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El logro imposible de Noah Wetzel, fotógrafo cazador de eclipses premiado en el Memorial María Luisa: capturó a un hombre-pájaro a 240 km/h cuando la Luna tapó al Sol

El fotógrafo estadounidense, vinculado a Asturias por el galardón que logró, obtuvo en España una imagen que ha dado la vuelta al mundo y que "revela la unión entre el poder universal y la destreza atlética del vuelo humano"

La fotografía viral de Noah Wetzel

La fotografía viral de Noah Wetzel / Noah Wetzel

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Lucía Rodríguez Alonso

Oviedo

"Fue una búsqueda constante, en la fina línea entre lo fotográficamente imposible y una precisión técnica que abruma". Con estas palabras resume el estadounidense Noah Wetzel la gran aventura que ha dado la vuelta al mundo. Tras más de 400 horas de planificación, ensayos agotadores en los cortados desérticos de Utah (Estados Unidos), y el transporte de 300 kilos de material fotográfico en una compleja logística, la imagen con el eclipse del pasado 12 de octubre como telón de fondo ya es un fenómeno viral.

El escenario elegido para ejecutar este desafío inédito,con la colaboración de Red Bull, fue el escarpado cortado montañoso de La Muela, en la localidad de Alarilla (Guadalajara). En el preciso instante en que la Luna cubrió por completo al Sol, sumergiendo el paisaje en una penumbra durante apenas un minuto y veinte segundos, los deportistas Mike Brewer y el español Dani Román se lanzaron al vacío en picado con su traje de alas, rozando la cumbre a más de 240 kilómetros por hora.

El objetivo central del proyecto era capturar una fotografía jamás vista en la historia de la disciplina. "Congelar un instante único en el tiempo que revele la unión entre el poder universal y la destreza atlética, mostrando el vuelo humano durante la totalidad", destaca Wetzel. Todo un desafío para este fotógrafo premiado en su día por el certamen asturiano del Memorial María Luisa: lograr que la silueta de 1,83 metros del deportista quedara envuelta por el anillo de luz a casi una milla de distancia.

Noah Wetzel junto a su equipo fotográfico

Noah Wetzel junto a su equipo fotográfico / lne

Apostado a 1.400 metros de la cima, Wetzel operó con un teleobjetivo de 600 mm sobre un trípode de alta estabilidad. Para el fotógrafo, el mayor problema técnico radicaba en "cómo fijar la imagen del atleta en la oscuridad, sin romper la exposición del cielo astronómico". Explica que "a 74 metros por segundo, la velocidad de obturación de la cámara resulta inútil para congelar la acción, por lo que la responsabilidad recae en la brevedad del destello de luz".

Para ello, el fotógrafo desplegó una obra de ingeniería lumínica. Instaló cuatro potentes flashes inalámbricos, conectados mediante más de 60 metros de cableado oculto a receptores elevados, en soportes sobre la línea del horizonte, para asegurar la visión directa con el transmisor. Calibró los equipos, logrando un destello ultrarrápido de 1/2.500 de segundo. "Es la única forma de congelar el movimiento a 240 kilómetros por hora en un escenario de fotografía nocturna, reduciendo el desenfoque a un par de centímetros", indica Wetzel sobre una ecuación donde cada ajuste condicionaba al resto.

La tensión alcanzó niveles dramáticos durante los instantes previos a la totalidad. Para mantener el enfoque en la cima, sin poder usar el filtro solar protector, el fotógrafo tuvo que improvisar al límite. Retiró el filtro a escasos segundos del fenómeno, reorientó el objetivo hacia una ladera lateral para fijar la distancia focal, y reencuadró "a ciegas" justo cuando comenzaba la fase crítica.

"Mi visión estaba resentida tras haber mirado al sol una y otra vez para seguir su trayectoria, y en la oscuridad solo alcanzaba a ver la pequeña luz de bicicleta que los atletas llevaban en los talones, descendiendo unos 30 metros entre cada parpadeo", confiesa el fotógrafo. Entre el primer salto y el segundo, el desplazamiento del evento astronómico en el horizonte fue tan acelerado que obligó a reajustar el trípode a ciegas en cuestión de segundos: "Mike caía directo hacia mi objetivo como un misil teledirigido, fue algo tan intenso que casi me hace llorar".

Noah Wetzel es una figura reconocida en el panorama internacional de la fotografía de aventura. Su trayectoria quedó marcada tras ganar el concurso mundial dedicado a la fotografía de aventura y deportes de acción Red Bull Illume, en 2019, con una impresionante toma de ciclismo de montaña durante el eclipse de Wyoming (Estados Unidos) en 2017. Posteriormente, afianzó un estrecho vínculo con España, al conquistar el prestigioso Concurso Internacional de Fotografía Memorial María Luisa, con sede en Asturias, por la combinación de creatividad, planificación y precisión técnica.

BioPic MML

Noah Wetzel recogiendo su premio en Asturias, en el Memorial María Luisa / lne

Aquel galardón se lo otorgó su obra "Eclipse Outlaw Chase", una arriesgada producción conceptual que recreaba una persecución a caballo del lejano Oeste bajo la oscuridad del eclipse de Texas en 2024. Su paso por el certamen asturiano dejó en el creador un profundo afecto por nuestra región. "Asturias me parece un lugar increíble y tengo muchísimas ganas de conocer su paisaje y su cultura", señalaba Wetzel al recordar su reconocimiento en el certamen del Principado.

Con el hito de Alarilla, ya convertido en historia de la fotografía mundial, el estadounidense reafirma la fascinación que le produce perseguir las sombras de la Luna. "Ver un eclipse solar total es una de las experiencias más increíbles que puedes vivir. Es algo mágico que te recuerda la magnitud del Universo y te puede cambiar la vida", concluye el fotógrafo, convencido de que, una vez que se experimenta la totalidad, es imposible no buscar la siguiente alineación de los astros.

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