaba decidió acabar con la vida de ella, a la que consideraba culpable por no retirar la denuncia de agresión.
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