El pesar de los investigadores jóvenes que no se pudieron quedar en la Universidad de Oviedo por falta de apoyo: "Es desesperante"
La dificultad para encadenar proyectos y la finalización de contratos antes de publicar resultados lastran el relevo generacional en la institución académica, clave para parar su descenso en los rankings internacionales

Mónica Doblas trabajando en uno de los laboratorios de la Facultad de Biología de la Universidad de Oviedo junto a Laura Torrado. / Irma Collín / LNE
"Desesperante". Así describen jóvenes investigadores asturianos la situación que han vivido ante la falta de financiación para algunos de sus contratos en la Universidad de Oviedo. La jubilación de grandes puntales de la investigación ha sido uno de los principales motivos por los que la institución académica asturiana ha caído del puesto 700 al 900 en el Ranking de Shanghái, el más prestigioso del mundo. Un declive que ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la gestión de los contratos júnior dentro de la carrera académica en la región, claves para el relevo generacional.
Mónica Doblas es bióloga, tiene 35 años y más de una década de experiencia en distintos proyectos. Tras un año trabajando en un programa financiado por los fondos europeos "Next Generation" para analizar y clasificar más de medio millón de insectos recopilados en el Principado desde los años setenta del siglo pasado, su contrato terminó y nunca consiguió renovarlo.
"Habíamos conseguido grandes avances, reportando muchas especies polinizadoras nuevas de gran interés para la región… Pero ni mi compañero ni yo tuvimos continuidad. Tan solo se quedó una investigadora del equipo y así es muy difícil sacar las conclusiones adelante", lamenta Doblas. De hecho, para que esos meses de investigación queden reflejados oficialmente, los resultados deben publicarse. "Nuestro trabajo aún está en revisión. Cuando terminé de recopilar todos los datos de análisis se me acabó el contrato, así que las conclusiones las escribí en mi tiempo libre porque quería que mi trabajo quedase reflejado y aportase", subraya.
Actualmente, Doblas trabaja en una empresa de atención al cliente. "No tienen interés por retener el talento joven y eso es desesperante porque tenemos muchas ganas de trabajar", lamenta la joven, que no solo busca estabilidad, algo que "ve muy difícil", sino también apoyo. "Es el hecho de sentir que tanto al Principado como a la Universidad les interesa tu trabajo, al que le pones ganas y horas para conseguir conclusiones", explica.
En el limbo administrativo se perdió también el historiador Daniel Sierra, que, tras más de un año esperando la convocatoria de las becas Severo Ochoa, las principales ayudas predoctorales del Principado, decidió abandonar su doctorado y preparar la oposición de Gestión Administrativa Civil del Estado.
Desde el Principado explicaron en su momento que el problema de no convocar las ayudas en 2025 surgió a raíz de la negativa de la Agencia Estatal de Evaluación a valorar las convocatorias de comunidades autónomas, un requisito indispensable para poder resolver este tipo de subvenciones. Desde la Consejería confirman ahora que han llegado a un acuerdo con la Agencia de Evaluación de Galicia que permitirá lanzar las ayudas de 2026 de cara al otoño.
"Llevaba ya muchos meses intentando sacar adelante una investigación que sin ayuda me resultaba muy difícil", lamenta Sierra. En su caso, agotó todas las solicitudes que pudo. "Intenté optar a las ayudas que saca la Universidad de Oviedo -tres por área del conocimiento, quince plazas en total-, pero, al no haber convocatoria de las Severo Ochoa, el aluvión de solicitudes fue mucho mayor y no entré en el programa", explica el joven, que espera "poder terminar en algún momento" su tesis.
La inversión autonómica
El Principado defiende, no obstante, que la situación de la investigación asturiana debe analizarse con una perspectiva más amplia. "La Universidad de Oviedo continúa situada entre las 900 mejores universidades del mundo, lo que significa formar parte del 5% de las mejores instituciones de educación superior a escala internacional", señala el Gobierno autonómico.
El Ejecutivo reclama, además, cautela a la hora de interpretar la caída en el Ranking de Shanghái. "Utiliza indicadores muy concretos", recuerda. Entre ellos, el número de premios Nobel o medallas Fields entre egresados y personal docente, las publicaciones científicas altamente citadas, los artículos publicados en "Nature" y "Science" o la producción científica indexada. Un sistema que, según el Principado, "no tiene en cuenta ni la transferencia de conocimiento, ni la implicación con el tejido empresarial o industrial, ni tampoco la calidad de la docencia".
La Administración autonómica sostiene que está trabajando junto a la Universidad de Oviedo para reforzar el sistema científico y facilitar precisamente ese relevo generacional que reclaman los investigadores más jóvenes. Entre las medidas cita la Ley de Ciencia del Principado y las convocatorias destinadas a atraer y retener talento, como los programas Severo Ochoa y Margarita Salas, además del apoyo a la estabilización de científicos beneficiarios del programa Ramón y Cajal.
"Estas líneas están diseñadas para facilitar el relevo generacional en el personal investigador de la Universidad de Oviedo", defienden desde el Principado. A ello se suma, según la Consejería, el impulso de centros mixtos de investigación con la Universidad en áreas consideradas estratégicas, como la exploración espacial. El Gobierno pide, en este sentido, tiempo. "Los resultados de todas estas iniciativas deben medirse a medio plazo", subrayan.
Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) respaldan, al menos en términos de inversión, el esfuerzo que el Principado reivindica, pero que no necesariamente se destina a la Universidad, sino también a las empresas privadas. En 2024, el gasto en I+D creció un 10,4% y el personal investigador aumentó un 11,7%. Asturias alcanzó una inversión de 308 millones de euros y 5.264 personas contratadas a tiempo completo en ciencia e innovación. La comunidad se situó así como la tercera con mayor crecimiento del gasto en I+D, solo por detrás de Navarra, con un 39,5%, y Madrid, con un 14,3%.
Pero detrás de las cifras de inversión y de los planes para reforzar el sistema científico permanece una realidad que los investigadores más jóvenes describen de otra manera: la dificultad para encadenar proyectos sin que cada final de contrato implique volver a empezar.
La precariedad en los contratos
Alejandro Núñez conoce de primera mano esa situación. Actualmente, desarrolla su actividad investigadora como técnico de investigación en el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (SERIDA), pero su trayectoria está marcada por la sucesión de contratos vinculados a proyectos y por la incertidumbre que acompaña a cada uno de ellos.
"El principal problema que tenemos es la inestabilidad laboral. Normalmente, trabajamos con contratos asociados a proyectos que suelen tener una duración de uno o dos años. Cuando se acaba el proyecto de investigación, te vas al paro", explica. Su recorrido profesional ha sido, precisamente, una sucesión de contratos en diferentes instituciones. "Yo llevo toda mi vida laboral así, encadenando diferentes contratos en diferentes instituciones", señala.
Su experiencia también está vinculada al proyecto de la colección entomológica de la Universidad de Oviedo, en el que la financiación terminó antes de lo previsto. "No nos dio tiempo a publicar los resultados del trabajo que hicimos allí", lamenta. El problema, en su caso, no fue únicamente la finalización de un contrato, sino la interrupción de un proceso científico cuyos resultados necesitan tiempo para completarse, analizarse y publicarse.
Núñez reivindica el potencial de la investigación que se hace en Asturias, pero considera que ese talento necesita condiciones para poder desarrollarse. "La Universidad tiene investigadores muy buenos. Obviamente, si hubiera más financiación y condiciones más estables, habría más", concluye.
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