Asturias roza el lleno total ante el eclipse: conseguir una de las plazas hoteleras que quedan cuesta hasta 1.890 euros
Las mayoría de tarifas de los pocos alojamientos que quedan libres superan los 300 euros, triplicando el precio habitual en temporada alta mientras el sector habla de "máxima ocupación" en todo el Principado

Turistas con maletas en Gijón. / MARCOS LEON / LNE
Zaira Varas
A estas alturas, quien todavía esté buscando dónde dormir en Asturias después de ver el eclipse tendrá que armarse de paciencia. Y, sobre todo, cargar su cuenta bancaria. Una búsqueda realizada este lunes en grandes buscadores de alojamiento para dos adultos y una noche, del 12 al 13 de agosto, deja una fotografía bastante clara de cómo está el mercado a solo dos días del fenómeno: el 97% de los alojamientos ya no aparece disponible para esas condiciones. Dicho de otra manera, de cada cien opciones que ofrece la plataforma, solo tres permiten todavía realizar una reserva. Y las pocas que quedan no son precisamente una ganga de última hora: los precios oscilan entre los 295 y casi 2.000 euros por una sola noche, con la mayoría de las alternativas por encima de los 300.
La impresión que deja la búsqueda coincide con la que tienen los propios empresarios del sector. "La noche del 12 es máxima ocupación", explica Fernando Corral, vicepresidente de Alojamientos en OTEA, que apunta a que el eclipse ha añadido una demanda que no existía en años anteriores. "Es un nicho de mercado nuevo que llegó, que no hubiese venido a Asturias si no hubiese sido por el eclipse", señala. Es decir, no se trata únicamente de que el visitante habitual haya elegido esa fecha para sus vacaciones: hay gente que está llegando al Principado precisamente por el fenómeno astronómico y que, de otro modo, probablemente no habría viajado hasta aquí.
La fiebre por encontrar una cama no entiende demasiado de estrellas. Para la noche del 12 al 13 de agosto aparecen opciones de categorías más modestas que ya superan con holgura los precios habituales de una noche de verano. Un hotel de dos estrellas ronda los 250 euros, mientras que otras opciones rurales y apartamentos se mueven entre los 350 y los 500 euros. En los hoteles de tres estrellas las tarifas alcanzan los 500 euros y, entre alojamientos rurales y apartamentos, aparecen precios de 600, 800 e incluso 1.890 euros. La horquilla es enorme, pero deja una idea bastante clara: con el 97% de la oferta ya fuera del escaparate, la categoría importa, pero la disponibilidad importa todavía más. Una habitación sencilla que en otra fecha competiría por precio puede acabar costando lo mismo que un alojamiento de una categoría superior simplemente porque quedan muy pocas.
El centro concentra, pero no se queda solo
Oviedo, Gijón y Avilés llevan semanas apareciendo entre los puntos donde más se ha notado la presión sobre el alojamiento. No es casualidad: concentran una parte importante de la oferta turística asturiana y permiten además utilizar la ciudad como base para desplazarse posteriormente al lugar elegido para observar el eclipse. Ya a finales de junio, cuando todavía quedaban semanas para la cita, la disponibilidad era muy reducida. En Oviedo se localizaban entonces 22 alojamientos para dos adultos durante la noche del 12 de agosto, con precios que llegaban hasta los 2.309 euros; en Gijón quedaban 13 opciones, entre 575 y 1.600 euros, y en Avilés apenas aparecían tres, con tarifas de entre 440 y 1.000 euros.
Ahora, con el miércoles prácticamente encima, la oferta se ha estrechado todavía más. Pero el fenómeno no se concentra únicamente en las grandes ciudades. Corral señala que la presión se está notando "porcentualmente en todas las zonas", aunque reconoce que "siempre tiran más las dos ciudades, oriente que el occidente o que el centro interior". Hay más capacidad de alojamiento en los principales núcleos, pero también una demanda mayor; mientras tanto, el resto del territorio absorbe parte de quienes buscan alternativas cuando las primeras opciones empiezan a desaparecer.
