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Asturias, un eclipse visto y no visto

El sur de la región, desde el Acebo a Pajares, disfrutó de todo el proceso astronómico, con nubes en el resto del territorio, y todo el Principado vivió como una gran romería el día de los 110 segundos de noche

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Chus Neira

Chus Neira

Algunos fenómenos naturales suceden cada 120 años, como el eclipse total de este miércoles 12 de agosto. Otros son tan habituales en Asturias como los cielos encapotados, la nubes negras, la borrina. En buena parte del Principado apenas hicieron falta gafas especiales para seguir el gran acontecimiento astronómico del año porque no se pudo ver el sol. Solo las zonas más meridionales, del Gamoniteiru al Cuitu Nigru, en Pajares, en Cangas del Narcea (el Acebo) o en Tineo la observación de todo el proceso, desde las siete y media de la tarde, se pudo disfrutar en toda su dimensión. En todo caso, la constante en toda la región fue la excepcional respuesta popular a la conjunción astronómica, que convirtió el eclipse en una gran romería. Hubo bailes en Misiego, cajas de sidra en el Acebo, tumbonas en cualquier prao orientado al oeste. La Feria de Muestras se quedó vacía en una imagen de agosto postapocalíptico pero a cambio Gijón se echó a la calle, de la cuesta del Cholo al Cerro de Santa Catalina. El Parque del Oeste, en Oviedo, parecía un Martes de Campo, todo Avilés acabó en la plaza del Niemeyer y en la finca del Centro Asturiano parecía que las fiestas de Covadonga se habían adelantado varias semanas. Y entre las 20.27 horas y las 20.28 horas todo el mundo se animó a gritar una cuenta atrás o a recibir la noche de los 110 segundos con una cerrada ovación.

Unidas por las ganas de celebración, esas dos Asturias de un eclipse visto y no visto se vivieron de forma muy diferente. Mientras en Cuitu Nigru un aplauso había respondido al anuncio, desde los altavoces, del inicio del fenómeno y la felicitacion por ser el mejor puesto de observación en toda la región, en uno de los aparcamientos del Naranco se escuchaba a un vecino despedirse de otro antes de coger el coche para bajar a Oviedo en busca de un lugar más apacible con un elocuente: “Nada, se jodió”.

VÍDEO: Así se vivió el eclipse solar en Asturias

LNE / Foto: Lucía Rodríguez

La jornada transcurrió con pocos incidentes y afluencia muy progresiva, durante la mañana, a los lugares de observación recomendados. Por la tarde fue otra cosa. A las seis de la tarde el aparcamiento del Cabo Peñas estaba prácticamente lleno, igual que el del Prerrománico en Oviedo. El tráfico en dirección a la estación de Valgrande Pajares era cada vez más denso y muy pronto se cerró el acceso al Angliru.

En toda Asturias, desde Llanes a Castropol, los cazadores de eclipses y astrofrikis de cualquier rincón del mundo llenaron calles, plazas, cafeterías y miradores. Los hispanohablantes y asturfalantes fueron más minoría que nunca y en su lugar las comunidades de franceses, ingleses y norteamericanos tomaron las villas. A ver el eclipse a Asturias, por ser uno de los lugares de totalidad con mayor duración, vinieron de Burdeos, Clermont-Ferrand, París, Texas, Filadelfia, Cuba, Irlanda, Reino Unido o Nueva Orleans. Esos fueron los más madrugadores. Los asturianos llegaron luego y lo hicieron con romería y ganas de fiestas, a pesar de los cielos encapotados. Un doce de agosto para recordar, a pesar de todo.

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