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Desesperación y resignación entre los conductores en Asturias al dispararse el combustible: "Es una barbaridad"

Turistas y residentes claman contra el encarecimiento de los carburantes, con un precio en la región por encima de la media nacional y que complica los viajes y también el día a día

Olga Cristina Fernández, en Infiesto, a punto de repostar.

Olga Cristina Fernández, en Infiesto, a punto de repostar. / Miguel Guerrero

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Miguel Guerrero

Infiesto/ Sevares (Piloña)

El encarecimiento de los carburantes se deja notar este verano en los bolsillos de los conductores. En España, la gasolina se ha encarecido un 18,4% en las últimas seis semanas y el gasóleo un 21,1%, mientras Asturias continúa por encima de la media nacional. En julio, llenar un depósito de 50 litros suponía en la regiónm unos tres euros más que en el conjunto del país.

Una diferencia que puede parecer pequeña en un solo repostaje, pero que se acumula entre quienes necesitan el coche para trabajar, viajar o desplazarse a diario. En las estaciones de servicio, los conductores coinciden en una idea: cada vez hay que mirar más cuánto se gasta antes de ponerse en carretera.

Joaquim Azevedo repostó este domingo en la gasolinera de Sevares (Piloña) antes de emprender el regreso a Extremadura. Es portugués, trabaja en su país y vive en Badajoz. Para él, el coche resulta imprescindible porque tanto su situación laboral como su lugar de residencia le obligan a recorrer muchos kilómetros. Reconoce que el combustible es todavía más caro en el país luso, «pero en España es muy alto el precio aún así», señala. Estos días estuvo en Asturias de vacaciones y ahora tocó volver a Extremadura, con otro largo trayecto por delante y mucho consumo de combustible.

Mario Descalzo y Mario Sánchez, en Sevares.

Mario Descalzo y Mario Sánchez, en Sevares. / Miguel Guerrero

En Sevares, Aníbal Vega, motero, repostó para irse hacia el MotorLand Aragón. El viaje supone alrededor de mil kilómetros y un gasto importante en combustible. «Me dejo 400 euros en el viaje, son 1.000 km y mi depósito 40 litros», calcula. Para Vega, la subida de los carburantes es directamente «abusiva» y considera que durante el verano deberían adoptarse medidas para facilitar los desplazamientos. «Para el verano deberían bajarlo, para que la gente que está todo el año trabajando y gastando, al menos que el verano permita marchar de vacaciones», reclama. Su petición pasa por reducir la carga fiscal. «Al final es todo impuesto», sostiene.

Aníbal Vega, en Sevares.

Aníbal Vega, en Sevares. / Miguel Guerrero

Resto de Europa

Vega también cuestiona que los precios del combustible se acerquen a los de países con salarios más altos. «Estamos pagando precios como si tuviéramos sueldos de un alemán, cuando este cobra el doble. En la Unión Europea no podemos aportar lo mismo unos que otros», afirma. Asegura que la subida se ha ido haciendo cada vez más evidente: «Ya cuando empezó a subir un poco y tal ya se notaba, pero ahora ya es una barbaridad». Y pone especial atención en el diésel, que tradicionalmente había sido una opción más económica. «Toda la vida fue más barato que la gasolina», considera. El cambio de precios, añade, acaba perjudicando especialmente a quienes tienen menos margen económico. «Ahora el vehículo de gasolina está como más premiado, ¿quién se beneficia? La gente de pasta», apunta.

Mario Descalzo y Mario Sánchez pararon a repostar en Sevares recién llegados de Madrid. «Es una vergüenza, estamos pagando más por lo mismo, no se paga el barril tan caro». se quejan. Ambos recuerdan los precios que encontraron hace unos años durante un viaje a Alemania. «Hace un par de años estaba a 1,70 y ahora casi a dos; es una barbaridad», comentan. Para ellos, el problema termina afectando directamente al poder adquisitivo. «Nos toca fastidiarnos y que el sueldo salga menos rentable», lamentan. Y la situación se complica todavía más para quienes dependen del coche para acudir cada día al trabajo. «A la gente que trabaja lejos de casa, si sube tanto, van que lo acelera al mínimo. Lo hace por no consumir», explican. Reducir la velocidad y conducir intentando gastar menos se convierte así en una forma de contener un gasto que consideran cada vez más difícil de asumir.

Joaquim Azevedo, en Sevares.

Joaquim Azevedo, en Sevares. / Miguel Guerrero

En el caso de quienes viven en zonas rurales, el coche es imprescindible. Olga Cristina Fernández echa combustible en Infiesto y pone el acento precisamente en esa dependencia del vehículo privado. Su preocupación no está relacionada únicamente con los viajes de verano, sino con los desplazamientos cotidianos necesarios para acceder a servicios básicos. «Siento una gran frustración y una gran indignación», afirma. Fernández reivindica la situación de quienes viven en un pueblo y necesitan desplazarse para acudir al médico, hacer la compra o realizar cualquier gestión en la villa.

La falta de alternativas de transporte público hace que el encarecimiento del combustible tenga, en su opinión, una repercusión especialmente importante fuera de las ciudades. «Tenemos pocos transportes públicos y de esto no se habla», lamenta. El resultado, añade, es un malestar que va más allá del precio que marca el surtidor: «Esto genera mucha frustración y mucho enfado».

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