José Luis Álvarez Almeida, líder de los hosteleros en España: "La hostelería es un motor económico, pero también social; se nos oye poco y se nos escucha todavía menos"
"En Asturias no tenemos un problema de masificación turística; la tasa surge de un pacto político, no de una visión del sector"

José Luis Álvarez Almeida, posando para LA NUEVA ESPAÑA, en Oviedo. / Irma Collín

José Luis Álvarez Almeida (Oviedo, 1970) apura sus últimos días de vacaciones en Asturias, concretamente en Verdicio (Gozón), donde veranea con su familia y donde siguió el acontecimiento del año con permiso del Mundial: el eclipse total solar del pasado 12 de agosto. No obstante, ha ido y venido –acaba de llegar de la Feria de Málaga– para atender cuestiones relativas a su cargo , el de presidente de Hostelería de España, que le ha hecho trasladar desde hace algo más de un año su centro de trabajo a Madrid. Pero el que fuera presidente de la patronal asturiana Otea desde 2015 hasta su salto a la organización nacional no pierde de vista su tierra, aunque ahora también le preocupan otras.
-La crisis migratoria Ceuta toca de lleno a la hostelería.
-Es una situación dramática la que están pasando los hosteleros de Ceuta, que son tan de Hostelería de España como los de Asturias.Estamos preocupados por los empresarios y trabajadores. Anta la indefensión de los hosteleros y la caída radical del consumo y del turismo creo que se debe de articular un plan de ayudas urgentes.
-¿Qué balance hace el sector del eclipse, tanto a nivel nacional como en Asturias? ¿Alguna cifra que permita medir el impacto económico?
-Creo que ha sido un acontecimiento único para nuestra generación. La hostelería estuvo muy presente porque todo el mundo buscó un restaurante, una terraza o su sitio de confianza desde el que verlo. Y luego siguió allí. El balance es muy positivo, todo salió muy bien. Pero no tenemos una cifra global. Hay que pensar que en el Norte el eclipse tuvo más atractivo porque se vio con más fuerza, mientras que en el Sur no ocurrió lo mismo. Es cierto que hubo un aumento considerable de las ventas.
-Este verano ha tenido varios grandes acontecimientos, no solo el eclipse, sino también el Mundial. Estarán contentos en el sector.
-El Mundial fue un éxito para España, pero para la hostelería no fue de los más beneficiosos, fundamentalmente por los horarios, que restaron afluencia.
-¿Cuál es ahora el siguiente gran desafío para la hostelería?
-A nivel nacional siempre tenemos retos. Ahora tenemos la Fórmula 1 en Madrid, que será un gran acontecimiento. Pero creo que deja pie a hacer una reflexión más profunda, más allá del puro negocio. La hostelería siempre se ha definido como un sector económico. Yo fui uno de los que defendió en Asturias que se reconociese su valor como motor económico, porque aquí tradicionalmente se hablaba del metal, de la construcción o del automóvil. Pero ahora hay que reconocer además que somos un motor social. No hay prácticamente ningún acontecimiento nacional que no esté en contacto con la hostelería. Otros sectores no pueden decir lo mismo. Cuando hay acontecimientos nacionales de primer orden, quienes respondemos en primera línea somos nosotros. Podríamos haber dicho: «Como hay un eclipse, cerramos para que todos nuestros trabajadores puedan verlo». Pero estuvimos ahí, atendiendo a nuestros clientes y prestando el servicio.
-¿Cree que Asturias estuvo a la altura? ¿Se supo rentabilizar bien el eclipse, el Mundial..?
-Creo que sí. No le pongo una pega. La única observación que hago es que cuando nosotros queremos hacer cosas necesarias, muchas veces nos dicen que no hay presupuesto, que no hay dinero, que no da tiempo a sacar los pliegos… Y, sin embargo, cuando la Administración regional o local tienen que poner una pantalla o contratar algo rápidamente por un acontecimiento determinado, como ahora el eclipse o el Mundial, se consigue. En resumen: me gustaría que la burocracia fuese siempre ágil y para todos, porque cuando se quiere por interés de la administración, se logra.
-¿No les tienen en cuenta?
-No siempre. Por ejemplo, el Principado de Asturias inauguró días atrás en los Oscos un centro de formación de hostelería. Era inicialmente un proyecto de 6 millones de euros de fondos europeos, una especie de aula virtual, de formación digital. Dijimos al principio que eso era absurdo. Luego lo retomó el Gobierno regional actual y quedó en una inversión de millón y medio de euros para el centro que acaban de inaugurar. El sector no fue invitado. Ni Otea ni Hostelería de España, cuando nos llaman para otras muchas cosas. Es raro. Solo queremos que se nos consulte cuando tiene que ver con nosotros, desconocemos qué quieren hacer allí, pero deberían haber preguntado si tiene que ver con formación en hostelería, ¿no? Creo que es una vergüenza lo que se ha hecho sin tenernos en cuenta.
