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Dulces de lujo, para los días de playa

Confitería Carmen es el lugar ideal para hacer toda clase de encargos estivales; disfrutar una deliciosa merienda o desayuno o comprar ese pan que no puedes dejar de comer

Carmen González, en su confitería.| LNE

Carmen González, en su confitería.| LNE

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R. S.

Quienes la conocen no dejan de repetirlo. "Confitería Carmen" es el lugar perfecto para merendar o llevarse a casa las mejores creaciones pasteleras: bollería francesa, pasteles, tartas, bombones y chocolates…sin olvidar las tartas para todas las ocasiones y las deliciosas empanadas que causan furor este verano. Cumpleaños, bodas, bautizos, comuniones, aniversarios, despedidas. Confitería Carmen ofrece todos los ingredientes para endulzar los momentos más tiernos. La selección artesanal de pasteles y tartas es una auténtica delicia.

A la izquierda, tarta cuatro chocolates. A la derecha, tarta de limón.

A la izquierda, tarta cuatro chocolates. A la derecha, tarta de limón.

Los mejores ingredientes unidos a la pasión por hacer las cosas bien, aportan el mejor resultado. La tarta "Sacher", la "Selva Negra" o la "Red Velvet", una tarta de frutas o la riquísima "San Marcos", son algunas de las posibilidades que ofrece la confitería fundada por Carmen y su marido, Florencio, ya en la segunda generación.

Dulces de lujo, para los días de playa

Dulces de lujo, para los días de playa

La bollería se prepara con mimo. Cada bocado es una experiencia única que combina tradición y calidad artesanal. Un proceso meticuloso que asegura una textura suave y un sabor profundo que deleita a los paladares más exigentes. Desde el primer mordisco se siente la dedicación y el amor con los que Confitería Carmen elabora cada pieza.

Confitería Carmen es la preferida de quienes buscan algo más que dulzura, buscan una verdadera experiencia gourmet. Cada bombón y cada pieza de chocolate está elaborada con los más finos ingredientes y un toque de creatividad, ofreciendo una experiencia de sabor inigualable

Carmen González empezó en 1982 junto a su marido Florencio con una pequeña panadería, cuando llegaron al concejo y comenzaron elaborando productos básicos como magdalenas o empanadas. "Empecé poco a poco, haciendo cosas de repostería, pero de panadería, no de confitería", recuerda.

Aquel primer paso pronto se quedó pequeño. Abrió un pequeño despacho junto a la iglesia de Salinas y, con el tiempo, dio el salto decisivo: dejar de comprar productos a terceros para producirlo todo ella misma. "Me di cuenta que yo podría fabricarlo a mi manera. No era necesario comprarlo", explica. En 1990 puso en marcha su propio obrador, el punto de partida de una evolución constante entre locales, ampliaciones y nuevos proyectos.

De ese recorrido nace también la confitería que hoy lleva su nombre y que ha llegado a convertirse en un negocio familiar con varias líneas de trabajo. Sus hijos han asumido el relevo: Javier en la panadería y Eli en la confitería, mientras Carmen sigue vinculada como figura de dirección.

En ese contexto de crecimiento y búsqueda constante de identidad propia surgieron también los "Arrecifes de Salinas". El producto nació en 2006, pero lo hizo casi como un experimento. "Empezamos probando, cambiando cosas… no sabíamos cómo iba a salir", cuenta. El resultado terminó superando expectativas: un bombón que acabó viajando mucho más allá del concejo y que regresará en septiembre, cuando las condiciones climáticas lo permitan. “Había gente que venía de visita y se llevaba cajas enteras como recuerdo”, explica Carmen, que acabó viendo cómo aquel dulce funcionaba casi como un souvenir local improvisado.

Carmen González ha mantenido también una estrecha relación con el entorno cultural de Salinas, especialmente con el Museo de Anclas, del que se confiesa profundamente admiradora. De esa conexión han surgido incluso piezas artesanales y objetos inspirados en el paisaje marítimo del concejo.

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