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La música nunca se apaga en el Aquasella, donde se montan "raves" improvisadas con chapuzones en el río: "Esto es un privilegio"

Las sesiones de particulares en las playas fluviales se encienden en el festival de Arriondas cuando se acaba el programa oficial de cada día: "Es sin duda el festival más especial de España"

DJ Berlín pincha una sesión junto a varios festivaleros del Aquasella en una fiesta improvisada junto al río Sella.

DJ Berlín pincha una sesión junto a varios festivaleros del Aquasella en una fiesta improvisada junto al río Sella. / Nacho Blanco

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Nacho Blanco

Arriondas (Parres)

Durante los cuatro días que dura el Aquasella, la música retumba un total de 48 horas. Pero para muchos no es suficiente. Aprovechando que el cauce del Sella envuelve la finca de El Merediz, cientos de festivaleros se arremolinan en las orillas para continuar el baile con fiestas improvisadas. De esta forma, el Aquasella hace honor a su nombre y suma una capa más al festival de techno más importante del norte de España.

Un DJ coloca su equipo, prepara las mezclas y delimita una zona en la que la gente no puede entrar. Empieza a pinchar y, poco a poco, el espacio se va llenando de personas que se guían por la música. Todo allí, junto a Arriondas, en una playa fluvial del Sella. Así se forman estos enclaves improvisados, repartidos por varios puntos del río. Unos bailan, otros aprovechan para bañarse y algunos simplemente colocan su silla y disfrutan de una experiencia privilegiada.

Javier Terciado (abajo en el centro) y Patri García (arriba, primera por la izquierda), junto a otros festivaleros en el río Sella.

Javier Terciado (abajo en el centro) y Patri García (arriba, primera por la izquierda), junto a otros festivaleros en el río Sella. / Nacho Blanco

“Es un ambiente muy especial, está genial poder disfrutar de la música en medio de la naturaleza con el río al lado”, explican al unísono Noelia Llevot e Ilona Karavan. Ellas pertenecen al último grupo, el contemplativo, y desde sus sillas recargaban pilas este sábado para el día grande del festival, que contó con Amelie Lens, Héctor Oaks o Robert Hood, entre otros, y con un programa musical "non stop" hasta las diez de la mañana del domingo.

“Vinimos en tren desde Marbella y fue larguísimo, pero tenemos más energía de la que pensábamos”, aseguran. A pesar del orbayu que roció Arriondas durante todo el día, prefieren sin dudarlo este tiempo a las temperaturas andaluzas: “Allí nos morimos de calor”.

Ambiente durante la sesión de "I hate models", el pasado viernes en el Aquasella.

Ambiente durante la sesión de "I hate models", el pasado viernes en el Aquasella. / Aquasella

Metida en la rave al ritmo de DJ Berlín, pegada al río, se encuentra la onubense Patri García, que condujo sola desde Huelva durante una noche entera para plantarse en el Aquasella. “Este sitio es un privilegio, poder tener música así en la naturaleza es genial”, explica. García forma parte del colectivo "Hard Fire", un grupo centralizado en Andalucía con la electrónica como hilo conductor: “Vamos a muchos festivales techno por toda España, pero este es sin duda el más especial”.

Al Aquasella se han sumado este año 40 personas del colectivo y asegura que no será la última vez. Javi Terciado, de Aranjuez, también disfruta de la rave improvisada y, como García, ha optado por dormir en el glamping del festival, que, a diferencia del camping tradicional, ya tiene las tiendas montadas: “Es mucho más cómodo, sobre todo para aguantar todos los días”. Aun así, tras dos días de festival, confiesa ya no sabe si está de after o de previa y coincide con Llevot y Karavan en que se trata de una experiencia única: “La gente va fluyendo y se mueve hacia donde el DJ pone la mesa. Además, mientras escuchas la música puedes pegarte un chapuzón”.

Por la izquierdam Jorge Dueñas, Fernando Sánchez, Cecilia García, Aurora García, Alonso Fontecha, Laura Jiménez, José Manuel Morales y Alejandro Gálvez, en el Aquasella.

Por la izquierdam Jorge Dueñas, Fernando Sánchez, Cecilia García, Aurora García, Alonso Fontecha, Laura Jiménez, José Manuel Morales y Alejandro Gálvez, en el Aquasella. / Nahco Blanco

Ante la lluvia, más agua

Mientras algunos siguen con la fiesta en el río, otros se desplazan a Arriondas para renovar energías. El grupo de Jorge Dueñas, del pueblo toledano de Los Yébenes, forma un corrillo de sillas de playa bajo el nuevo puente Emilio Llamedo, cobijado del orbayu. “La lluvia se agradece, la preferimos al calor. Además, ahora nos metemos en el río y cogemos fuerzas para el resto del festival”, explican al unísono.

Saúl Flores y Diego Cara dan buena cuenta de un cachopo de gran tamaño en Arriondas.

Saúl Flores y Diego Cara dan buena cuenta de un cachopo de gran tamaño en Arriondas. / Nacho Blanco

Tras haberse quedado varios años en un piso cerca del hospital del Oriente, varios de ellos se han cambiado de bando y han elegido la oferta del glamping: “Pagábamos más de 300 euros por un piso de jueves a lunes. Ahora dormimos en el festival, con la tienda hecha y con aire acondicionado, así que se agradece”.

Más adelante, el centro de la capital parraguesa también está hasta la bandera. Entre las numerosas mesas donde almuerzan festivaleros bien entrada la tarde, destaca la de los barceloneses Saúl Flores y Diego Cara, que recuperan el aliento con un cachopo que duplica el tamaño del plato. “No nos sabemos muy bien el cartel, pero tenemos ganas de after. El cachopo es enorme, está que flipas”.

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