Faustino Blanco, exconsejero de Sanidad: "La salud puede ser, si se gobierna con ambición, una nueva forma de construir ciudad y de organizar el futuro"
"El Principado puede situarse en punta de lanza si es capaz de convertir sus capacidades sanitarias, científicas, universitarias, industriales y territoriales en una estrategia compartida de largo plazo", afirma el ex director de la Fundación para la Investigación y la Innovación Biosanitaria en Asturias (FINBA)

Intervención quirúrgica en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). / LNE
Faustino Blanco González
Las ciudades cambian cuando cambian las infraestructuras que organizan su vida. Hubo un tiempo en que el puerto fue la promesa de prosperidad para Asturias; después lo fueron el ferrocarril, las fábricas, la universidad o el parque tecnológico. Cada época ha tenido sus lugares donde concentrar energía colectiva, atraer talento y ordenar una idea de futuro.
En el siglo XXI, una de esas infraestructuras empieza a tomar forma alrededor de la salud, entendida no solo como asistencia ni como un Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) al que se acude cuando aparece la enfermedad, sino como ecosistema de conocimiento, red de datos, espacio de innovación, industria avanzada y generación de valor. La salud puede ser, si se gobierna con ambición, una nueva forma de construir ciudad y de organizar el futuro.
La cuestión, por tanto, no es únicamente modernizar servicios o incorporar tecnología. Cuarenta años después de la Ley General de Sanidad, el desafío consiste en rediseñar la arquitectura institucional, urbana y económica que permita que la salud produzca mejores resultados, mayor cooperación y más valor público. Asturias puede situarse en esa frontera si convierte sus capacidades sanitarias, científicas, universitarias, industriales y territoriales en una estrategia compartida de largo plazo.
Desde esta perspectiva, Asturias tiene ante sí la posibilidad de releer el nuevo HUCA después de diez años de funcionamiento. Quizá su balance más relevante no sea solo sanitario. Su legado más profundo puede estar en haber creado una nueva centralidad urbana y una oportunidad histórica: contribuir al conocimiento en torno a la salud.
Alrededor del HUCA se han reunido asistencia sanitaria de alta complejidad, universidad, institutos de investigación, plataformas de innovación, biobancos, proyectos europeos, empresas tecnológicas y capacidades crecientes en datos e inteligencia artificial. Ese entramado no constituye todavía una ciudad nueva, pero contiene muchos ingredientes de las ciudades del conocimiento, donde ciencia, asistencia, empresa y tecnología generan conjuntamente desarrollo económico y bienestar social.
La cuestión decisiva ya no es qué instituciones existen, sino qué entorno somos capaces de crear entre ellas. La proximidad física no produce por sí sola innovación, hace falta convertirla en encuentro, movilidad, colaboración cotidiana, espacios compartidos, vivienda para nuevo talento, actividad empresarial, vida urbana, confianza institucional y proyectos con incentivos reales para cooperar. Sin esa arquitectura, el riesgo es acumular piezas valiosas sin transformarlas en sistema.
Por eso, resulta imprescindible crear espacios de colaboración estables donde profesionales sanitarios, investigadores, universidad, empresas y administraciones puedan encontrarse, compartir conocimiento y desarrollar iniciativas conjuntas. La innovación surge cuando esas relaciones dejan de ser ocasionales y pasan a formar parte de la actividad diaria.
Un ecosistema de salud avanzado requiere una gobernanza exigente, distinguir mejor quién define las reglas, quién presta servicios, quién innova, cómo se participa y quién evalúa resultados. Sin evaluación independiente, datos comparables y rendición de cuentas, la cooperación corre el riesgo de convertirse en una sucesión de declaraciones bienintencionadas. La ambición de un distrito de innovación en salud debe medirse no solo por sus edificios, sino por su capacidad para aprender, comparar, corregir y demostrar resultados.
Ahí aparece Oviedo como escala imprescindible. El entorno del HUCA no debería entenderse como un recinto especializado y aislado, sino como una nueva pieza de ciudad: abierta, conectada, caminable, bien comunicada, con transporte público de calidad, espacios públicos vivos, usos mixtos, vivienda accesible y capacidad para relacionarse con los barrios, la universidad y el conjunto metropolitano.
La ciudad del conocimiento no se improvisa. Se diseña, se cuida y se habita. Necesita laboratorios, hospitales, pero también cafeterías; vivienda; empresas, pero también empleo cualificado; datos; y mucha confianza. La innovación surge casi siempre en los lugares de intersección, allí donde disciplinas distintas pueden encontrarse sin pedir permiso.
Pero Oviedo, por sí sola, no agota la ambición. La fortaleza de Asturias reside en su condición de región policéntrica: Gijón, Avilés, Mieres, Siero, Langreo, los campus universitarios, los centros tecnológicos, la industria avanzada, el sistema sanitario y el conjunto del territorio que tienen que formar parte de una misma estrategia articulada mediante proyectos, movilidad, datos, formación y cooperación institucional.