-Desde fuera da la impresión de que la hostelería está instalada permanentemente en la queja. Vemos terrazas llenas y dificultades para reservar en restaurantes, pero el sector siempre tiene lamentos: que si no ingresa, que si no puede poner pantallas para el Mundial, que si los festivales les perjudican, que si les molesta la comida para llevar que hay en los supermercados…
-Es cierto que damos la sensación de estar permanentemente en la queja. Pero lo que no nos gusta es la injusticia. Somos un sector resiente. Durante la pandemia, cuando hubo que cerrar nuestros negocios, lo hicimos. Cuando llega una cabalgata y hay que retirar las terrazas para que pase, las retiramos. Cuando tenemos que colaborar, colaboramos. Lo que nos duele es que haya habido ayuntamientos en Asturias y en España que no permitieron a los hosteleros poner televisiones en las terrazas para ver el Mundial y, curiosamente, esos mismos ayuntamientos instalaron después pantallas gigantes, haciendo la competencia al sector. Nosotros no pedimos que no se pongan esas pantallas. Lo que pedimos es estar en igualdad de condiciones. Además, después de esos acontecimientos quedan residuos, servicios de limpieza y mantenimiento, mientras que nosotros recogemos y limpiamos nuestras propias terrazas.
-¿Lo que reclama entonces el sector es un mayor reconocimiento?
-Exactamente. Más que estar instalados en la queja, lo que pedimos es reconocimiento social. Por eso decía antes que no somos solo un sector económico, sino social. En un pueblo, cuando una persona que va todos los días a tomar café deja de aparecer dos o tres días, alguien pregunta qué le ocurre. El bar cumple también esa función social. No queremos que nos regalen nada. Queremos que nos respeten, que nos dejen trabajar y vivir.
-La próxima gran temporada vacacional será la Semana Santa y para entonces Asturias podría tener ya tasa turística. Otea ha mostrado su rechazo y el Principado está decidido a permitir su aplicación. ¿Qué opina como presidente de Hostelería de España?
-Esta medida afecta fundamentalmente al sector alojativo. La restauración queda fuera, aunque indirectamente pueda verse afectada. Aunque me ocupo de la hostelería, conozco especialmente el modelo asturiano. Aquí la tasa surge de una petición política, de un pacto político. No nace, en mi opinión, de un relato, de una visión o de un objetivo turístico previamente planteado. Y se ha hecho sin pactarlo ni consensuarlo con el sector. No digo que tenga que existir un pacto, pero sí un consenso. Y consenso no significa que tengamos que estar de acuerdo, sino que nos sentemos, hablemos y expongamos nuestras posiciones.
-Los ayuntamientos decidirán si la aplican o no.
-Ahí hay que preguntarse: ¿qué quieren hacer con ese dinero?, ¿quieren simplemente recaudar más?, ¿quién va a gestionar esos ingresos?, ¿tienen capacidad técnica para hacerlo?, ¿a qué actuaciones turísticas se va a destinar? Hay ayuntamientos que ya tienen dificultades para tramitar cuestiones que gestionan desde hace años, como las licencias. Ahora vamos a introducirles otra gestión más. Además, podemos acabar creando una Asturias turística a varias velocidades: un ayuntamiento aplicará la tasa y otro no.
-Uno de los argumentos utilizados para justificarla ha sido gestionar la masificación turística, también dar mejores servicios. Lo cierto es que algo hay que hacer, en otros sitios lo hacen, se mueven.
-Sí, se hablaba de luchar contra la masificación turística, pero yo pregunto: ¿dónde está la masificación en Asturias? ¿Alguien se quejó de la masificación durante el eclipse? Hubo aglomeraciones en determinadas zonas, claro, pero ¿las creó el sector turístico? No. Las generó un acontecimiento excepcional. En Asturias no tenemos un problema general de masificación turística. Tenemos aglomeraciones vinculadas a determinados acontecimientos: una fiesta, un evento, un lugar concreto en un día concreto. Y las administraciones, cuando quieren, tienen herramientas para regularlo: limitar accesos, organizar aparcamientos o establecer planes especiales, como ocurre ya en determinados espacios naturales. Creo que en Asturias se están haciendo muchas cosas bien. Lo que no me parece correcto son algunos discursos políticos sobre el turismo.
-Se fue de Otea en plena reivindicación asturiana para que se quite el peaje de la autopista del Huerna y ahí seguimos. O peor, con la autopista en obras en verano y problemas.
-Viajo mucho por España, muchas veces en coche, y tengo que decir que el estado de muchas carreteras españolas es un auténtico desastre. Desde Asturias vemos la deuda histórica que el Estado tiene con esta región. Una de ellas era la llegada de la alta velocidad, que ya está, y otra sigue siendo el peaje del Huerna. Ese peaje hay que eliminarlo. Pero también me preocupa qué sucederá después. Esa autopista tiene unas características muy particulares y unas necesidades de mantenimiento enormes, especialmente por la nieve. Me preocupa que se elimine el peaje y que después el mantenimiento no esté a la altura, que aparezcan baches o que la vía se colapse cada vez que nieva. La concesionaria presta, en términos generales, un buen servicio, al margen de los problemas que puedan generar determinadas obras. Si el peaje desaparece, la Administración tendrá que garantizar que ese nivel de mantenimiento se conserva.
