Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

La 'guerra de la sidra' en Europa: Bruselas medita una nueva regulación para el sector

La Comisión Europea pretende establecer normas comunes para informar mejor al consumidor y atajar la competencia desleal entre sidras tradicionales y bebidas industriales

Pregón Festival de la Sidra de Nava

Pregón Festival de la Sidra de Nava / Fernando Rodríguez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

l José A. ordóñez

La Unión Europea (UE) es el escenario de una "guerra de la sidra" en la que se enfrentan dos modelos de producción y dos formas muy distintas de entender esta bebida. España y Francia defienden una regulación comunitaria que diferencie las elaboraciones tradicionales –obtenidas íntegramente mediante la fermentación de zumo fresco de manzana– de otras bebidas industriales que bajo la misma denominación se comercializan en varios países del norte de Europa y que, en algunos casos, apenas contienen un 15% de zumo. Bruselas trata ahora de cerrar un reglamento que establezca por primera vez unas normas comunes de comercialización para todo el mercado comunitario, con el objetivo de ofrecer una mejor información al consumidor y poner fin a la "competencia desleal" que, a juicio de la Comisión Europea, sufren las elaboraciones tradicionales.

La iniciativa que se puso en marcha en 2023 como un expediente técnico ha terminado convirtiéndose en uno de los debates agroalimentarios más complejos que afronta la Unión. En la negociación confluyen intereses económicos, tradiciones productivas centenarias, las reglas del mercado único y el futuro de un sector que mueve cada año alrededor de 1.200 millones de litros de sidra, concentra el 52% del consumo mundial, exporta unos 250 millones de litros y dispone de 16.450 hectáreas de plantaciones específicas de manzana de sidra. Bruselas intenta encontrar un difícil equilibrio entre la protección de las producciones tradicionales de España y Francia y la libre circulación de mercancías dentro del mercado comunitario que invocan los nórdicos.

El punto de partida del expediente se basó en un diagnóstico muy concreto. La Comisión reconoce que bajo la denominación "sidra" conviven actualmente en el mercado comunitario bebidas muy diferentes, elaboradas mediante procedimientos completamente distintos y sometidas a legislaciones nacionales que apenas guardan relación entre sí. Mientras en Asturias, el País Vasco, Bretaña o Normandía predominan las elaboraciones obtenidas exclusivamente mediante la fermentación del zumo fresco de manzana y sometidas a exigentes reglamentos de producción, en otros países europeos se comercializan como tales bebidas elaboradas con concentrados, mezclas, azúcares añadidos, aromas y porcentajes mucho menores de zumo de fruta.

Esa convivencia de productos tan distintos bajo una misma denominación llevó a la Comisión a concluir que existía una situación de "competencia desleal" hacia los productores tradicionales y una evidente falta de información para los consumidores. A juicio de Bruselas, la inexistencia de una definición común de la sidra dentro de la Unión impide distinguir con claridad entre una bebida elaborada íntegramente mediante la fermentación del zumo de manzana y otras producciones industriales cuya composición responde a criterios completamente diferentes.

Entre los objetivos del futuro reglamento figura establecer unas reglas homogéneas para todo el mercado europeo, reforzar la información facilitada al consumidor y proteger el valor añadido de aquellas sidras elaboradas exclusivamente con zumo de manzana y sometidas a reglamentos. La Comisión entiende que una definición común contribuiría a segmentar con claridad el mercado y facilitaría la diferenciación de las producciones tradicionales frente a otras bebidas comercializadas bajo esa denominación.

Los primeros borradores del expediente planteaban impedir que pudiera comercializarse como sidra cualquier bebida elaborada con menos del 50% de zumo de manzana. Posteriormente, y tras las consultas realizadas con los estados miembros y el sector, Bruselas pasó a estudiar un sistema de clasificación, desvelado por LA NUEVA ESPAÑA, basado en tres categorías. Sería una sidra clásica o "premium", reservada a las elaboraciones obtenidas íntegramente con zumo de manzana; "sidra", para las bebidas con un contenido mínimo del 50% de zumo, y "bebida a base de sidra", destinada a productos con un mínimo del 20%. Por debajo de ese porcentaje no se podría salir al mercado con la denominación de sidra.