En esta visión, el HUCA actuaría como gran nodo clínico, científico y tecnológico de referencia, sin excluir otros centros emergentes. Su fortaleza no residiría solo en la excelencia asistencial, sino en su capacidad para generar y diseminar conocimiento, atraer talento, impulsar innovación y proyectar ese dinamismo con la universidad, la industria, las empresas tecnológicas y el conjunto del territorio.
La salud puede convertirse así en una economía del conocimiento con raíces asturianas: capaz de generar empleo cualificado, atraer talento, impulsar nuevas empresas, modernizar la industria existente y situar a la región en redes europeas de investigación, innovación y transformación digital.
Los datos son una de las claves de ese salto. Europa avanza hacia un marco común para el uso seguro, interoperable y responsable de los datos sanitarios, con el Espacio Europeo de Datos de Salud como una de sus grandes apuestas. Esta orientación busca mejorar la atención a los pacientes, facilitar la investigación, evaluar políticas públicas y desarrollar servicios digitales en salud. Construir soberanía tecnológica.
En ese contexto, el proyecto "FINBA Data Trust" adquiere un significado que trasciende lo tecnológico, constituye una infraestructura estratégica, una arquitectura de confianza para gobernar datos sanitarios con garantías éticas, jurídicas y científicas. En una época en la que el dato es tan importante como el laboratorio, disponer de instituciones capaces de custodiarlo, conectarlo y transformarlo en conocimiento es una ventaja competitiva.
La combinación de asistencia, investigación, datos e inteligencia artificial permite avanzar hacia un sistema sanitario que aprende: capaz de generar evidencia desde la práctica clínica, evaluar resultados, incorporar innovación con sentido, mejorar la experiencia de pacientes y profesionales y orientar decisiones hacia el valor público. La inteligencia artificial no debería limitarse a proyectos piloto; puede contribuir también a gestionar listas de espera, predecir fragilidad, estratificar riesgos, planificar recursos y organizar circuitos asistenciales adaptados a las necesidades reales de la población.
Esa es la diferencia esencial, pues innovar no consiste en acumular tecnología, sino en aprender mejor. Las regiones más avanzadas no son necesariamente las que adquieren más dispositivos, sino las que conectan capacidades, comparten conocimiento, evalúan resultados y transforman ese aprendizaje en mejores servicios públicos, empresas más competitivas y mayor bienestar colectivo.
Algunas regiones europeas ya han comprendido esa lógica. Cambridge Biomedical Campus integra investigación biomédica, asistencia sanitaria, educación e industria. Hagastaden, en torno al Karolinska en Estocolmo, combina hospital, universidades, empresas, vivienda y vida urbana. GoCo Health Innovation City, en el área de Gotemburgo, se presenta como un ecosistema donde salud, tecnología, ciencia, empresa y comunidad se desarrollan conjuntamente.
Asturias no necesita copiar esos modelos, sino aprender de ellos para construir el suyo propio, adaptado a su escala, a su red urbana, a su tradición sanitaria, a su universidad, a su base industrial y a su necesidad de contribuir al crecimiento. La oportunidad diferencial es hacer de la salud una misión compartida de transformación regional, capaz de conectar de forma permanente asistencia, investigación, empresa, tecnología y ciudad.
Esa misión conecta con prioridades europeas como la medicina personalizada, la inteligencia artificial, los datos, la autonomía estratégica y las tecnologías avanzadas aplicadas a la salud. Se trata de utilizar tecnología para generar más conocimiento, mejores servicios y mayor valor público.
Solo después de recorrer este camino cobra sentido la idea de un "Distrito de Innovación en Salud". No como etiqueta urbanística o administrativa, sino como reconocimiento de un ecosistema que debe madurar en torno al HUCA, la universidad, la investigación, los datos, las empresas, la vivienda, la movilidad, el espacio público y una gobernanza compartida.
No se trataría de añadir un proyecto más, sino de ordenar una ambición colectiva en la que Oviedo adquiera una nueva centralidad urbana en torno al conocimiento y de que Asturias encuentre en la salud, los datos, la investigación y la industria avanzada una vía propia hacia una economía más sofisticada, cooperativa y abierta a Europa.
El futuro de Asturias no vendrá de una sola decisión ni de una sola infraestructura, sino de aprender a conectar lo que ya existe: convertir proximidades en alianzas, datos en conocimiento, conocimiento en innovación e innovación en bienestar. Vendrá de asumir que la salud no es solo un gasto necesario, sino una de las mayores plataformas de creación de valor del siglo XXI.
Quizá el mayor legado del nuevo HUCA no sea haber trasladado un hospital, sino haber desplazado el centro de gravedad de una posibilidad histórica. Desde la salud, Asturias puede construir en un entorno policéntrico, conocimiento y futuro. Ese es uno de los desafíos más estimulantes de la próxima década.
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