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Los rescatadores del Principado, ante el verano con más intervenciones: "Hay cada vez más gente en la montaña y eso dispara los salvamentos, pero los percances son más peligrosos en las playas"

"La gente debería darse cuenta antes de que algo va mal; cuanto antes pares y avises, antes será el rescate y en mejores condiciones", reclaman los expertos.

Aumentan las intervenciones con extranjeros desconocedores de la exigencia de la montaña asturiana

El Sepa bate récord de rescates con el helicóptero medicalizado: así trabaja el Grupo de Rescate con base en La Morgal

Mario Canteli / Amor Domínguez

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Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

La Morgal (Llanera)

Los rescates están desatados este verano. Ya son 123 intervenciones desde el 1 de junio hasta el 18 de agosto, y faltan 27 para llegar a las 224 que hubo en todo el año pasado. Ha habido decenas de rescates de montaña, con dos fallecidos en la última semana, desprendimientos en el Cares con dos senderistas holandesas heridas, pero también intervenciones en playas, algunas de alto riesgo, como el salvamento de dos adolescentes en la playa de La Franca, sorprendidas por la marea y el oleaje. Mientras realizaban este reportaje, los miembros del Grupo de Rescate tuvieron que salir de su base en La Morgal para una emergencia en la playa de Torimbia en Llanes, una persona que había quedado atrapada en una rocas.

Los propios miembros del Grupo de Rescate de Bomberos de Asturias admiten que está siendo un año con más intervenciones. "Ha habido días de hasta seis rescates, con un poco de todo, pero sobre todo intervenciones de montaña", asegura el bombero-rescatador Íñigo Sánchez Fernández, jefe de equipo del Grupo de Rescate.

Sánchez se atreve a dar una explicación para tanta intervención. "Hay cada vez más gente en la montaña y por tanto las posibilidades de percance se incrementan. Hay mucha gente que se desorienta, que sigue caminando y ya no puede serguir adelante, se enrisca, como nosotros decimos", asegura. "Se define como persistencia en el error, reticencia a pedir ayuda", remacha el bombero-rescatador Fernando Calvo.

Fernando Calvo y Alejandro Colomina, en el Eurocopter H145T2, en su base de La Morgal (Llanera)

Alejandro Colomina y Fernando Calvo, en el Eurocopter H145T2, en su base de La Morgal (Llanera) / Mario Canteli

"El peligro es cuando ocurre cerca de la noche y los afectados se ven en medio de la vegetación y la niebla. Deberían darse cuenta antes de que algo va mal", añade Calvo. "Cuanto antes pares y avises, antes será el rescate y en mejores condiciones", añade Sánchez.

El jefe de grupo cree que hay cada vez más rescates de extranjeros, sobre todo por "mala planificación". "Hay que asegurarse de que la ruta se adapta a tus condiciones. Y los extranjeros no suelen ser conscientes de que la meteorología en la montaña asturiana es muy cambiante. Hay sol y de repente entra la niebla y hace que te desorientes. Además, los desniveles son muy fuertes, especialmente en los Picos de Europa", resalta.

En una región con tantos grupos de montaña, tan señeros y con una media de edad alta, a los rescatistas no les extraña que haya tantos rescates de sexagenarios y septuagenarios como se están registrando. "También está habiendo rescates de gente montañera. Hay accidentes, la mala suerte existe", sentencia Íñigo Sánchez, con trece años de experiencia en el Grupo de Rescate. El consejo que dan los rescatadores es "llevar material por si hay un imprevisto: luz, agua y abrigo".

El elemento fundamental del Grupo de Rescate es el helicóptero medicalizado, una pequeña UVI volante con el aparataje necesario para salvar vidas. Se trata de un Eurocopter H145T2 dotado de dos turbinas y con una cabina más amplia. Este viernes, el helicóptero era pilotado por José Luis Iraola.

El médico Fernando Iglesias, en el aparato.

El médico Fernando Iglesias, en el aparato. / Mario Canteli

El rescate más difícil del verano, no fue en la montaña, sino en la playa, concretamente en la de La Franca (Ribadedeva), el pasado 26 de julio. Dos adolescentes que no sabían nadar habían quedado atrapadas por la marea sobre unas rocas, con el mar cada vez más embravecido pasando por encima de ellas. "Dos bomberos acudieron desde la playa a socorrerlas e impedir que se golpeasen contra las rocas y se ahogaran, pero no podían sacarlas por su propios medios. Recibimos el aviso a las siete y media de la tarde y llegamos en unos veinte minutos. Mientras nos aproximábamos era angustiante, porque no iban informando de que cada vez más gente se metía en el agua para ayudar, pero tenían problemas ellos mismo con el mar", explican los rescatadores Fernando Calvo y Alejandro Colomina, éste último encargado de la grúa del helicóptero, un elemento sin el cual un aparato no puede llamarse de rescate.

"Al llegar, evaluamos la situación, Alex me sacó al patín con la grúa y bajé al agua. Allí hubo que triar lo más rápido posible y subimos primero a la adolescente que parecía estar en peores condiciones. Arriba, el médico Fernando Iglesias las asistió. Y también subimos a los bomberos que habían estado con ellas", explica Fernando Calvo.

"Las playas tienen más peligro de lo que parece. Hay que ir con más prudencia. La persona en apuros en el mar es la que necesita ayuda con más premura. La gente se ahoga muy rápido, en cuestión de minutos", advierte Íñigo Sánchez.

El otro rescate de mayor dificultad fue el desprendimiento registrado en la Ruta del Cares, en el que resultaron heridas dos senderistas holandesas, madre e hija, el pasado 31 de julio. "Lo raro es que no hubiese fallecido alguien. Además el aviso era muy confuso y no se sabía si había uno, dos o diez afectados", explican Fernando Calvo e Íñigo Sánchez. "Sobre el papel es una senda sin desnivel, con un camino suficientemente ancho, pero es una ruta de montaña, y por tanto la caída de rocas es impredecible, por el paso de cabras, por el viento... Lo mejor sería no pasar por ella, pero lo hacen miles de personas a diario", comenta Sánchez.

El jefe de equipo Íñigo Sánchez.

El jefe de equipo Íñigo Sánchez. / Mario Canteli

El papel del médico-rescatador es muy exigente. "Es un ejercicio de adaptación. En el poco tiempo del que se dispone, hay que hacer todo lo posible. Si la lesión es leve, hay que quitar el dolor e impedir que empeore, inmovilizar la fractura. Si son graves, como los politraumas por caídas en la montaña, hay que saber cuando esa víctima no puede esperar y tiene que ser derivada a un hospital. Y en caso de infartos o ictus, hay que identificar cuándo un paciente está grave, para iniciar maniobras de soporte vital", indica el médico Fernando Iglesias.

En el helicótero hay material de soporte vital avanzado, adaptable a la presión en altura, monitores, bombas de perfusión, material de inmovilización, fármacos... "Como si fuese una UVI móvil", indica el médico, que cuenta además con el apoyo de los bomberos rescatadores, que son técnicos en emergencias sanitarias.

El helicóptero, a punto de salir del aeródromo.

El helicóptero, a punto de salir del aeródromo. / Mario Canteli

Las pruebas de acceso son duras. "Hay que estar físicamente preparado, para realizar escalada, marchas de montaña con nieve e hielo, descender ríos, cascadas... ", indica Íñigo Sánchez. Y añade: "La sociedad asturiana es consciente de la calidad que aporta este servicio, único en España. No hay muchos sitios donde se dé este modelo. Y a nivel personal, colma la vocación de servicio, de ayudar a las personas que lo necesitan".

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