La filosofía del expediente permanecía inalterable: diferenciar con claridad las elaboraciones tradicionales sin modificar los reglamentos específicos que ya protegen las denominaciones de origen como la de Asturias.

Desde el comienzo de la tramitación, la Comisión quiso despejar uno de los principales temores del sector productor tradicional. Bruselas garantizó que la futura normativa no alteraría las condiciones de elaboración de las indicaciones geográficas protegidas. En consecuencia, la Denominación de Origen Protegida (DOP) Sidra de Asturias seguiría rigiéndose exactamente por los mismos requisitos actualmente vigentes en cuanto a variedades autorizadas de manzana, materias primas, procesos de elaboración y sistemas de control. Los técnicos comunitarios sostienen que una regulación común reforzaría el reconocimiento de esas elaboraciones al permitir que el consumidor identifique con mayor facilidad los productos obtenidos íntegramente mediante fermentación de zumo de manzana.

Regulación

Tanto el sector sidrero como el gobierno español consideran que una regulación comunitaria supondría un avance respecto a la situación actual. La explicación se encuentra en el denominado principio europeo de reconocimiento mutuo, uno de los pilares del mercado único. En virtud de esa norma, España está obligada a admitir la comercialización de productos que se venden legalmente como sidra en otros estados miembros, aunque respondan a criterios de elaboración completamente distintos de los exigidos por la normativa nacional. En la práctica, ello significa que una "cider" producida en algunos países del norte de Europa con apenas un 15% de zumo de manzana puede venderse legalmente en el mercado español bajo la misma denominación que una botella amparada por la DOP Sidra de Asturias. Es decir, elaborada exclusivamente mediante la fermentación de zumo fresco de manzanas de sidra, con variedades autóctonas autorizadas y sometida a uno de los reglamentos de producción y control más exigentes de Europa.

Francia comparte buena parte de la filosofía defendida por España, aunque con un matiz importante. Los productores de Bretaña y Normandía ya consideraban insuficiente el umbral inicialmente planteado por la Comisión y defienden una regulación todavía más estricta que reserve la denominación sidra en exclusiva a las bebidas elaboradas íntegramente mediante la fermentación del zumo de manzana. Fueron los lagareros galos quienes protagonizaron las primeras críticas al expediente comunitario, preocupados por la posibilidad de que una futura normativa rebajara las exigencias aplicables a un producto con un fuerte arraigo histórico y cultural. La respuesta de Bruselas fue inmediata. Mediante una nota oficial garantizó las denominaciones de origen y el resto de indicaciones geográficas protegidas no sufrirían modificación alguna y que los productores tradicionales podrían seguir elaborando sidra al cien por cien con zumo de manzana en las mismas condiciones que hasta ahora.

La Comisión sostiene, además, que una regulación común no perjudicaría a esas producciones, sino que contribuiría a reforzarlas. Su planteamiento pasa por ofrecer al consumidor una información mucho más precisa sobre el producto que adquiere, permitiéndole distinguir con claridad una sidra elaborada íntegramente con zumo fermentado de manzana de otras bebidas.

El contexto político europeo también ayuda a explicar la evolución del de esta "batalla". Aunque la Comisión nunca ha vinculado oficialmente esta iniciativa al brexit, la salida del Reino Unido de la UE modificó de forma significativa la correlación de fuerzas dentro de la Unión. Gran Bretaña, gran productor y consumidor de sidra industrial, dejó de participar en las decisiones comunitarias, reforzando el peso relativo de España y Francia, que desde hacía años defendían una regulación europea capaz de diferenciar la sidra clásica frente al resto. Sin el principal referente europeo del modelo industrial dentro de las instituciones comunitarias, una vieja aspiración del sector productor tradicional encontró un escenario político mucho más favorable para avanzar en sus objetivos.

