Asturias vio el mismo eclipse en 1905, pero ahora sabe más: la principal dificultad entonces era la falta de relojes
El autor de un folleto informativo hace más de un siglo invita a guiarse por las estaciones de tren

Páginas del folleto editado en 1905 sobre el eclipse; a la derecha, de fondo, el mapa diseñado ahora por la Universidad.

Habrá que esperar más de siglo y medio en Asturias –no así en España, pues el próximo año habrá otro bien visible desde el Sur– para observar un nuevo eclipse total solar como el que se producirá pasado mañana, 12 de agosto. Los que ahora puedan disfrutar de este fenómeno astronómico serán unos afortunados, al igual que lo fueron aquellos que se encontraban en la región hace algo más de un siglo, concretamente el 30 de agosto de 1905.
Fue ese día, también un miércoles, cuando se produjo el último eclipse total de Sol que se pudo ver perfectamente desde Asturias. Había la misma expectación que ahora –salvando las distancias– entre aquellos que estaban pendientes de lo que iba a ocurrir, pero más de cien años atrás las cosas eran muy distintas socialmente y, por supuesto, en cuanto a medios. Sin ir más lejos, no todo el mundo tenía un reloj a mano para saber la hora y, mucho menos, los aparatos eran del todo exactos. Por tanto, no era fácil asegurarse de estar preparado en el momento de observación.
"El problema de conocer la hora es el primero que se presenta", advierte Enrique Fernández Echavarría, catedrático de la Universidad de Oviedo, autor en 1905 de un folleto explicativo e informativo sobre el eclipse total solar de ese año. Entonces lo editó la Extensión Universitaria de la Universidad de Oviedo –se repartió de forma gratuita a todo el que lo pidió en la portería del edificio– y ahora la institución académica lo ha reeditado con fines divulgativos y educativos con motivo del inminente eclipse del día 12.
Aconsejaba entonces el científico fijarse en los relojes de las estaciones de tren: "Como hemos dicho señalan la hora oficial, pero esto no basta". Echavarría advertía de que ahí la hora era aproximada, así que más valía estar pendiente de las oficinas telegráficas, que del 27 al 31 de agosto recibirían "una señal que indique el momento preciso de una cierta hora venida de antemano". De tener reloj propio, lo conveniente era tenerlo bien "estudiado" para conocer su estado de atraso o adelanto cada día: "Se cuidará de que las agujas de los minutos y segundos marchen de acuerdo, y hecho esto, unos días antes del eclipse, no deben ya tocarse los registros ni conviene mover las agujas".
Son muchas más las diferencias del contexto social de 1905 y este año 2026, pero el fenómeno astronómico es el mismo. La científica asturiana Noemí Pinilla-Alonso, que escribe en el folleto reeditado por la Universidad de Oviedo, se declara sorprendida de que hace más de un siglo ya que conocieran "algunas de las magnitudes fundamentales del Sol con gran precisión". No obstante, la investigación ha avanzado y mucho: "El progreso posterior no ha consistido tanto en una corrección sustancial de las magnitudes conocidas como en una comprensión mucho más profunda de su significado físico". Y lo mismo ha pasado con la Luna, la otra protagonista del eclipse y de la que poco se sabía entonces y, mucho menos, se podía imaginar que el hombre algún día pisaría su superficie. "En 1905 era descrita como una roca lejana suspendida en el espacio. Hoy en cambio ha sido objeto de una exploración directa sin precedentes", describe la científica.
Lo que está claro es que en 1905, como ahora, había expectación tanto entre los científicos como en la ciudadanía en general. Entonces, como ahora, vale el mismo consejo del catedrático Echavarría en cuanto a la prevención: "Hay que preservar la vista con un vidrio fuertemente coloreado o ahumado". Con todo listo, solo queda disfrutar de un acontecimiento único.
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