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Mario Suárez, divulgador científico: "Aunque las llamemos medusas, realmente las carabelas portuguesas no lo son"

Estos organismos han pasado de ser "visitantes ocasionales a aparecer con frecuencia" en las playas de Asturias desde 2024 por causas que se siguen investigando

Llegada masiva de decenas de carabelas portuguesas recogidas en las playas de Gijón en lo que va de día

Llegada masiva de decenas de carabelas portuguesas recogidas en las playas de Gijón en lo que va de día / Marcos León

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Mario Suárez Porras

Mario Suárez Porras

Mario Suárez Porras es presidente de la Asociación de Fotógrafos de Naturaleza de Asturias (AFONAS), profesor de las Dominicas de Oviedo y divulgador científico

La playa de San Lorenzo, en Gijón, se ha visto obligada este verano a izar la bandera roja en varias ocasiones debido a la presencia de carabelas portuguesas. La aparición de ejemplares de esta especie también activó las alarmas en otros puntos de la costa cantábrica. La peor parte se la llevaron las playas de Guipúzcoa, donde el pasado 5 de agosto se registraron hasta 120 picaduras.

Para los bañistas que vienen de otras zonas puede parecer una noticia excepcional, pero quienes llevamos años recorriendo la costa cantábrica sabemos que, desgraciadamente, ya empieza a convertirse en una escena habitual de cada verano.

Así sucedió en el de 2024. Fue el primero en el que se observó una llegada realmente importante de carabelas portuguesas a nuestras costas. Hasta entonces eran "visitantes" ocasionales, noticias aisladas que aparecían de vez en cuando en la prensa. Sin embargo, aquel año comenzaron a aparecer con una frecuencia desconocida hasta entonces. Pensé que quizá tardaría mucho tiempo en volver a encontrar una en buenas condiciones para fotografiar. Me equivoqué.

El verano pasado volvieron a aparecer en abundancia e incluso durante el mes de octubre dediqué una mañana entera a fotografiar varios ejemplares que seguían llegando a las playas del Cantábrico. Todo indica que su presencia está dejando de ser un fenómeno inusual para convertirse en algo cada vez más frecuente.

Aunque solemos llamarla medusa, la carabela portuguesa (Physalia physalis) no lo es realmente. Se trata de un organismo colonial formado por cientos de pequeños individuos especializados que trabajan como si fueran un único ser vivo. La parte más visible es ese flotador translúcido de tonos azulados y violáceos que permanece sobre la superficie impulsado por el viento, mientras bajo el agua cuelgan tentáculos que pueden superar varias decenas de metros de longitud.

Peligrosos tentáculos

Precisamente esos tentáculos son los responsables de su peligrosidad. Están cubiertos por miles de diminutas células urticantes capaces de inyectar un potente veneno para capturar peces y otros organismos marinos. Incluso cuando el animal ya ha muerto o lleva horas varado sobre la arena, esos tentáculos continúan siendo peligrosos.

La inmensa mayoría de las picaduras provocan un dolor muy intenso e inmediato, acompañado de una sensación de quemazón y de marcas rojizas en la piel que pueden persistir durante días. En personas especialmente sensibles también pueden aparecer mareos, dificultad para respirar o reacciones alérgicas importantes, por lo que siempre conviene buscar atención médica si los síntomas son intensos.

No tocar nunca

La mejor prevención sigue siendo la más sencilla: respetar siempre las banderas y los avisos de los socorristas, no tocar nunca una carabela, aunque parezca seca o inofensiva sobre la arena, y mantener especialmente vigilados a los niños, que suelen sentirse atraídos por sus llamativos colores.

Si se produce una picadura, lo recomendable es salir del agua, retirar con cuidado los posibles restos de tentáculos utilizando unas pinzas o un objeto rígido, nunca con las manos desnudas, y lavar la zona exclusivamente con agua de mar. El agua dulce puede hacer que las células urticantes descarguen todavía más veneno. Después conviene acudir a un puesto de socorro para recibir la atención adecuada.

Las causas

Las causas de este aumento todavía se siguen investigando. Los cambios en las corrientes marinas, determinados regímenes de viento y el calentamiento progresivo de las aguas parecen estar favoreciendo que cada vez más ejemplares alcancen las costas del norte de España. Probablemente no exista una única explicación, sino la suma de varios factores que está modificando poco a poco la distribución de numerosas especies marinas.

Una carabela portuguesa, al detalle

Una carabela portuguesa, al detalle / Mario Suárez Porras

En detalle

La fotografía que acompaña este artículo surgió precisamente durante aquel primer verano de abundancia en 2024. Encontré una carabela orillada a la bajamar y en muy buen estado en la playa de La Ribera, en Luanco, y decidí olvidarme de la imagen documental para buscar una interpretación más artística de este fascinante organismo. Utilicé iluminación artificial para resaltar las pequeñas burbujas de agua atrapadas en el interior de su cuerpo, un detalle que me parecía especialmente bello. Después jugué con un balance de blancos muy frío directamente desde la configuración de la cámara para potenciar los azules, violetas y amarillos naturales y conseguir una imagen casi abstracta. Experimentar con la temperatura de color es uno de los recursos creativos que utilizo en mis fotografías y, de hecho, constituye uno de los capítulos de mi libro "Inspirado por las aves".

A veces la naturaleza nos sorprende con una belleza que esconde un peligroso poder. La carabela portuguesa representa perfectamente esa dualidad: una auténtica obra de arte flotando sobre el mar y, al mismo tiempo, uno de los organismos más urticantes que hay en las playas. Admirarla con respeto, sin acercarse demasiado, es probablemente la mejor manera de disfrutar de ella.

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