Julia Rípodas, escritora y profesora de Filosofía: "En una cultura sesgada, la credibilidad de las mujeres es menor y siempre frágil"
La asturiana reivindica en un ensayo la voz de mujeres célebres y desconocidas que apenas encontraron espacio en el relato oficial: "Su palabra completa una cultura históricamente sesgada"

Julia Rípodas, profesora en Badajoz, que presentó este mes su libro «Grita Casandra» en Gijón. | VIOLETA DE LA PEÑA
La asturiana Julia Rípodas, escritora y profesora de Filosofía, reivindica en "Grita Casandra" la escritura de las mujeres como una forma de conocimiento y sitúa el feminismo frente a algunos de los grandes desafíos del presente: la violencia machista, la reacción antifeminista y una educación que todavía arrastra siglos de mirada androcéntrica. Casandra tenía el don de la profecía, pero nadie creía en sus palabras. En la mitología griega, Apolo le concedió el don de profetizar y, al ser rechazado por ella, la condenó a que nadie diera crédito a sus palabras. Advirtió de la caída de Troya y del engaño del caballo de madera, pero nadie escuchó sus advertencias. Más de dos mil años después, esa figura aún funciona como una metáfora de la experiencia de muchas mujeres.
Es precisamente ese símbolo el que inspira "Grita Casandra", un ensayo ilustrado por Blanca Prendes, en el que la escritora convierte la literatura escrita por mujeres en el punto de partida para reflexionar sobre la credibilidad femenina, la memoria, la violencia machista y el lugar que el feminismo ocupa en la sociedad contemporánea. A comienzos de este mes, Rípodas, que reside en Badajoz y allí ejerce la docencia, tuvo la oportunidad de volver a su tierra para presentar su libro en Gijón.
Durante años, Rípodas leyó y reseñó autobiografías y memorias escritas por mujeres en su blog "Cuentan ellas cuentan", notando en el proceso una ausencia que iba mucho más allá de la literatura. "Me di cuenta de que la palabra de las mujeres constituye un conocimiento que completa y corrige una cultura androcéntrica y por tanto sesgada que nos ha dado la espalda históricamente", explica.
De esa constatación nació un ensayo con una voz diferente, entre la divulgación y la poesía, que dialoga con la teoría feminista y con una treintena de escritoras para defender la tesis del libro. Sostiene una idea sencilla, aunque política: cuando las mujeres cuentan su propia vida no solo hablan de sí mismas, sino que amplían la comprensión colectiva del mundo. La autobiografía deja entonces de ser un género íntimo para convertirse en una forma de conocimiento.
En las páginas de "Grita Casandra" aparecen diversas mujeres que durante siglos apenas encontraron espacio en el relato oficial. "Desde las más célebres hasta las más desconocidas, son mujeres que relatan sus experiencias vitales en primera persona, compartiendo con quien las lea su propia interpretación del mundo y del momento que les ha tocado vivir", señala la autora. Y añade que, precisamente por el silenciamiento histórico sufrido por las mujeres, sus vidas y la forma en la que la cuentan "enriquecen el conocimiento colectivo de la historia y del ser humano".
El feminismo frente a una nueva reacción
La figura de Casandra sirve también para explicar la facilidad con la que todavía hoy se desacredita la palabra de las mujeres. "Nuestra credibilidad es menor y siempre frágil", afirma la autora. A su juicio, las escritoras continúan enfrentando una desconfianza estructural sobre el valor de sus obras. Duda que también la experimenten sus compañeros del género opuesto.
"Las obras escritas por mujeres se reciben en el imaginario colectivo con una sospecha perpetua sobre su calidad; medios y editoriales tienden a perpetuar este descrédito", denuncia Rípodas. También señala la importancia de reivindicar nuevas autoras, y destaca algunas de las no tan desconocidas, pero insuficientemente valoradas, mujeres que aparecen en su libro. Destaca, por ejemplo, a las primatólogas cuyas memorias recoge en el capítulo "La tierra que nos sostiene". "Su mirada compasiva supuso un cambio en nuestra actitud de dominación sobre la naturaleza e influyó en la reflexión filosófica sobre la idea de objetividad científica", explica. Se trata, por tanto, de cuestionar los criterios con los que históricamente se ha construido el prestigio cultural y construir nuevos marcos a través de los que ver la realidad.
Para la autora, hablar hoy de feminismo significa analizar un momento especialmente complejo, marcado por la confrontación entre importantes avances en los últimos años y un momento histórico de cambio en el orden establecido. Su diagnóstico es contundente: "Todos los avances en los derechos de las mujeres han tenido su efecto reaccionario y nuestra época no es ninguna excepción". Considera que, mientras parte del discurso público insiste en que la igualdad ya está conseguida, las distintas formas de violencia contra las mujeres siguen adaptándose a los cambios sociales y económicos.
