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El Xiringüelu, "lo mejor de España" y nada más: así fue la multitudinaria fiesta que congregó a miles de romeros en Pravia

Los asistentes, de todas las procedencias, reivindican los valores de amistad y familiares de la romería

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Zaira Varas

Oviedo

A eso de las diez de la mañana el prao Salcéu todavía tiene huecos. Queda sitio para que siga entrando gente, aunque las 146 casetas ya llevan rato despiertas. No hace falta esperar a que llegue el mediodía para encontrar ambiente en este conocido rincón de Pravia. La peña "La Tribu" juega al béisbol y falla más de lo que acierta; unos organizan carreras en sillas de ruedas y otros han encontrado una forma todavía más peculiar de desplazarse: un cochecito de juguete en el que va montado un chaval mientras otro tira de él con una cuerda.

VÍDEO: Miles de romeros toman Pravia para celebrar el Xiringüelu en una de las citas festivas más importantes del calendario asturiano

LNE

El Xiringüelu empieza así, entre bromas, inventos improvisados y peñas que ya tienen claro que aquí se viene a pasarlo bien. Así ha sucedido un año más a orillas del Nalón, en las inmediaciones de la villa praviana. En ese prado repleto de casetas, romeros -unos 50.000 calcularon las autoridades- y un fuerte dispositivo de seguridad se celebró una de las fiestas más populares, multitudinarias y famosas del calendario festivo estival en Asturias. Más de 12 horas de folixa y diversión.

Las pistolas de agua no descansan en la fiesta. Las pequeñas salpicaduras alcanzan a quienes caminan por los pasillos y, con el calor que ha hecho este domingo en Pravia, nadie parece enfadarse demasiado. Más bien al contrario. A ratos se agradecen. La zona de las casetas se llenaron de gente poco a poco. Entre madera, ramas, disfraces y neveras, cada grupo ocupó su pequeño territorio.

Lucía Cano llegó desde Cudillero y conoce bien el ritual. Tiene caseta desde hace años y asegura que su grupo no suele pisar la zona del botellón. "Siempre venimos a aquí", cuenta. El sábado, en cambio, tuvieron sus dudas. "Ayer lo vimos crudo para venir, porque cayó una tromba de agua bastante fuerte". Este domingo el cielo, de momento, dio tregua.

Varios chicos improvisan una carrera en silla de ruedas.

Varios chicos improvisan una carrera en silla de ruedas. / Zaira Varas

Las gaitas marcaron el comienzo

Con el mediodía tocaron diana. La peña "El Ahorcáu" es la más veterana del Xiringüelu y le toca marcar un inicio oficioso de la fiesta: sobre una pequeña tarima improvisada, a lo lejos, un guaje tocó la gaita -casi más grande que él- mientras alrededor se juntó la multitud para presenciar el izado del muñeco emblema de la peña. Nadie quiere perdérselo.

Después llegó el himno de Asturias. Las voces se multiplicaron y el prao entero cantó. Fue uno de esos momentos en los que todo queda en segundo plano durante unos minutos. Luego volvió el ruido, vuelven las conversaciones, las pistolas de agua y las carreras.

Para Laura Victoria López, de la peña "L'Charrán" que ha conseguido el tercer puesto en el concurso de casetas, es uno de los momentos que más disfruta. Incluso han buscado una forma de verlo sin tener que abrirse paso entre la gente: un arcón congelador. "Buscamos un recurso para no tener que ir al pasillo con la gente. Nos subimos ahí y lo vemos", explica mientras señala la zona desde la que han seguido el inicio.

Su caseta, cubierta de laurel, también tiene historia. "Llevamos 18 años haciendo casetas lamentables", bromea. Este año decidieron ir "a por el Cuervín". Y funcionó. "Con cosas naturales, como nos dicen y como se fomenta. Con mucho trabajo, con pocos recursos, porque no tenemos ni herramientas ni nada. Y bueno, con lo que podemos, lo conseguimos".

Un bar de Moe, un castillo y un techo de laurel

El momento de las gaitas dio paso al de los premios. La número 85, "El Llagar de Moe’s", se llevó el primero. Pintada en morado y blanco roto, reproduce el mítico bar de Moe de "Los Simpson". La segunda imita un castillo, con torres levantadas sobre la estructura.

María José Valerdiz, Odalis Serantes, Ana Álvarez López, Laura Victoria López, Irene Díaz.