-Otro problema crónico de la hostelería es la falta de trabajadores. ¿Se está ajustando poco a poco oferta y demanda?
-No. Y éste ya es un debate nacional. No afecta solamente a la hostelería: todos los sectores tienen falta de profesionales. Y subrayo profesionales, no simplemente trabajadores. Hoy en un bar no basta con tener voluntad. Un trabajador tiene que saber, por ejemplo, qué significa que una persona sea celíaca y cómo debe atenderla. Se necesita profesionalidad. En España tenemos además dos problemas importantes: las bajas por incapacidad temporal y el absentismo, que son cosas diferentes. No es un problema exclusivamente de las empresas ni de los trabajadores. Habrá empresarios que hagan las cosas mal y trabajadores que también, pero existe un problema que el Estado tiene que abordar.
-¿Cómo?
-Hay que conseguir que el sistema funcione mejor para que una baja que pueda resolverse en tres meses no dure seis. Y también tenemos que revisar correctamente las ayudas sociales, saber a quién se conceden y por qué. Yo defenderé siempre que existan ayudas sociales, pero debemos saber a quién se destinan y conseguir que quienes puedan incorporarse al mercado laboral lo hagan. También hay que abordar el absentismo. Se ha normalizado incluso la expresión «cogerse la baja», cuando una baja ni se coge ni se deja: la prescribe un médico. Son cuestiones que necesitan decisiones políticas valientes.
-Los sindicatos suelen responder a las quejas empresariales por falta de personal diciendo que la hostelería paga poco.
-No conozco a ningún profesional que considere que su sueldo es suficiente. Todos queremos cobrar más. Es verdad que la hostelería tiene fama de ser un sector sacrificado y de pagar mal. Pero los convenios colectivos los firmamos con los sindicatos, después de negociaciones muchas veces duras y complicadas. Llevo muchos años como presidente y no conozco ningún convenio que haya bajado salarios. Siempre han subido. Además, llevamos varios meses batiendo récords de empleo en la hostelería y superando los dos millones de trabajadores. Si fuésemos un sector que trata mal a la gente y paga tan mal como se afirma, la gente no estaría aquí: se iría a otro sector.
-¿Entonces dónde está el problema?
-Estoy de acuerdo con los trabajadores en algo: el nivel de impuestos y retenciones que soportan sus nóminas es muy elevado. Hay un problema de poder adquisitivo. Nuestros trabajadores tienen salarios comparables a los de otras profesiones y, en muchos casos, por encima de la media. Pero vemos que no pueden acceder a una vivienda por los precios de los alquileres. Pagan impuestos por todo. Si tienen que aparcar para ir a trabajar, tienen que pagar zona azul. ¿Por qué no planteamos zonas específicas para residentes y trabajadores de determinados sectores? Ahora además, si se van de vacaciones, en determinados lugares tendrán que pagar una tasa turística.
-Ha planteado muchas cuestiones que dependen del Gobierno central. Lleva ya tiempo como presidente de Hostelería de España y sigue pendiente una reunión de cortesía con el presidente del Gobierno. ¿Se producirá?
-Nosotros estaremos siempre sentados en la mesa del diálogo y de la negociación. Pero ningún presidente del Gobierno, ni éste ni el que venga después, debe esperar encontrar un presidente de Hostelería de España sumiso a las decisiones políticas. Voy a mantener la línea que he seguido todos estos años: luchar por este sector y conseguir que se reconozca. Tengo una buena relación con el ministro responsable de Turismo y (Jordi Hereu), creo que su departamento está ayudando al sector. Por ejemplo, recientemente se han aprobado ayudas de eficiencia energética para hostelería por 15 millones de euros. En el ámbito estrictamente turístico estoy satisfecho con muchas de las políticas. España proyecta una buena imagen turística al exterior y nos acercamos a cifras históricas como los 100 millones este año. Parte del mérito será de las administraciones y otra parte, del sector, que está a la altura. Pero creo que no se protege suficientemente a las aproximadamente 300.000 empresas que representamos.
-¿Y a nivel local se les trata bien?
-Estamos empezando a trabajar con la Federación Española de Municipios y Provincias para intentar que el turismo y la hostelería estén realmente presentes en las políticas municipales, más allá de los discursos. En Asturias siempre he defendido, por ejemplo, que no tiene sentido tener 78 normativas de terrazas completamente distintas. No digo que tenga que existir una única ordenanza, pero hay cuestiones básicas que no pueden cambiar radicalmente de un concejo a otro. Ese tipo de decisiones políticas afectan a la vida diaria de un hostelero.
-Hostelería de España es una buena plataforma, ¿se plantea dar algún día el salto a la política?
-Siempre he estado en todas las quinielas, tanto en las que quería estar como en las que no. No digo que no, pero lo que de verdad me apasiona, y cada vez más, es representar al sector y ayudarlo. Este sector necesita tener más voz. Se nos oye poco y se nos escucha todavía menos. En el norte de España tenemos, además, un asociacionismo empresarial muy potente.n
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