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Estudiantes de Suecia, Rumanía y España comparten en la Universidad de Oviedo su experiencia en distintos campus

El encuentro busca conectar a jóvenes para fomentar futuras colaboraciones académicas y profesionales

Miembros de Ingenium y estudiantes de erasmus en el edificio histórico de la Universidad de Oviedo.

Miembros de Ingenium y estudiantes de erasmus en el edificio histórico de la Universidad de Oviedo. / Zaira Varas

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Zaira Varas

Oviedo

El edificio histórico de la Universidad de Oviedo se llenó este viernes de acentos distintos. Suecia, Rumanía y España se encontraron bajo un mismo techo en torno a una idea: que estudiar en Europa no tenga por qué significar quedarse siempre en la universidad de origen. Ocho estudiantes (seis internacionales y dos nacionales) participaron en la inauguración de Ingenium, un encuentro pensado para poner en contacto a jóvenes y convertir esas primeras conversaciones en futuras colaboraciones.

Ana d'Aubarède abrió la conferencia inaugural y, poco después, Yuri Álvarez, profesor de la Universidad de Oviedo, puso cifras y posibilidades sobre la mesa: "Tenemos un programa bilateral con aproximadamente 500 universidades europeas diferentes. Así que, si sumamos el número diferente de programas bilaterales que tenemos con esas 500 universidades, terminamos con aproximadamente 1.200 programas bilaterales diferentes". Una red que, añadió, permitiría disponer teóricamente de hasta 4.000 plazas de movilidad. Son muchas posibilidades sobre el papel, pero no todas terminan ocupándose.

Pero el mapa internacional de la Universidad de Oviedo no termina en Europa. "No solo manejamos las movilidades Erasmus", recalcó Álvarez, antes de repasar los acuerdos que la institución mantiene también con universidades de Latinoamérica, Norteamérica y otros países. La movilidad, quedó claro, ya no cabe en una única fórmula. Y ahí apareció una de las preguntas que sobrevolaron toda la mañana: ¿cómo conseguir que más estudiantes se muevan?

Europa empieza a moverse

Juan Rayón, director de Ingenium, recogió el guante. La alianza europea, explicó, nació precisamente para cambiar la forma en que las universidades entienden la internacionalización. No se trata únicamente de sumar acuerdos con otros centros, sino de construir una red en la que las oportunidades sean más accesibles.

"Incluso en universidades como Oviedo, que son bastante fuertes en términos de movilidad, solo el 5% de los estudiantes participan", señaló. Una cifra que, a su juicio, demuestra que todavía queda mucho camino por recorrer. "Queremos que las oportunidades internacionales, la internacionalización, sean una de las prioridades de las universidades", afirmó Rayón.

La solución pasa, entre otras cosas, por acortar las distancias. No necesariamente en kilómetros, sino en tiempo. Rayón habló de las Challenge-Based Mobilities, en las que los alumnos viajan a otro campus durante un periodo corto para trabajar sobre un problema planteado por una empresa, una ONG o un centro de investigación. "Hay muchas nuevas cosas que no pueden ser un éxito si los estudiantes no lo hacen", advirtió.

El papel de los estudiantes es, precisamente, una de las claves de ese cambio. Rayón defendió que las asociaciones estudiantiles pueden convertirse en una de las vías más naturales para acercar la experiencia internacional a quienes todavía no han dado el paso. No solo como participantes en las movilidades, sino también como parte activa de los proyectos que se ponen en marcha.

"Una de las maneras más estándares de tener una experiencia internacional en la universidad es ser parte de una asociación de estudiantes", apuntó. En ese sentido, destacó la importancia de que encuentros como el que se celebra estos días en Oviedo sirvan para crear vínculos que después puedan mantenerse a distancia.

La idea es que una estancia corta pueda ser solo el principio. "Tal vez seis meses desde ahora puedes llamar a tus compañeros en Iași o Skövde cuando tengas un problema, puedes desarrollar una iniciativa común", planteó Rayón. La colaboración, por tanto, no termina cuando los estudiantes regresan a sus países, sino que puede convertirse en nuevos proyectos entre universidades.

Durante su intervención también adelantó algunas de las iniciativas que Ingenium quiere impulsar en los próximos meses, entre ellas nuevas movilidades de corta duración y proyectos de colaboración académica. "La movilidad está cambiando", afirmó, antes de animar a los estudiantes a aprovechar formatos que permiten vivir experiencias internacionales sin necesidad de realizar una estancia tradicional de varios meses. Y en esa transformación, insistió, los estudiantes tienen algo que decir: "Sus perspectivas en la universidad son extremadamente importantes para nosotros", señaló Rayón.

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