María José Valerdiz, Odalis Serantes, Ana Álvarez López, Laura Victoria López, Irene Díaz. / Zaira Varas

Hay otras que se quedan fuera del podio, pero no de los comentarios: "Qué pasada", "vaya currazo". Las frases se escuchan entre quienes pasan mirando unas y otras. Porque el concurso tendrá tres ganadoras, pero las horas de trabajo están repartidas por todo el prao.

Diego Méndez y Alejandro López están detrás de una de ellas. Este año sus peñas decidieron unir fuerzas. "Somos de dos peñas, una de Grado y otra de Avilés. Jugamos a rugby y este año nos juntamos las dos peñas para hacer una un poco mejor", cuenta Diego. La mezcla ha dado resultado.

López celebra el segundo puesto sin demasiadas vueltas: "No está mal, está muy bien, estamos muy contentos". La caseta se ha hecho sin grandes pretensiones, pero con una idea clara: que gustara a los propios integrantes de la peña y también a quienes pasaran por delante. "Este año quisimos hacer la caseta lo mejor posible", explica. El resultado es un segundo premio que reciben "encantados".

Mientras habla, el prao sigue creciendo a su alrededor. Cada vez hay más gente y los pasillos empiezan a estrecharse. Los autobuses organizados todavía tienen que hacer llegar a más visitantes. Cree que la fiesta sigue creciendo y que las casetas son "la esencia del Xiringüelu". La otra parte, la del botellón, queda más lejos.

"Es la mejor fiesta de Asturias"

Entre una conversación y otra aparece siempre el mismo asunto: el tiempo. Hace calor, aunque menos que otros años, y el cielo mantiene esa amenaza que nadie termina de tomarse demasiado en serio. "Siempre hace mucho sol y mucho calor", dice López. "Mejor que llueva", añade, recordando el chaparrón del sábado. Pero hoy toca sombra, algo de sidra y aguantar.

Laura Victoria López tampoco termina de fiarse del cielo. Mira el techo de la caseta y bromea con lo que puede ocurrir si llega la lluvia: "Ya verás el techo de laurel, que nos vamos a mojar". Dentro de su caseta se está más fresco que en otras zonas del prao.

Ana Lantes y Juan Díaz.

Ana Lantes y Juan Díaz. / Zaira Varas

Y luego está la gente que acude de fuera. Ana Lantes es de Madrid, aunque tiene familia en Pravia, y lleva varias ediciones. Para ella no hay demasiadas dudas: "Creo que es de las mejores fiestas de España". La considera "súper infravalorada", porque no tiene la fama de otras celebraciones españolas. Este año, además, celebra que no haya habido mucho sol: "Se está mucho mejor en el prao". Acude con su novio, que se estrena en el Xiringüelu.

Laura Victoria López comparte esa defensa de la fiesta. "Es la mejor fiesta del mundo", dice. Lo que le molesta, explica, es que muchas veces la imagen que trasciende después del Xiringüelu quede reducida a los problemas del domingo. "Muchas veces lo único que sacan después del Xiringüelu es cuántos atendidos médicos, si hubo peleas…". Y para ella eso deja fuera buena parte de lo que ocurre durante toda la semana: las peñas construyendo sus casetas, las actividades previas y una celebración que considera "muy familiar", en la que "todo el mundo invita a todo el mundo".

El Cuervón entre manos manchadas y muchas horas

Sergio Menes mira la fiesta desde la caseta que acaba de ganar. La número 85, "El Llagar de Moe’s", ya tiene el premio Cuervón. Él, sin embargo, sigue pendiente de lo mismo que todos: que el tiempo aguante. El año pasado la lluvia terminó afectando a muchas construcciones y este año nadie quería repetir la historia.

Las horas pasaron en el Salcedo y las casetas se llenaron, los pasillos recibieron más visitantes y las construcciones que durante días fueron tablas, herramientas y horas de trabajo cumplieron su cometido. Hubo quien buscaba el premio, quien buscaba la sombra, quien disparó agua o quien simplemente se dejó llevar.

Sergio Menes, de la peña ganadora de El Cuervón.

Sergio Menes, de la peña ganadora de El Cuervón. / Zaira Varas

En el Xiringüelu todo cabe: camaradería, amistad, familiaridad y, sobre todo, amor a Pravia.

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