Recuerda que en numerosos países persisten prácticas como la mutilación genital femenina o los matrimonios infantiles, pero también pone el foco sobre fenómenos que afectan directamente a las sociedades occidentales. En su opinión, la pornografía y la prostitución constituyen hoy dos de las industrias más rentables del planeta asentadas sobre la explotación sexual de millones de mujeres.
Su preocupación se extiende especialmente a los adolescentes, con los que trabaja como profesora de 2º de bachillerato, y observa con inquietud cómo internet y el consumo de pornografía están moldeando la educación afectivo-sexual de toda una generación. "Ellos construyen su sexualidad excitándose con la violencia, ellas interiorizan la sumisión y todos crecen normalizando niveles de violencia insoportable", comenta preocupada.
Lejos de entender el feminismo como una corriente exclusivamente académica o política, la autora lo presenta como una tradición de mujeres que decidieron no aceptar el silencio. En "Grita Casandra" dedica un capítulo a esas "insumisas" que hicieron de la desobediencia una herramienta para ampliar los derechos de todas. Ese legado, sostiene, sigue siendo imprescindible en un contexto donde los discursos antifeministas han encontrado nuevas formas de difusión.
En medio de ese escenario, reivindica precisamente aquello que inspiró el libro desde el principio: detenerse a escuchar la experiencia de las mujeres, como una condición necesaria para comprender el presente. "Como profesora de Filosofía, echo de menos la inclusión de saberes relativos a la vida y situación de las mujeres en cada momento de esa historia", comenta.
Educando en feminismo
A su juicio, el problema no consiste únicamente en que los programas educativos hayan olvidado a muchas pensadoras, sino en que continúan explicando la historia desde un punto de vista parcial. Lo que cuestiona es una forma de explicar la historia que ha dejado fuera la experiencia específica de las mujeres y, con ella, problemas que atraviesan su realidad y apenas han tenido espacio en el pensamiento tradicional. Temáticas como la maternidad, explica, apenas han sido objeto de reflexión filosófica pese a tratarse de una de las experiencias más universales de la condición humana.
Este vacío se ha convertido en su principal campo de investigación. "Me interesa mucho la socialización de las niñas, cómo crecen las niñas y adolescentes en un mundo que desprecia a las mujeres y ningunea su voz al tiempo que explota su capacidad sexual y reproductiva de forma violenta y cruel", afirma.
Ese interés conecta con otra de sus facetas: el trabajo que desarrolla junto a otras docentes en DoFemCo, un colectivo que investiga cómo llevar la coeducación a las aulas de manera efectiva y educar a niños y niñas en la empatía y el pensamiento crítico. Para ella, educar en igualdad consiste en revisar de forma transversal la enseñanza y la cultura escolar.
Sin embargo, reconoce que la tarea es hoy especialmente compleja. "Es difícil porque el negacionismo de la violencia está cada vez más extendido y los discursos antifeministas se han convertido en la nueva forma de ser ‘rebelde’ para muchos adolescentes", señala preocupada por el auge de discursos antifeministas entre parte de la juventud, alimentados por las redes sociales. Aun así, se niega a aceptar una visión derrotista. Aunque la educación, insiste, "siempre produce efectos a largo plazo".
La falta de derechos básicos como la educación o la participación ciudadana sitúa a las mujeres en una posición de vulnerabilidad ante estos negocios criminales, ante la violencia sexual como arma de guerra y ante la violencia machista en general que, lejos de desaparecer, adquiere dimensiones de pandemia global. En ese contexto, la autora considera que el principal desafío del feminismo sigue siendo tan vigente como hace décadas: erradicar la violencia contra las niñas y las mujeres.
"Grita Casandra"
Este ensayo de filosofía feminista no pretende ofrecer respuestas cerradas ni construir un canon alternativo de escritoras, sino recordar que la historia del pensamiento ha sido incompleta mientras dejaba fuera la experiencia de la mitad de la humanidad. Cada autobiografía recuperada en sus páginas amplía el relato colectivo y cuestiona la idea de que el conocimiento solo puede producirse desde los discursos considerados universales, cuando esos discursos han estado tradicionalmente protagonizados por hombres.
Quizá por eso el ensayo deja de ser una reivindicación literaria para convertirse en una defensa de la memoria, la experiencia y la palabra como herramientas para comprender el presente. También acaba siendo una invitación a detenerse en un momento histórico marcado por la velocidad, la polarización y el exceso de información y poder pararse a ver a todas aquellas mujeres a las que la historia no les ha dado la atención que merecen.
Porque, como recuerda la autora, el problema nunca fue que Casandra no supiera interpretar la realidad, sino que nadie quiso escucharla. Hoy, después de siglos de silencios, ese grito sigue resonando. "Grita Casandra" nace de la convicción de que las voces de las mujeres, durante demasiado tiempo ignoradas, ya no están dispuestas a desaparecer. Como afirma Julia Rípodas, el libro defiende "la fuerza de la certeza: seremos escuchadas".
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