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"La mejor fiesta de Asturias" toma Arriondas y desborda el Sella con miles de personas en las calles y las orillas del río

El pregón de Santi Cazorla y la salida de 1.291 palistas marcan la exitosa fiesta de Les Piragües

VÍDEO: La fiesta de Les Piragües toma Arriondas y desborda el Sella con miles de personas en las calles y las orillas del río

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Miguel Guerrero

Arriondas (Parres)

“Guarde el público silencio y escuche nuestra palabra. Y cuando demos los vivas, que el reglamento nos manda, contesten todos a coro, enronquezcan las gargantas, que es fiesta de toda Asturias, la fiesta de las Piraguas”. Y Arriondas (Parres), por un instante, guardó silencio. Después llegaron los vivas, el “Asturias, patria querida” y el estruendo del cañón. Las Piraguas volvieron a tomar este sábado las calles y el río, pero antes de que las primeras embarcaciones se lanzaran al Sella ya había quedado claro que allí no se iba solamente a ver una carrera deportiva. Se oba celebrar Asturias. Arriondas amaneció de fiesta, cubierta de banderas, collares de flores, monteras piconas y algunas camisetas del Oviedo, con motivo del pregón de Santi Cazorla de esta 88.ª edición. En definitiva, las calles se convirtieron en una enorme folixa que, un año más, hizo suyo aquello de ser “la mejor fiesta de Asturias”.

A las diez de la mañana comenzó el desfile, el primero de los grandes rituales de una jornada que parece no tener principio ni final. Por la calle principal de la capital parraguesa circularon los diferentes grupos que cada año llenan de color las calles de Arriondas comoTritones, Botijos, Entaina Ribeseya, Selleros, El Roblón, Ponguetos, Reeyes del Sella, entre otros, siguiendo la tradición que precede a la salida de las piraguas. Entre música, disfraces y banderas, Arriondas se fue llenando hasta que apenas quedó un hueco libre. Lola de la Parte, tritona de Piloña, desfilaba junto a sus amigas Laura García, Alba Samalea y Saray Valbuena: “Es el mejor desfile de mi vida, sin duda”, comentaba. Entre quienes contemplaban el paso de la comitiva estaban Arturo Espona y Mercedes Rodríguez, matrimonio ella de Onís y él de Infiesto, aunque residentes en León. “Nos encanta venir todos los años, por la folixa, por el ambiente”, resumían.

Después del desfile, la multitud comenzó a caminar hacia el río. El nuevo puente Emilio Llamedo se convirtió, como de costumbre, en uno de los lugares más codiciados para contemplar la salida. Algunos llevaban allí horas, guardando sitio para no perderse el instante en que las piraguas echaran a correr por el Sella. Otros se agrupaban en los laterales de la ribera. Había ríos de personas, sidra y kalimotxo; collares de colores al cuello, monteras piconas sobre las cabezas y chalecos que identificaban a los concejos de Asturias.

Juan Allende, vecino de Parres, esperaba ansioso la salida: “Llevo viniendo más de 60 años al Descenso. Una vez vine desde Italia en bicicleta para verlo”, contaba. Mientras, con el “Asturias” de Víctor Manuel sonando imponente, Olaya Guerrero y Álvaro García buscaban un lugar en un lateral desde el que ver el espectáculo.

Ella, de Biedes, en Piloña, es habitual de la cita; él, de Boadilla del Monte y con familia asturiana, se enfrentaba a sus primeras Piraguas. “Está claro que es un fiestón, pero las piraguas de Infiesto no se quedan atrás”, decía ella. Él reconocía que no esperaba encontrar “algo tan grande, con tanta gente. Qué bien se lo montan los asturianos”.

Y entonces se acercaron las doce. Santi Cazorla tomó el micrófono para pronunciar el pregón, labor que llevó a cabo con mucha pasión. El futbolista, elegido este año para abrir oficialmente la fiesta, recordó sus raíces: su padre nació en Arriondas y, ante miles de personas, confesó que aquel momento tenía para él “un significado muy especial”. Deseó a todos que disfrutaran “de la mejor fiesta de Asturias” antes de dar paso al pregón tradicional de les Piragues: “De orden de Don Pelayo, después de medir las aguas, presidiendo el dios Neptuno (...) nuevamente se autoriza en Arriondas la Carrera de Piraguas”. Los vivas recorrieron uno a uno los países participantes y los concejos asturianos. Alemania, Argentina, Bélgica, Colombia, Dinamarca, Hungría, México, Nueva Zelanda, Portugal, Italia, Reino Unido... y después Piloña, Cangas de Onís, Ribadesella, España y Asturias. Pero entre tanto jolgorio también hubo espacio para la tradición más pícara del pregón: “Si alguno tiene cerca una chavalina guapa, que no la pierda de vista”. Don Pelayo, recordaba Cazorla, permite abrazar a las “mozas que lo quieran” al final de la jornada y, quién sabe, si “luego, andando el tiempo, vamos al cura y nos casa”, y volver juntos a las Piraguas, con los hijos y los hijos de los hijos, a seguir celebrando la fiesta.

Terminado el pregón llegó uno de los momentos más emocionantes de la cita. Miles de personas entonaron al unísono el “Asturias, patria querida” que precede el arranque de la prueba deportiva. Tras el potente estallido del cañón, los 1.291 palistas se lanzaron al agua, arrastrando tras de sí los gritos de la multitud.

Historias para recordar

Entre quienes habían acudido a celebrar el Descenso había, además, una historia que parecía escrita para encajar en aquellas palabras del pregón. Agustín Álvarez y Ramón Álvarez, hermanos y naturales de Arriondas, compartían la mañana con una pareja: Elisa Abejón, de Gijón, y Miguel Campos, llegado desde Andalucía. Estos se conocieron en las Piraguas hace 50 años. Ahora habían regresado juntos para celebrar su aniversario. Medio siglo después, aquella fiesta que los juntó seguía sirviendo de punto de encuentro con sus seres queridos, siendo la prueba de que, a veces, la tradición se convierte también en una historia de vida.

VÍDEO: Así sonó el himno de Asturias justo antes de la salida del Descenso Internacional del Sella 2026

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Y mientras las piraguas desaparecían río abajo, casi todos los presentes volvían a cruzar el renovado puente. Allí esperaba la música en cada rincón, las charangas, los bailes, y una fiesta que apenas acababa de comenzar. Las calles seguían llenándose mientras el Sella se llevaba a los palistas hacia Ribadesella y dejaba atrás miles de personas dispuestas a continuar la celebración. Porque las Piraguas son una carrera, sí, pero también es el lugar donde se reencuentran los amigos, donde nacen historias de amor que duran medio siglo y donde, durante un día, una región entera se reconoce en una misma fiesta. Arriondas vuelve a ser Asturias. Y Asturias vuelve a darse cita junto al Sella para celebrar, como repetían quienes llevaban horas entre la multitud, “la mejor fiesta de Asturias”.

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