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Filtros artesanales, meses de preparación y un surfista en pleno eclipse: la foto “que nunca antes se había hecho” lograda por un asturiano

El praviano Pedro Gómez cuenta la intrahistoria de un momento fugaz que requirió una preparación minuciosa

Una de las imágenes que tomó Pedro Gómez desde el agua, durante la segunda parcialidad del eclipse, con Guillermo Ocaña montado sobre la tabla de surf.

Una de las imágenes que tomó Pedro Gómez desde el agua, durante la segunda parcialidad del eclipse, con Guillermo Ocaña montado sobre la tabla de surf. / Pedro Gómez

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Miguel Guerrero

Oviedo

Una cámara digital tarda, de media, entre 1/1000 y 1/4000 de segundo en inmortalizar un momento en una fotografía. Es un instante tan insignificante que un ser humano no puede percibirlo de forma consciente. Pero eso es solo la foto. Cuando el objetivo es capturar algo diferente, de una manera particular que nadie había hecho antes, una sola fotografía se puede convertir en el trabajo de meses. Así lo cuenta el praviano de 41 años Pedro Gómez, uno de los fotógrafos detrás de la imagen del popular influencer Guillermo Carracedo surfeando una ola mientras el eclipse solar aparece en el fondo.

“Guillermo y yo empezamos a pensar en la idea hace siete u ocho meses cuando empezamos a ver la noticia del eclipse, y quisimos intentar hacer algo que no se había hecho hasta el momento: fotos de surf en el mismo momento en que pasase”, comenta Gómez. El asturiano, natural de Agones, un pueblo de Pravia, relata cómo el proyecto, financiado por Red Bull España, conllevó una preparación y un estudio de meses de todas las posibilidades y situaciones que se podrían dar durante el eclipse, así como de la geografía del mar Cantábrico: “Necesitábamos una playa que tuviera la orientación concreta de manera que, cuando Guillermo cogiera la ola, el Sol le quedase por detrás”.

Otra de las imágenes de Pedro Gómez, que sacó desde una cueva de la playa antes del clipse total

Otra de las imágenes de Pedro Gómez, que sacó desde una cueva de la playa antes del eclipse total. / Pedro Gómez

Sin embargo, el equipo, que también contaba con otra fotógrafa llamada Ananda Fernández, no eligió la localización exacta hasta el día anterior al eclipse: una playa de la Costa da Morte, en La Coruña, cuyo nombre prefieren no revelar para preservar el secreto. También se habían planteado hacerlo en la costa de Asturias, Cantabria, o País Vasco: “Al final elegimos la localización en base a las condiciones meteorológicas, aunque teniendo en cuenta otros parámetros como la presencia de oleaje, que necesitábamos, y que la playa tuviera una orientación adecuada”, resume. A pesar de todas las previsiones, uno de los mayores sustos llegó cuando, en los momentos previos al eclipse total, el Sol se escondió entre las nubes: “Fue un momento de mucha tensión porque parte del equipo planteó desplazarse a otra playa, aunque yo no fui partidario por todo el movimiento de equipos que suponía; al final tuvimos suerte y conseguimos lo que queríamos”.

Una jornada difícil que “mereció la pena”

El fotógrafo cuenta que, desde que llegaron a la costa, alrededor de las 14 horas, tuvieron que ir resolviendo sobre la marcha diversos problemas que fueron surgiendo. Él se encargó de tomar las fotografías desde dentro del mar, a unos 15 metros de Guillermo, que surfeaba, mientras que Ananda Fernández permaneció en la playa. Uno de los principales obstáculos fueron los filtros fotográficos para el Sol. Además de vivir una “odisea” para conseguirlos, dado que estaban agotados en casi todas partes, estos dificultaban que se pudiera captar al mismo tiempo el eclipse y el surfista. “La oscuridad que daban los filtros para que no se quemase el sensor de la cámara con la luz solar era demasiado alta, y solo permitían captar la luz del Sol, por lo que tuvimos que fabricar uno artesanalmente que ocupase la mitad del objetivo”, explica. Así consiguieron que tanto el cielo como Guillermo quedaran correctamente expuestos en la fotografía.

Pedro Gómez

Pedro Gómez, en el agua de la playa de La Ñora. / Pedro Gomez

Otro de los quebraderos de cabeza fue cómo utilizar las gafas homologadas desde el agua. Para solucionarlo, Gómez improvisó una montura a partir de la forma de las propias gafas, utilizando cartón y reforzándola con celo por la parte superior para que resistieran mejor entre las olas. Aun así, en determinado momento las gafas se “desintegraron”, por lo que tuvo que recurrir al filtro de la cámara para poder mirar hacia el eclipse. A partir de entonces, su compañero le avisaba a viva voz cuando se acercaba a coger una ola, de modo que Gómez pudiera intuir su posición y realizar la fotografía intentando mirar lo mínimo posible directamente hacia el Sol.

A pesar de todos los contratiempos, la segunda parcialidad del eclipse, después de que la Luna ocultase por completo al Sol, les permitió obtener las mejores fotografías. Las nubes que anteriormente habían dado un buen susto al grupo se desplazaron, dejando el fenómeno astronómico de nuevo al descubierto. De esta manera, Pedro Gómez y Ananda Fernández pudieron capturar un momento “único y sin precedentes”, en palabras del asturiano. Ahora, Gómez piensa en presentar las imágenes a algún certamen, como el Memorial María Luisa, aunque más allá de eso, sigue preparando nuevos proyectos para el futuro junto con su amigo Guilermo Carracedo. “Ahora estamos pensando en hace algo en Francia, y también estamos intentando conseguir financiación para otra cosa en Mauritania”, desvela.

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