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Los nutricionistas coinciden: "Si durante el verano hemos disfrutado de una comida familiar o de helados, no tiene sentido hacer después una semana de castigo alimentario"

Los expertos insisten en que la dieta no debería plantearse como una medida temporal, sino que tiene que estar pensada para "la vida real"

FAFO: así es la dieta avalada por los nutricionistas para adelgazar un kilo a la semana

FAFO: así es la dieta avalada por los nutricionistas para adelgazar un kilo a la semana / Freepik

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Zaira Varas

Después de varias semanas de "excesos" aparece un pensamiento recurrente: "En septiembre me pongo a dieta". El objetivo parece sencillo: compensar todo aquello que se considera excesivo y recuperar rápidamente el peso anterior. Pero tres nutricionistas asturianos (Susana Sánchez, Ramón de Cangas y Beatriz Rodríguez) coinciden en cuestionar esa estrategia. "La vuelta a la normalidad tras el verano, que implique llevar a cabo dietas restrictivas, nunca es interesante", sostienen.

Su argumento parte de una idea básica: una dieta no debería plantearse como una medida temporal para corregir un periodo de excesos, sino como un patrón que pueda mantenerse en el tiempo. "La dieta debe estar pensada para la vida real", resume. Por eso considera que las restricciones severas son difíciles de mantener y no educan en hábitos. Además, advierte de que pueden ser deficitarias en determinados nutrientes y favorecer la pérdida de masa muscular.

Beatriz Rodríguez también considera que intentar compensar puede resultar "muy contraproducente" tanto para la "salud física como para la mental". Su explicación se basa en el conocido ciclo de restricción y exceso. "Nuestro cuerpo, que ha estado restringido y privado durante tiempo, ese día dice: déjame acaparar todo lo más que pueda de todo lo que hay aquí", explica. La consecuencia es un efecto que define como "bola de nieve", "yo-yo" o "todo o nada". Primero llega la restricción. Después, el exceso. Y finalmente la culpa. "Pensamos que no tenemos la capacidad de poder comer adecuadamente, que somos un desastre", señala.

Sánchez coincide en que la rigidez no es el camino. Si durante el verano se ha disfrutado de una comida familiar o de un helado, no tendría sentido convertirlo después en una semana de castigo alimentario. La vuelta a la rutina debería ser, sencillamente, una vuelta a los hábitos que funcionaban antes de las vacaciones. Ramón de Cangas plantea precisamente esa idea: volver a un patrón saludable, como el mediterráneo, y dejar que la pérdida de grasa corporal sea una consecuencia de recuperar esos hábitos, no el resultado de una dieta extrema.

Ni el calor adelgaza ni el agua fría hace milagros

Y si hay algo que acompaña al verano tanto como los helados y las terrazas son los mitos sobre cómo aprovechar el calor para perder peso.

Uno de los más extendidos es pensar que sudar equivale a adelgazar. Ramón de Cangas lo desmiente: "El calor no provoca una pérdida de grasa". Cuando el cuerpo pierde líquido por el calor, la báscula puede bajar temporalmente, pero se trata de agua que se recupera al rehidratarse.

Tampoco beber agua muy fría provoca una pérdida significativa de peso. "No hay cambios significativos en el peso corporal como consecuencia de la ingesta de agua fría", explica el nutricionista. Y no es necesario desterrar los platos calientes durante los meses de verano: aunque las preparaciones frías puedan resultar más apetecibles, "no supone un riesgo ni ningún problema" tomar un plato caliente si apetece

Más allá de estos mitos, Beatriz Rodríguez introduce un último matiz: un periodo puntual de alimentación menos completa no tiene necesariamente las mismas consecuencias que mantener durante meses o años una dieta deficitaria. En el caso de los estudiantes, la nutricionista considera que ese periodo puede convivir con otro tipo de bienestar: "Aunque no está comiendo mejor que el resto del año, se está nutriendo a nivel interno". No se trata de decir que una mala alimentación sea recomendable, sino de ponerla en perspectiva. "Si durante un mes y medio, dos meses, a lo mejor hay un déficit nutricional, no pasa nada. Otra cosa es que hiciéramos caso omiso de esa nutrición necesaria de forma constante a lo largo de toda nuestra vida", añade.

El mensaje encaja con el que atraviesa todo el verano: cuidar la alimentación sigue siendo importante, pero también lo es entender que unas semanas diferentes no borran de golpe los hábitos construidos durante el resto del año.

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