La costa suma el turismo de agosto
En el litoral, además, el eclipse llega en plena temporada alta. Asturias ya recibe en agosto una elevada afluencia turística y este año se suma la de quienes han elegido expresamente el Principado para vivir el fenómeno. En el Oriente, localidades como Llanes, Ribadesella o Cangas de Onís afrontan así una doble presión: la del turismo habitual de verano y la de los visitantes que quieren estar aquí el 12 de agosto. En el Occidente ocurre algo parecido, aunque con un pequeño aliciente para quienes han organizado el viaje pensando específicamente en la astronomía.
Porque no hay un único lugar desde el que pueda verse el eclipse. Toda Asturias queda dentro de la franja de totalidad, lo que permite repartir la llegada de visitantes por el conjunto del territorio. El Principado ha preparado, de hecho, 78 puntos de observación, uno por cada concejo, para facilitar esa distribución y evitar que todos los desplazamientos terminen concentrándose en unos pocos enclaves.
Oriente: aquí el eclipse llega con la casa ya llena
El Oriente parte de una situación especialmente particular porque agosto es ya uno de sus momentos de mayor actividad turística. El eclipse añade una nueva oleada de visitantes a una zona acostumbrada a trabajar con una ocupación elevada durante estas fechas. Quien busque ahora una habitación en esta parte de Asturias no solo compite con otros aficionados al fenómeno astronómico, sino también con quienes tenían previsto pasar aquí sus vacaciones de verano.
La presión, además, se ha extendido a todo tipo de alojamientos. Hoteles, apartamentos, casas rurales y campings se han convertido en alternativas dentro de una misma búsqueda. Las reservas en alojamientos al aire libre de Asturias llegaron a registrar un incremento del 327% respecto al mismo periodo de 2025, según los datos publicados antes del verano. El dato muestra que el eclipse no está moviendo únicamente al cliente tradicional de hotel: quien no encontró habitación ha ido ampliando el abanico y buscando cualquier opción que le permita estar en Asturias esa noche.
Occidente: unos segundos que también cuentan
El Occidente tiene, por su parte, un argumento astronómico añadido. La duración de la totalidad aumenta hacia el oeste y en algunos puntos de esta zona se acercará a los dos minutos. En el centro y el oriente también podrá contemplarse la totalidad, aunque durante unos segundos menos. Puede parecer una diferencia pequeña, pero para quienes llevan meses organizando un viaje alrededor del eclipse, esos segundos cuentan y ayudan a explicar el interés por determinadas zonas.
Eso no significa, sin embargo, que alejarse de las ciudades garantice encontrar alojamiento. Al contrario: en muchas zonas del Occidente la oferta es más limitada y una demanda concentrada en una fecha concreta hace que las plazas desaparezcan rápidamente. Cambiar Oviedo o Gijón por un concejo del interior o del extremo occidental puede ampliar las posibilidades, pero a estas alturas tampoco asegura encontrar una habitación libre ni, mucho menos, una tarifa baja.
Una noche que lleva meses cotizándose
Lo que ocurre ahora es el último capítulo de un fenómeno que comenzó mucho antes de agosto. Los datos de SiteMinder ya reflejaban un fuerte incremento de la demanda: las reservas hoteleras en Asturias habían crecido un 76% respecto al mismo periodo del año anterior y las tarifas llegaban a aumentar un 85%. El eclipse ha convertido una sola noche en una de las fechas más cotizadas del verano, con una particularidad que explica buena parte de la presión: toda esa demanda está concentrada en el mismo día.
No es una semana completa de vacaciones que pueda repartirse entre distintas jornadas. La fecha señalada es el 12 de agosto y el fenómeno se producirá a última hora de la tarde. Quienes llegan para verlo necesitan estar en Asturias ese día y, en muchos casos, prefieren quedarse a dormir antes que afrontar el desplazamiento de vuelta después de la observación. De ahí que la diferencia entre esa noche y las inmediatamente posteriores sea tan evidente.
Asturias se prepara para recibir a los visitantes repartidos por todo el territorio. El centro mantiene su tirón por la oferta urbana y las comunicaciones; la costa añade el atractivo propio del verano; el Oriente combina su elevada demanda turística con el fenómeno y el Occidente gana interés entre quienes buscan alargar unos segundos la totalidad. "Porcentualmente se está notando igual en todas partes", resume Corral, aunque las dos ciudades y la costa oriental partan con una demanda mayor.
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