Si Francia fue inicialmente la voz más crítica por considerar insuficiente el planteamiento de Bruselas, con el paso de los meses el principal foco de oposición se desplazó hacia el norte de Europa. Suecia, Dinamarca y Finlandia trasladaron formalmente a la Comisión su rechazo a una regulación que limitara el uso de la denominación de sidra para buena parte de sus producciones. En esos países existe un importante mercado de bebidas elaboradas con porcentajes muy inferiores de zumo de manzana y una amplia gama de sabores frutales cuya comercialización podría verse afectada por la normativa.

Eurodiputados

La denominada "guerra de la sidra" ha entrado así en una nueva fase. Según informó recientemente el diario británico "Financial Times", varios eurodiputados de Suecia, Dinamarca y Finlandia han impulsado una ofensiva conjunta contra la propuesta comunitaria, al considerar que los consumidores distinguen ya perfectamente entre una sidra tradicional y una bebida industrial, por lo que rechazan que Bruselas establezca nuevas categorías de etiquetado para orientar las decisiones de compra. En un artículo conjunto, estos parlamentarios sostienen que la Comisión subestima la capacidad de elección de los consumidores y cuestionan la necesidad de modificar el actual sistema de comercialización.

El mismo periódico también recoge la entrada en escena de uno de los grandes grupos europeos del sector. El "gigante" cervecero danés Carlsberg, propietario de la marca de sidra Somersby, considera que la nueva normativa, tal y como se plantea, perjudicaría tanto al mercado como a los consumidores. Su director mundial de asuntos públicos, Kristian Henningsen, sostiene que la propuesta "confundiría a los consumidores", "dividiría al sector" y resultaría "incompatible" con los objetivos de simplificación normativa y mejora de la competitividad defendidos por la propia Unión Europea. Es más, a su juicio, de salir adelante la iniciativa, el mercado único se verá "innecesariamente dividido por unas diferencias culturales y geográficas".

En la misma línea se pronunciaron los cerveceros suecos, que expresaron su confianza en que todavía sea posible alcanzar una solución que permita la convivencia entre la sidra tradicional elaborada en España y Francia y las producciones escandinavas, evitando que ninguna de ellas quede excluida del mercado comunitario.

La propia Comisión Europea reconoce que armonizar un mercado tan diverso constituye todo un reto. Fuentes comunitarias aseguran que Bruselas continuará dialogando con todos los estados miembros para buscar una solución respaldada por una mayoría suficiente y admiten que no existe intención de sacar adelante el reglamento "a cualquier precio" ni sin el apoyo del sector y de los gobiernos nacionales.

Denominación de Origen

Mientras tanto, Asturias afronta la negociación con evidente interés. La Comisión Europea ha reiterado en todas las fases del procedimiento que la DOP de su sidra mantendrá intactas sus condiciones de elaboración y sus exigentes requisitos de producción. Tanto el sector como las administraciones consideran que una definición comunitaria permitiría reforzar la diferenciación comercial de las elaboraciones tradicionales y facilitaría que el consumidor identificara con mayor claridad un producto elaborado exclusivamente con zumo fresco de manzana, con materia prima autóctona seleccionada por su calidad y bajo unas normas que garantizan procesos de elaboración respetuosos con una tradición centenaria.

Después de casi tres años de informes técnicos, consultas públicas, alegaciones de los estados miembros y sucesivas modificaciones del expediente para tratar de facilitar el acuerdo, Bruselas trata ahora de encontrar un punto de equilibrio entre la protección de las elaboraciones tradicionales, las reglas del mercado único y los intereses de una potente industria de bebidas, de la que también forma parte la cervecera holandesa Heineken, propietaria de marcas de lo que denomina "sidra" como "Ladrón de manzanas".

La decisión que finalmente adopte la Comisión no determinará únicamente qué productos podrán comercializarse como sidra en el futuro. También fijará hasta dónde está dispuesta a llegar la Unión Europea en la defensa de sus producciones agroalimentarias más tradicionales frente a modelos industriales muy diferentes y pondrá fin –o no– a una "guerra de la sidra" que ha acabado enfrentando dos maneras muy distintas de entender una de las bebidas más emblemáticas del continente.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents